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Jueves , 20.09.2018 / 18:22 Hoy

Ojo por ojo

No me quiero morir de esto

Álvaro Cueva

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Creo que si se da el caso, yo voy a estar entre las primeras personas que mueran fulminadas próximamente por la contaminación en la Ciudad de México.

A mí sí me pegó muy duro lo de hace unos días. Deje usted que si las nauseas o el ardor en la garganta, hasta taquicardia me dio.

¿Sabe usted lo que sentí cuando escuché las primeras declaraciones de mi jefe de Gobierno?

¿Sabe usted qué cara puse cuando vi a nuestros políticos convocando a los medios y a las redes sociales para que los vieran tomándose selfies en el transporte público?

¿Sabe usted cómo me sentí al ver la avalancha de reacciones ante esta emergencia regional desde el Poder Ejecutivo hasta los gobernadores de los estados que integran la megalópolis?

A lo mejor yo soy un caso muy aislado de fragilidad, indignación y rabia, pero le juro que me dieron ganas de lo peor.

Me sentí tan insultado, tan humillado, tan agredido. ¡No se vale!

Probablemente usted no lo sepa, pero nuestra Constitución dice en su artículo cuarto que todos tenemos derecho a un medio ambiente sano.

Lo que millones de mexicanos y yo acabamos de padecer es poco menos que una violación a nuestros derechos, a nuestra Constitución.

No entiendo por qué nadie está haciendo el escándalo que un asunto así amerita.

No me queda claro por qué, ante la apatía disfrazada de politización de nuestras autoridades, no hemos ido a las instancias internacionales correspondientes para que nos defiendan.

Esto no es un juego de las redes, es un asunto de vida o muerte. De nuestra vida, de nuestra muerte, y de la vida y de la muerte de los seres que más amamos.

Sí, es muy divertido jugar al "yo lo sé todo" y opinar sobre el Reglamento de Tránsito, la corrupción, el Hoy no Circula, la reducción de carriles, las ciclovías, el Metro y el Estado de México.

Al final uno se siente muy bien, como si estuviera participando, como si estuviera contribuyendo a cambiar el futuro de la patria, del mundo.

Pero, por el amor de Dios, deje de drogarse con esos divertimentos, abra los ojos y entienda que las defensas de su cuerpo no dependen de un like o de una carita feliz.

Están en manos de un montón de entidades que lo único que están haciendo es lo mismo que nosotros:

Jugar a "yo lo sé todo", "esto ya estaba así cuando llegué", "la culpa no es mía" y "en tres años voy a estar muy lejos, así que ni me molesten porque no hay tiempo para nada".

Tengo miedo. Yo no me quiero morir de esto. Yo no me quiero morir asesinado.

Porque, perdón que utilice estas palabras, pero esto me parece un asesinato, un genocidio.

Si no se hace algo ya, en plena Semana Santa, alguien va a matar a muchísimas personas en la capital del país por no haber hecho lo correcto.

Y no, a mí no me interesa señalar a uno o a dos individuos. Me interesa que no pase. Me interesa seguir viviendo.

Esto no es como los sismos de 1985. Esto sí se puede evitar.

¿Por qué traigo a colación aquella dolorosísima tragedia? Porque ante el pésimo manejo que las autoridades, todas, hicieron de aquella desgracia, México entero reaccionó y vino un cambio.

Si estos señores que están en el poder hoy, todos, sin importar posiciones ni partidos, no hacen algo ya para que usted y yo vivamos en un medio ambiente sano, no solo se podría llegar a una tragedia igual o superior, o a otro cambio político.

Les podrá ir pésimo. ¿Eso es lo que quieren?

Por favor, ayúdennos a volver a respirar antes de que sea demasiado tarde. ¿O usted qué opina?


¡atrévase a opinar! alvarocueva@milenio.com

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