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Sábado , 20.10.2018 / 15:50 Hoy

La prueba del ácido

Vivir para pelear otro día

Andrés Amieva

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Un francotirador se mimetiza con lo que le rodea, no solo sabe disparar, también es un maestro del camuflaje.

En su vestimenta se mezclan ramas, follaje, césped, lo que sea para adaptarse al entorno y poder ejercer lo que mejor hace, tener paciencia para disparar en el momento adecuado, sin revelar su posición.

Como los francotiradores, los políticos siguen las reglas del camuflaje, se mimetizan, adoptan el entorno ganador dentro de sus partidos para hacer viable su proyecto personal dentro del juego de la política.

En algunos momentos van al encuentro, miden fuerzas con el oponente y si perciben que el triunfo no es viable en ese instante, se repliegan para no quemar sus naves en ese lance.

En su retirada, comienzan a adoptar las características del ambiente que los rodea, un camaleón no lo haría mejor. Se pliegan a la voluntad del ganador, se mimetizan y terminan aceptando las condiciones impuestas. La máxima en las retiradas es: "Quien lucha y huye, vive para pelear otro día".

No hay que ser tan drásticos, han de pensar los políticos, no hay por qué ser catastrofistas y terminar con sus carreras de golpe y porrazo. Muchos aplican la huida en un momento adecuado y renuncian a sus aspiraciones, momentáneamente, para acompañar al ganador.

En ese camuflaje, hay a quienes se les pasa la mano. Se mostraron como acérrimos enemigos y en el momento de su derrota en el interior de su partido son capaces de levantarle la mano a su adversario, a pesar de sus desencuentros.

Claro que esos momentos son posibles de ver gracias a las negociaciones, llámelas operación cicatriz o pactos de no agresión, o hasta reparto de posiciones en caso de obtener el triunfo.

Entonces, como los camaleones, se convierten en seguidores del ganador del proceso interno, los principales impulsores de la causa. Tiempo de tragarse el orgullo, mimetizar su tristeza y frustración.

Su proyecto se mantiene con vida, ya vendrán otras batallas para luchar, los adversarios serán diferentes, los apoyos cambiarán pero sus aspiraciones están vivas, quizás bajo la alfombra, pero podrán resurgir.

La vida para un político es dura, sobre todo en cuestión de egos, aunque para seguir en este juego parezca que la dignidad a veces no se sabe dónde ponerla.

Pero no importa si hay que hacer un sacrificio, porque cuando la ruleta lo indique, ellos podrían estar en otra posición y se sabrán cobrar todas las afrentas y los malos momentos. El asunto es vivir para pelear otro día.

andres.amieva@milenio.com

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