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Miércoles , 26.09.2018 / 08:43 Hoy

Vertebral

Importan más los que nos “chingan”

Ángel Carrillo

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Es de todos sabido que el crimen organizado impacta a las comunidades a través de la infiltración de la policía. El narco, antes de desarrollar sus actividades (tales como levantones, venta de enervantes, giros negros y ajustes de cuentas) primero corrompe a los cuerpos policiacos para después permear en la sociedad, si no me cree, voltee al sur, a Guerrero.

Hace apenas un par de días, la Procuraduría General de la República arrestó a Felipe Flores Velázquez, ex director de la Policía Municipal de Iguala. Ese personaje, al parecer habría dado la orden de aprehender a los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa aquella noche, y fue el responsable de entregarlos a integrantes del grupo delincuencial Guerreros Unidos, quienes serían los responsables de causarles la muerte... De ese tamaño están las cosas con los cuerpos policiacos en nuestro país.

En medio de esa vorágine de corrupción aparecen dos agentes de la policía municipal de Torreón: Javier Arturo Ceniceros Mireles y Mario Alberto Rentería Romo, quienes a principios de semana atendieron un llamado de emergencia... Una mujer había sido despojada de su bolsa por un par de delincuentes en los alrededores de una plaza comercial. Los policías llegaron al lugar casi de inmediato, persiguieron a los ladrones y los capturaron. Multimedios fue testigo del caso.

El equipo (reportero y camarógrafo) llegó en el momento justo en el que los ladrones fueron asegurados y llevados ante el Ministerio Público para iniciarles un procedimiento. Cuando presentamos la nota en el Telediario Matutino, llegó un mensaje a través de WhatsApp en el que me alertaban del “riesgo” que corría al hacer público los rostros y datos particulares de los ladrones: “Sabías que con la nueva ley de protección de datos personales y derechos humanos no puedes calificar a los jóvenes como ladrones, sino como presuntos inocentes... Además no puedes exhibirlos en la televisión porque tienen derecho al anonimato”.

Imagínese dónde quedó el susto que se llevó la señora que fue despojada de su bolsa, porque la amenazaron con un arma blanca... Imagínese dónde quedó el esfuerzo de los policías al capturar a los malhechores y sobre todo dónde queda el ejercicio de libertad de expresión de los medios de comunicación ¿Dónde queda ante la aparición de una ridícula, paradójica e irrisoria ley de amparo de los derechos humanos? Los demás no importamos, importan más los malos, los que nos “chingan”.

Mal y de malas, así nos tocaron las cosas... y para no afectar los derechos humanos de los “angelitos”, mejor ahí la dejamos. Lo que sí puedo hacer es reconocer públicamente la labor de Javier y Mario porque a pesar de que, atrapar ladrones está dentro de sus funciones, resulta inquietante, motivador y positivo que desarrollen este tipo de actos, insisto, en medio de una vorágine de desprestigio y corrupción de los cuerpos policiacos en México.


angel.carrillo@multimedios.com

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