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La prueba del ácido

No los merecemos

Andrés Amieva

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México clamó por democracia durante mucho tiempo. Se lograron grandes avances, tomando en cuenta que veníamos de tiempos del estado autoritario priista, se logró la fundación del IFE en 1990, un organismo independiente del gobierno para regular las elecciones en nuestro País.

Se logró la alternancia en la Presidencia de México, dos presidentes panistas interrumpieron los 70 años del PRI en el poder, pero los ciudadanos volvieron a darle el poder al Tricolor.

El sistema de partidos que ahora domina la participación política de los mexicanos eleva los costos de la democracia.

Puede uno pensar que la democracia bien vale pagar un costo económico. Poder votar libremente por los candidatos que prefiera uno es un derecho que debemos tener.

¿A cualquier precio?

En la semana pasada, el Instituto Nacional Electoral, (que sustituyó en 2014 al IFE), dirigido por Lorenzo Córdova, solicitó un presupuesto para 2018 de 25 mil millones de pesos, 18 mil millones para gastos operativos y 6 mil 700 millones de pesos para repartir entre los partidos políticos y candidatos independientes.

Los 18 mil millones que pide el INE serán destinados para la organización de las elecciones de 2018. Unos mil 200 millones de pesos servirán para pagar la capacitación de la gente que intervendrá en las casillas durante el día de la elección.

El PRI recibirá mil 689 millones de pesos, por mil 281 millones del PAN, mientras que Morena recibirá 649 millones de pesos, el PRD, 773 millones y el PVEM, 537 millones de pesos.

Las campañas para la elección presidencial tendrán un costo de 450 millones de pesos y las de los senadores unos 22 millones de pesos.

Grandes cantidades las que se manejan para poder tener democracia en México.

Y después no puede uno dejar de pensar mal. Es tanto dinero el que se le da a los partidos políticos y tan poco lo que le dan de vuelta al pueblo de México.

Bien pensado, lo que sale caro no es la democracia, es la partidocracia en la que vivimos y permitimos.

Los partidos políticos son los que deciden las leyes, los que limitan el acceso de los candidatos independientes a la contienda (y al uso de los recursos), pareciera que solo ellos tuvieran derecho a esas grandes bolsas.

Existe una iniciativa de Pedro Kumamoto, diputado independiente, para quitarles 2 mil millones de pesos a los partidos y afirma que si quieren el dinero de los ciudadanos, que se lo ganen. Nada más correcto.

La política debería ser vista como la oportunidad de servir a la comunidad, pero esos valores son cada vez más raros de encontrar entre los que ven esta actividad como la manera de lograr un patrimonio y progresar económicamente.

No es justo, tantas carencias que se viven en México y poseemos una partidocracia opulenta. Cifras dramáticas en escandalosos casos de corrupción, hechos absurdos, pero desafortunadamente reales en nuestro país. A veces pienso que no nos merecemos a estos "grandes" políticos.

andres.amieva@milenio.com

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