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Miércoles , 14.11.2018 / 06:04 Hoy

Ojo por ojo

México sin agua

Álvaro Cueva

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Me da mucho gusto que Ciudad de México se haya quedado sin agua durante tantos días y que los problemas continúen. ¿Por qué? Porque quiero ver si así aprendemos a apreciar este servicio, porque quiero ver si así comenzamos a cuidarlo.

Yo soy de Monterrey y, como muchas personas de muchos rincones de la República, crecí pagando una fortuna por el recibo de agua y recibiendo un servicio pésimo. A lo mejor usted es de otra parte del país o ya no se acuerda, pero hubo momentos en mi infancia donde lo normal era no tener agua las 24 horas o donde lo común era quedarse sin este servicio durante varios días.

Cuando llegué a vivir a CdMx, uno de mis primeros choques culturales fue que no se pagaba el agua, que en los edificios, los departamentos ni siquiera tenían medidores individuales. Se me hacía la cosa más injusta del mundo y, peor tantito, que la gente jugara con ella.

Perdón pero a mí siempre me dolió ver a los niños aventándose cubetas de agua como parte de diferentes festejos anuales, a las personas aventando agua para “limpiar” las banquetas y un montón de aberraciones por el estilo.

Por supuesto, cuando el gobierno quiso cobrar el agua e impuso el tema de los medidores, miles de capitalinos protestaron. ¿Por qué iban a pagar por algo que jamás les había costado?

¿Sí entiende lo horrible que es esto? ¿Sí se da cuenta de cómo esto tiene que ser una reflexión sobre muchas bendiciones que recibimos en la capital del país y que no atesoramos?

¿Sí está entendiendo que esto de los “regalos” de la autoridad tarde o temprano termina por explotar?

El caso es que, en los últimos días, nos cortaron el agua y, como era lógico, la opinión pública se escandalizó:

“¡Cómo es posible que nos hagan esto!”, “¡Es una cortina de humo! ¡Algo nos están escondiendo! ¡Algo malo nos van a hacer!”.

“¡En ninguna parte del mundo pasan estas cosas!”, “¡Pinche gobierno corrupto! ¡Por eso estamos como estamos!”. “¡Así no se hacen las cosas”, “¡Son demasiados días!”, “¡Esto no puede ser!”, “¡Ni parece que seamos una ciudad tan grande!”.

¿Le sigo? No, mejor no. Mejor detengámonos a pensar en la muy delicada piel de los chilangos para escuchar a la autoridad y para pensar en el bien común.

Me siento muy orgulloso de que las personas encargadas de todo lo que tiene que ver con el agua en el Valle de México hayan tenido la decencia de avisarnos con anticipación y claridad de lo que iba a suceder.

E, igual, me siento decepcionado de muchas instancias y de muchos grupos sociales que en lugar de enchufar sus neuronas y atender, se entregaron al sensacionalismo, a la irresponsabilidad y al pánico colectivo.

Así no vamos a llegar a ninguna parte. ¿Qué hubieran preferido? ¿Que no nos dijeran nada y nos hubieran quitado el agua de un día para otro?

¿Que jamás le hubieran dado mantenimiento al complicado sistema que nos surte de este servicio hasta acabar con él y meternos en una bronca de verdad?

No, señor. No, señora. Aprendamos, apreciemos lo que tenemos y cuidémoslo.

No todos los mexicanos pueden presumir de un servicio de agua como el que tenemos en Ciudad de México.

¿Qué medidas va a tomar usted a partir de este corte en el abasto, ahora que sabe que el agua no es un regalo barato y eterno? ¿Ninguna?

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