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Bala de Terciopelo

El primer lunes de otro México

Ana María Olabuenaga

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Los lunes son así, nos hacen pensar que todo empieza. Por eso la gente decide dejar de fumar en lunes, salir de nuevo a correr en lunes y empezar un nuevo trabajo, también en lunes. Sin embargo, este es un lunes singular. Es el primer lunes del mes, el primer lunes del sexenio, el primer lunes de la Cuarta Transformación, el primer lunes de otro México. Y uno se levanta a tientas y corre despacio las cortinas, ¿qué habrá cambiado? Parece que todo sigue igual. Ese árbol está en el mismo lugar, también el puesto del café y el pan. ¿La gente? Igual, a trabajar. Y, sin embargo, ya casi nada es igual.

De entrada, el color del gobierno cambió. A partir de este lunes todas las marquesinas, fachadas, uniformes, chamarras, camisetas, gorras, cortinillas, hoja carta, oficio, sobre chico, mediano, grande y hasta tarjetas de presentación, cambiarán. Gasto exuberante sexenal que no hace ningún país de primer mundo en donde lo oficial es oficial y punto.

En México no es igual, este lunes desaparecerá el esfuerzo en el diseño gráfico plural de los anteriores gobiernos: huellas de manos multicolores, flor policromática, subrayado de bandera. El nuevo “logotipo” (que conste que con ese término de diseño y publicidad fue presentada la imagen institucional), es frontalmente partidista. El partido en el gobierno es mayoría y no existe intención por incluir a nadie más. No lo necesitan y no lo harán. Mención aparte merecen las figuritas históricas en sepia que, cuando reduzcan al tamaño de papelería, nadie entenderá. Quedará sí una sensación de que algo “histórico” podría pasar, pero también de que se hace de manera muy primaria o “escolar”.

También este lunes México tendrá una nueva división de poderes: los conservadores, el pueblo y yo. La narrativa es poderosa, simple y de muy fácil comprensión. Los malos, los buenos y yo. El término “conservador” está también muy bien elegido. No suena a insulto como los anteriores, pero sí a viejo y, para un gabinete con un promedio de edad tan alto decir que el otro es el viejo, lo reposiciona en un instante como el joven en esta nueva tríada de poderes nacional, que ya no constitucional.

Hoy se va el avión presidencial y es el primer lunes en que Los Pinos no despachará como residencia oficial. Ambos símbolos funcionan como poderosa narrativa aunque den un poco igual. El presidente tendrá que viajar en avión, no hay manera de llegar a ninguna cumbre en camión. Lo que se mandó a volar no fue un avión, sino el sistema anterior. Los Pinos, la casa que Lázaro Cárdenas usó como opción al Castillo, se cambia ahora por un Palacio. Lo que se copia es el gesto, lo que importa es el símbolo: abrir las puertas del gobierno al pueblo.

Esta es la narrativa de este lunes: se mandó a volar al antiguo sistema, se abrieron las puertas al pueblo y existen enemigos conservadores, todo empacado y con logotipo impreso. Viene la gran prueba, tomarse lo que viene dentro. El sábado quedó claro que a 53 por ciento de la gente le gusta a lo que sabe, pero las pruebas que se hicieron en los últimos meses dicen que a 47% no. Ese 47% no tiene elementos para cambiar de opinión. Habrá que ver si a pesar de que no le gusta, se lo puede tragar.

@aolabuenaga

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