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Jueves , 13.12.2018 / 05:05 Hoy

Columna de Amy Glover

Fantasmas de la guerra civil

Amy Glover

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Esta semana en México todos los reflectores estarán puestos sobre la renegociación del TLC, pero lo que pasó en Charlottesville, Virginia, durante el fin de semana presenta un contexto político importante que debemos entender. Los estadunidenses están divididos y la disyuntiva principal tiene que ver con versiones distintas de la historia del país, la cual incluye el legado y las implicaciones de la esclavitud.

Virginia es el estado natal de Thomas Jefferson, el autor principal de la Declaración de Independencia. Jefferson y los fundadores de Estados Unidos fueron revolucionarios en sus pensamientos, a la vez que estuvieron atados a las tradiciones de su época. Estos hombres promovieron un concepto novedoso que "todos los hombres son creados iguales". Es una frase sencilla y poderosa, concepto base de la nación que a lo largo de los años pavimentó el camino hacia una ampliación y consolidación de la democracia.

Tanto Jefferson como George Washington fueron intelectuales, granjeros, protestantes y esclavistas. Este último punto duele y confunde, pero es innegable.

¿Por qué tantas personas en EU se molestaron cuando Michelle Obama comentó en 2016 que todos los días ella se despertaba en una casa construida por esclavos? Porque es cierto. Existe un segmento de la población blanca —en general la población con menos educación y recursos económicos— que quiere creer que ellos merecen más simplemente por ser blancos y que el país les pertenece, cuando en realidad, Estados Unidos es un país de inmigrantes, no todos blancos ni protestantes. Además, es un país que aniquiló a la gran mayoría de las poblaciones indígenas para expandir su territorio y utilizó la sangre y el sudor de los africanos para construirse. No podemos ocultar estos pecados originales, ni deberíamos intentar hacerlo. Es nuestra historia y hay que enfrentarla para sanar las heridas que nos dividen.

Después de que Abraham Lincoln ganó la presidencia en 1860, los estados del sur anticiparon que él limitaría el alcance de la esclavitud, que era la base de la economía regional. Para los sureños, los esclavos eran su propiedad y no iban a dejar que ningún gobierno les quitara lo que legalmente les pertenecía. En abril de 1861, la Confederación sureña atacó al gobierno federal en el fuerte Sumpter de Carolina del Sur, el primer estado en anunciar su separación de la Unión. La prioridad número uno de Lincoln era mantener la Unión y enfrentó a los rebeldes pensando que el conflicto duraría escasos meses. Al final de cuentas, la Guerra Civil duró cinco años y terminó con la vida de casi un millón de personas. A pesar de que el Sur eventualmente se rindió, nunca aceptó que "su manera de vivir" había llegado a su fin. Poco después de la Reconstrucción se instauró un sistema de apartheid conocido como leyes de Jim Crow, que separaban los espacios públicos de blancos y negros, y limitaban los derechos políticos de estos últimos.

El sábado pasado, los planes para remover la estatua de Robert E. Lee, el general de la Confederación, fue el pretexto que la ultraderecha estadunidense utilizó para comenzar un motín en Charlottesville, Virginia, y para advertir que "retomarían el país". Afortunadamente, estos grupos radicales no lograrán su cometido. Los disturbios y muertes que ocasionaron no son más que las patadas de ahogado de una población resentida y violenta. Pero el resurgimiento del nacionalismo blanco ha sembrado miedo y la respuesta poco clara del presidente Trump agudiza las divisiones.

Los sucesos de Charlottesville nos confirman que los fantasmas de la Guerra Civil siguen rondando por el país, y esta semana Estados Unidos estará de luto al ver el sueño de una sociedad multicultural convertido en pesadilla.

*CEO de Speyside Mexico, estadunidense por nacimiento y mexicana por elección.

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