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Vertebral

Los “marranos” y su Buen Fin

Ángel Carrillo

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Hace apenas siete días, nuestro país sucumbía ante el desenfreno y esquizoide concepto comercialmente denominado “Buen Fin”, una fecha específica del año que el sector empresarial de nuestro país utilizó para incentivar la economía.

No sé exactamente si cuando empleamos la frase “la inventiva del mexicano” nos referimos a algo bueno o malo, pero creo que esta vez fuimos demasiado lejos.

Fue noticia nacional lo ocurrido en una tienda Soriana al norte de la capital de Chihuahua, donde un empleado escribió mal una oferta, al parecer un cartel consignaba que las pantallas de 58 pulgadas costaban 10.90, cuando su precio real era de 10 mil 990 pesos. Algún aguzado comprador se percató del error y de inmediato avisó a sus familiares para que juntos aprovecharan de la “ganga” y así fue, la empresa vendió decenas de televisiones en 10, 9 y hasta cinco pesos, valiéndose de la pálida intervención de las autoridades de la Procuraduría Federal del Consumidor.

Existen instituciones que fueron creadas para salvaguardar los intereses de los ciudadanos como usted y como yo, ciudadanos de “a pie” que podríamos ser “pisoteados” por el corporativismo, desafortunadamente “las caras” de estas instituciones (como la Profeco) no tienen la mínima preparación, ni criterio para enfrentar el embate de ciudadanos inconscientes, coléricos y salvajes que salen a asaltar (a mano armada) negocios durante su “Buen Fin” y no es que estemos defendiendo al Señor “Soriana”, el error fue de los empleados de la sucursal y creo que fue saldado con “sangre y lágrimas”, la penitencia estuvo manifiesta.

A través de redes sociales trascendió una carta, al parecer escrita por empleados de Soriana, en la que condenaron los hechos antes descritos, porque las críticas se centraron en la “injusticia” de la que fueron objeto algunos clientes y el error de la tienda, pero nadie reparó en el sentir de los empleados:

“Nos gustaría que la comunidad se entere de toda la frustración que pasamos ese día... Porque nadie se imagina lo que se tiene que trabajar semanas antes para lograr hacer un Buen Fin, las horas extras que hay que poner para lograrlo, que ahí dejamos a nuestras familias sin atender por tener la camiseta bien puesta y lograr el objetivo, por otro lado, ese día fue impactante, una sola persona fue quien causó todo ese revuelo, ella le habló a todos sus conocidos para que vinieran a tomar literalmente las cosas que por error estaban marcadas... A esa mujer no le importó el daño que nos causaba, la impotencia que sentíamos porque solo veíamos que todo nuestro esfuerzo se venía abajo, como la gente inconsciente no pensaba en nosotros, sólo tomaban artículos al por mayor como si se los regalaran... Comenzaron a robarse los pollos de la cocina, pan Bimbo, jamón, sodas, Sabritas... Ya entrada la noche, empezaron a agarras cobijas, a bajar colchones, a golpear a mis compañeros cuando intentaron impedirlo y no solo eso, en la madrugada se juntaron todos a hacerle “bola” al abogado de la empresa para exigir que se les regalan las pantallas...”

Este ejemplo debe ser analizado escrupulosamente por los empresarios porque la visión de los consumidores, a partir de lo ocurrido en Chihuahua, ya no es aprovechar las ofertas de El Buen Fin, sino de cazar las pifias de los comercios para obtener ventajas o beneficios fáciles.


angel.carrillo@multimedios.com

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