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Miércoles , 26.09.2018 / 01:04 Hoy

Ojo por ojo

La insatisfacción de Peña Nieto

Álvaro Cueva

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Todavía no puedo creer el discurso que Enrique Peña Nieto se aventó durante la inauguración de la 72 asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa.

Muy malo, inadecuado. ¿Lo leyó antes? ¿Le dijeron de lo que se iba a tratar? ¿Sabía que su público iba a estar formado por periodistas?

Porque, como usted sabe, los presidentes leen discursos, no los redactan. A él le dieron ese texto. Peña Nieto se concretó a repetirlo.

Y es que le juro que no entiendo. ¿A quién, en su posición, se le ocurre poner sobre la mesa el tema del desencanto que millones de personas sienten hacia la democracia?

Él es producto de la democracia, ¿no? Él forma parte de ese esquema de insatisfacción, ¿no? ¡Entonces!

No hay manera de escuchar eso y de no concluir que o el señor está ciego o está enfermo de soberbia o está amenazando a los medios o
está sembrando rumbo a 2018.

¿Por qué ciego? Porque es no verse como parte del problema.

¿Por qué enfermo de soberbia? Porque la culpa de las broncas de este país está en todos lados menos en él.

¿Por qué amenazando? Porque si la democracia no funciona, vayamos viendo otras “opciones”.

¿Por qué sembrando rumbo a 2018? Porque si la opinión pública no está satisfecha, por ahí aparecerá algo que sí la pondrá de buenas, algo que, por supuesto, nos llegará a través de él.

¿Se da usted cuenta de todo lo que puede suceder cuando se lee un mal discurso?

Lo que menos necesita la frágil democracia mexicana es que quienes se han beneficiado de ella nos digan ahora que no funciona y, además, que le echen la culpa a las redes sociales del clima de malestar colectivo en el que vivimos.

Ahora resulta que las redes son malas nada más porque sí, que manifiestan todo lo que manifiestan por ociosidad, por no tener nada mejor que hacer.

¡No se vale! Es hablar mal por hablar mal, echarse encima a una multitud que merece respeto y que, por supuesto, no se va a quedar callada.

No, pero espérese, todavía no me detengo ni en la mitad de las barbaridades que se señalaron en ese acto.

Estamos hablando de la Sociedad Interamericana de Prensa, de periodistas asesinados en México. No era la inauguración de una fábrica.

Era estar con gente amenazada, perseguida, con familias destruidas.

¿Y cuál era el texto? Que México cuenta con la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos Contra la Libertad de Expresión.

Volvemos a lo mismo: a lo mejor usted va y dice esto en otro contexto y funciona. Ante periodistas que llevan años trabajando con cualquier cantidad de fiscalías especiales, no.

¿No hubiera sido más fácil profundizar en esos personajes a lo que don Enrique se refiere cuando habla de demagogia, soluciones mágicas y promesas irrealizables?

¿No hubiera sido mejor plantear otro tipo de discurso ante ese público tan inteligente, tan crítico y tan herido.

Hay cosas que no se dicen, que no se hacen, por la más elemental sensibilidad.

Enrique Peña Nieto se puso de pechito ante la prensa, las redes sociales y sus enemigos para que le digan hasta lo que no, comenzando por lo de la insatisfacción y lo de la democracia.

Esto se va a poner muy feo. ¿Y todo por qué? Por haber elegido el peor de los discursos. ¿O usted qué opina?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com

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