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Miércoles , 16.01.2019 / 15:47 Hoy

Columna de Ángel Aguirre Rivero

Calderón, el autoritario

Ángel Aguirre Rivero

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Lo conocí en la 55 Legislatura federal, de la que formamos parte. Me pareció un joven brillante, con grandes dotes de orador. Se trataba de Felipe Calderón Hinojosa.

Con el paso del tiempo me enteré que había sido candidato a gobernador de Michoacán, donde fracasó rotundamente. En 2011 volvimos a encontrarnos, él como Presidente y yo como gobernador.

Tengo muy presente cuando acudí a recibirlo al aeropuerto de Acapulco, pensando que nuestro paso como diputados se traduciría en mayores apoyos para nuestra entidad.

En una actitud seca me saludó, me pidió que nos trasladáramos en su camioneta junto con Manuel Añorve Baños, entonces alcalde del puerto y quien me había informado la decisión de Calderón de llevarse de Acapulco el Tianguis Turístico, que el ex presidente Miguel Alemán Valdés había concebido para promocionar nuestro destino turístico.

Le pedí que reflexionara su decisión. Montado en cólera me contestó: “Mira gobernador, ya no insistas en la permanencia del Tianguis, porque si no, te voy a quitar para el próximo año la Convención Nacional Bancaria”, que precisamente se celebraba en esos días.

Me tocó dar la bienvenida a los banqueros y salpiqué mi discurso con algunos pasajes que les traían gratos recuerdos de nuestro querido Acapulco.

“Señor Presidente, Acapulco está lleno de bellas historias; sé, por cierto, que usted y Margarita aquí pasaron su luna de miel, como muchos mexicanos. Acapulco necesita hoy del concurso de todos, por ello le pido que considere su decisión de llevarse nuestro Tianguis, pues aquí nació y no es fortuito que su nombre de origen sea Tianguis Turístico de Acapulco”.

Cuando concluí mi mensaje vino el reclamo:

—Gobernador, te dije que ya no me lo pidieras y menos públicamente. Te voy a contestar.

—Pues adelante, Presidente.

Con una actitud autoritaria y déspota, habló de lo mal que estaba Acapulco en materia de seguridad —como si él no tuviera ninguna responsabilidad en dicho tema—; después no volvimos a cruzar palabra.

Al trasladarnos a la cena que ofrecían los banqueros y que tenía como invitado especial al ex presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, pensé en ya no asistir, pues no podía concebir a un Presidente tan difícil.

Caminamos, me tomó del brazo y soltó: “Mira, gobernador, tú vienes entrando, te voy a ayudar para que a Acapulco le vaya bien, pero ya no me toques lo del Tianguis.”

Me quedé con esa esperanza que nunca se cumplió. Después, en una reunión de seguridad nacional me atreví a cuestionarle las acciones en esta materia, expresándole que no podíamos aspirar a una policía como la de Suiza, porque las condiciones de nuestro país eran muy diferentes, y puse como ejemplo las policías municipales y estatales, que recibían un salario de 5 mil pesos mensuales.

Nuevamente le ganó la prepotencia y la falta de conocimiento de nuestra realidad al expresar: “Claro que podemos tener una policía como la de Suiza, los mexicanos aspiramos a eso y más”. Hoy la historia nos da la razón.

El déficit de legitimidad llevó al incipiente mandatario a intentar consolidar su posición mediante la militarización, para impulsar una fallida guerra contra el crimen organizado. Esta decisión llevó a México a vivir horas aciagas sin que lograra resolver el problema. Los resultados hablan por sí solos: más de 121 mil muertos en su periodo.

Ya en su carácter de ex presidente, en diversas conferencias ponía como ejemplo mi falta de voluntad para depurar y certificar a sus corporaciones. Nada más alejado de la realidad.

Ese es el verdadero Felipe Calderón: fatuo, soberbio y autoritario.

Por eso, hoy que leo su salida del PAN lo veo como lo más normal, pues nunca logró mandar y decidir en esta organización política como era su deseo.

Calderón no conoce las reglas de la lealtad y la prudencia.

Me enoja también que haya lucrado políticamente con una agrupación de niños con cáncer, cuando poco hizo por este sector.

Hoy Calderón inicia un proyecto en donde a lo más que puede aspirar es a formar un partido similar a Nueva Alianza.

Pero Calderón vive en otro planeta al creer que dio un gran salto a nuestro país y que fue un gran Presidente, como también sigue creyendo ilusamente que era el único que pudo vencer a Andrés Manuel López Obrador.

Al final de su mandato, las cifras no le favorecieron y Calderón se retiró del poder por la puerta trasera, tal y como ingresó al recinto de San Lázaro en su catártica y atropellada asunción como Presidente.

Aunque su gobierno se vio beneficiado por los altos precios del petróleo, la bonanza no se vio reflejada en los bolsillos de los mexicanos: durante su fallida gestión, el número de personas con pobreza por ingresos pasó de 46 millones en 2006 a 61 millones en 2012.

Su gobierno generó un gran desencanto en los diferentes sectores sociales y condujo a su partido a sonoras derrotas en las elecciones intermedias, para cerrar el ciclo de una alternancia fallida al entregar la banda presidencial en 2012 a otro partido político.

Pronto veremos el rechazo de la población hacia esta nueva aventura a la que le auguramos corta vida, y donde nuevamente nos preguntamos: ¿y los recursos, de dónde están saliendo?

¡La política es así!.

* Ex gobernador de Guerrero



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