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Martes , 17.07.2018 / 03:23 Hoy

Hurgar con catalejos

Sucede vs industrias creativas (II)

Amado Aurelio Pérez

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La discusión de que sectores deben ser atendidos por las políticas públicas de cultura es añeja y con gran frecuencia, se han revestido de un halo de venerabilidad, que hacen, se olvide el contenido de toda política pública (es decir, el qué, quién, y cómo y para que de ellas), lo cual provoca conflictos, a los que las autoridades deben responder, en lugar de romper las reglas de armonía social.

La confrontación del creador con las audiencias es una tarea delicada que requiere una sensibilidad especial, y no una lucha de declaraciones que esconden los fines prácticos inmediatos, de políticos para quienes la cultura debe ser considerada en grande, como un simple medio para alcanzar ciertos fines. Ello no implica sustituir prioridades tradicionales que seguirán estando ampliamente vigentes, sino se trata de complementar y fortalecer los objetivos. La libertad cultural constituye una parte fundamental del desarrollo humano, se trata de medir con una metodología específica, indicadores sociales de la libertad cultural y del estímulo de las capacidades culturales.

Los embrollos doctrinales en los que se ha extraviado el festival Sucede al invadir los espacios públicos de la ciudad de Guadalajara; epicentro de las industrias de entretenimiento, es un asunto controversial. La “gran transformación” que implicaría para el sector la creación de la Secretaría de Cultura, en diciembre de 2015, obliga a hablar de derechos culturales e implica meterse a temas como: Temática de derechos culturales; Administración cultural; Estrategias de activación, interpretación y valoración de la cultura; Financiación y fiscalización de la cultura; Visión económica, sociológica y sicológica del comportamiento del consumidor de los símbolos que expresan la cultura; Comunicación cultural; Patrimonio cultural; Arte y derecho; Protección del derecho de autor y nuevas tecnologías; Propiedad intelectual; Derechos culturales e Industrias culturales, a todos los niveles de la administración: federal, estatal y municipal.

Los cambios son inevitables, se entiende. Pero, ¿por qué en lugar de construir ciudadanía, se destruye sin ton ni son lo que hay?

Ya afirmó Max Weber que los representantes parlamentarios se habían convertido en servidores de los jefes de sus partidos. En esta misma línea ¿no deberían los ciudadanos y el pueblo en general, que al fin y a la postre, es soberano, exigir ciertas responsabilidades y reclamar a sus representantes el cumplimiento de lo prometido en diferentes campañas electorales?

Miente quien crea que el arte vincula proyectos de impacto social con las promesas que hacen los políticos, la obsesión del poder hace de la voracidad, a falta de otras virtudes, el arma de destrucción.

No es la primera ocasión en que escribo sobre el tema de los dictados impuestos por los poderes hegemónicos. En una verdadera democracia, el más pobre tiene los mismos derechos que el más rico, aunque formen parte de las estadísticas que aparentemente están en contra.

@aaperezcas
nevladitos@hotmail.com

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