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Viernes , 14.12.2018 / 02:51 Hoy

La prueba del ácido

El árbol genealógico tricolor

Andrés Amieva

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El PRI es como la materia, no se destruye, solo se transforma, como la Ley de Lavoisier, sólo que el químico francés hablaba de materia, no de política.

El Partidazo sufrió una derrota espectacular en la elección del 1 de julio. Todavía más cruel y cruda que la del 2000, cuando Vicente Fox y el PAN sacaron al PRI de Los Pinos y los tricolores se quedaron como gallina degollada.

Pero ahora los daños son mayúsculos. En el 2000, eran mayoría en la Cámara, por poco, pero le regatearon a Fox cualquier posibilidad de acuerdos, que sumado a la inexperiencia del Presidente de las botas, las reformas que necesitaba el país no pudieron ver la luz.

En esta ocasión es diferente y para muestra está la foto que se tomó Miguel Ángel Osorio Chong con los senadores del PRI que coordinará en la Cámara Alta. En la fotografía solo aparecen 13 senadores, siete de mayoría y seis de representación proporcional.

Serán la tercera fuerza en la Cámara de Senadores, porque 55 serán para Morena, 24 para el PAN y los 13 del PRI. En la Legislatura que está por terminar el PRI tenía 55 senadores.

Y en la Cámara de Diputados la cosa no es diferente. El PRI tenía 202 legisladores y ahora tendrá 44, coordinados por René Juárez Cisneros, a quien le tocó dirigir al Tricolor a la debacle electoral del 1 de julio.

El panorama luce sombrío, los priistas ya perdieron en sus bastiones, conservan algunas gubernaturas importantes, pero en esta ocasión perdieron todas las que estaban en juego. Desolador.

Pero siempre habrá nuevos amaneceres y en el ADN priista está el poder de transformarse cuando más lo necesitan.

Por eso, son diferentes los cuadros que a través de los años, cuando vieron que su futuro ya no daba más en las filas tricolores, ampliaron sus horizontes y emprendieron la marcha hacia otros partidos políticos.

Y encontramos que el PRD, en su momento, estaba lleno de ex priistas, que también llegada la hora, se desplazaron a nuevas formaciones como Morena, porque tenían un futuro prometedor.

Y a los que desde hace años emprendieron la aventura por la izquierda, ahora se les recompensa. Algunos fueron señalados como la encarnación de los mismísimos demonios priistas que fraguaron el fraude del 1988 y esta semana Andrés Manuel López Obrador presenta a Manuel Bartlett como el próximo director de la Comisión Federal de Electricidad. A todos les puede tocar la redención, solo es cosa de jugar bien sus cartas y todos sus pecados serán perdonados.

Hay que saber leer los tiempos, situaciones y circunstancias de la vida política, por eso el ADN tricolor está bien metido en Morena y en otros partidos, porque también hay otros que se transformaron en blanquiazules. Pero ahora toca saltar a Morena, ahí está el presupuesto.

Más sabe el dinosaurio por viejo que...

andres.amieva@milenio.com

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