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Lunes , 10.12.2018 / 03:27 Hoy

Columna de Amy Glover

Violencia contra la mujer: ¿por qué nos siguen matando?

Amy Glover

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El 25 de noviembre fue el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y en México sin duda nos invita a una reflexión. En julio la ONU hizo un llamado al gobierno mexicano para tipificar los feminicidios en todo el país ante la creciente ola de violencia contra las mujeres. En nuestro país seis mujeres son asesinadas cada 24 horas, y muchos de estos homicidios son crímenes de género (y de odio): sus agresores las mataron por ser mujeres.

¿Por qué algunos hombres odian a las mujeres? ¿Por qué quieren “ponernos en nuestro lugar”? ¿Y dónde será ese lugar? Los hombres son físicamente más fuertes que las mujeres, pero la raíz del odio en muchos casos es el miedo al poder femenino, por lo mismo la necesidad de minimizarla se manifiesta a través del desprecio, y sobre todo a raíz de una creciente inseguridad económica.

La filósofa Martha Nussbaum ofrece una distinción útil entre el sexismo y la misoginia.“El sexismo dice ´pobres mujeres, siempre tendrán un desempeño inferior’. La misoginia dice, ‘mantengamos a las malditas mujeres fuera’”. Fuera del club, fuera del negocio, fuera de la zona de confort de los hombres. El sexismo argumenta que las mujeres no pueden, mientras que la misoginia busca frenar su empoderamiento.

El sexismo tiene cada vez menos peso, dado que es evidente que las mujeres sí pueden competir a ventaja. Hoy día el mismo porcentaje de mujeres y hombres obtienen licenciaturas y maestrías en México, y vemos casos de éxito en todos los sectores de la sociedad.

Los misóginos opinan que las mujeres no deberían estar compitiendo, que incomodan y, para colmo, descuidan su papel doméstico. Las mujeres que descuidan los intereses de sus hombres y familias patriarcas son malas; las que no se portan bien merecen castigo.

La misoginia en el fondo es un tema de competencia. Los hombres han estado cómodos por mucho tiempo con su monopolio sobre el poder político y económico y quisieran evitar –conscientemente o no– la entrada de nuevos jugadores. No debería extrañarnos que ante una creciente competencia se desaten la descalificación y la violencia.

Recientemente estuve en Mérida, una ciudad bella y bien organizada, donde las mujeres han logrado avances importantes, pero donde la violencia de género sigue siendo preocupante. Un grupo recién formado que se llama la Agenda de las Mujeres para la Igualdad Sustantiva de Yucatán (AMISY) se ha dado a la tarea de unir esfuerzos entre las asociaciones que defienden los derechos de la mujer desde varios ángulos, y el recién elegido gobernador de Yucatán, Mauricio Vila Dosal, ha establecido un gabinete paritario, un gran avance que ojalá se replique en otros estados.

La aplicación de la ley es particularmente importante para las mujeres que dependen del Estado para hacer valer sus derechos y proteger a su integridad física, que es la mínima garantía que debería tener cualquier ciudadano de este país. Deberíamos establecer la protección de los derechos de la mujer como prioridad nacional y combatir la misoginia con herramientas del estado de derecho y la libre competencia económica. Ojalá algún día seamos capaces de celebrar el poder de la mujer.

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