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Vertebral

¿Charlatana?

Ángel Carrillo

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Hace algunos días tuve la oportunidad de conocer a Diana Quiroz, una joven estudiante de Ingeniería en Mecatrónica del Instituto Tecnológico de La Laguna, decidí entrevistarla debido a que está invitada a la Stockholm International Youth Science Seminar, durante la entrega de los Premios Nobel en Suecia.

Una vez transmitida la entrevista, la situación pudo salirse de control ya que la chica anunció una investigación que había desarrollado (junto con su familia) en torno a los beneficios del Grafeno que, según la propia Diana, se trata de una forma alotrópica de carbono, una celda bidimensional y hexagonal, “como si fuera una red” (único material nanométrico que se autorepara, dijo) que con algunos tratamientos científicos, ayudaría a regenerar el cuerpo humano y en alguna parte de la entrevista, estoy seguro, mencionó el combate a uno de los flagelos (en materia de salud) más contundentes de nuestros tiempos: El cáncer.

Para el fin de semana me escribieron y llamaron muchas personas de nuestra región, de otros lugares de México y Estados Unidos, todos querían contactar a Diana. Me limité a pasar el contacto que nosotros teníamos para que fuesen los mismos interesados los que la ubicaran.

Ayer (sábado) me entero de que “la comunidad científica” está indignada por la “sarta” de mentiras que Diana contó en el Telediario, al parecer no existe una hipótesis clara o concluyente sobre el uso medicinal del Grafeno, incluso hay teorías que señalan al Grafeno como tóxico (insisto son estudios NO concluyentes).

La verdad coincido con algunos de los puntos de vista vertidos por la “comunidad científica”, efectivamente soy ignorante (parcialmente) del tema, no conocía el Grafeno hasta que Diana lo mencionó, conocí de cerca la nanotecnología cuando nuestro querido Polo López de Industrias Peñoles nos invitó al laboratorio donde emplean esta técnica para manipular elementos, ahí pudimos ver a una mosca de cerca, muy de cerca. La verdad nunca he tenido la necesidad de probar los “suplementos” que elaboran Diana y su familia por esa razón me parece complicado poder recomendarlos, lo cierto es que Moonlight “tronó” a los pocos días, fue tanta la demanda, que tuvieron que escribir en un pequeño cartel: Producto agotado.

La historia de Diana Quiroz es inquietante desde la perspectiva social ¿Una joven lagunera asistirá a la cena en la que se entregan los Nobel en Suecia? Aquí, “la comunidad científica” no tiene nada qué hacer, ya que se trata de un logro que no cualquier chico de 22 años consigue. ¿Charlatana?

El concepto me parece altanero, ofensivo e injusto viniendo de eruditos en las ciencias, en todo caso, todos los que se jactan de poseer “el dogma” por qué no se contactan con Diana y con su hermana para orientarlas por el “camino verdadero” e impulsar el talento que muy probablemente posean, porque la mayoría de nuestros jóvenes está en todos lados, menos en un laboratorio.


angel.carrillo@multimedios.com

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