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Martes , 19.06.2018 / 11:31 Hoy

Ojo por ojo

La hecatombe de Televisa

Álvaro Cueva

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Lero, lero. Cancelaron muchos programas en Las Estrellas. Sacaron a Joaquín López-Dóriga, a Adela Micha, a Víctor Trujillo y a los de Alebrijes.

¡Ja, ja, ja! Se lo merecían. ¡Qué bueno! ¡Maldita televisión! Eso les pasa porque no tienen credibilidad. ¡Ja, ja, ja!

¿Así o más estúpido? Todo esto que le acabo de decir es parte de lo que muchas personas me han señalado en diferentes plataformas.

¡Y luego se sorprenden de la epidemia de odio que estamos padeciendo!

Lo que se anunció el jueves en Las Estrellas no es una venganza del destino, es parte de un fenómeno global de compactación de todos los medios de comunicación.

A ver, ¿por qué esos doctos intelectuales que están gozando con esta noticia no dicen nada de que el viernes salieron del aire dos programas fundamentales del nuevo Azteca 7?

¿Por qué acusan a la televisión de no tener credibilidad cuando son los primeros en tragarse montones y montones de mentiras en las redes sociales?

¿Ahora resulta que la televisión es una mierda y las redes una bendición de Dios? ¡Por favor!

Hay de todo en todas partes y cada quien se droga con lo que quiere o con lo que puede. Y en lugar de estar celebrando la caída de la barra periodística de Las Estrellas, todos deberíamos de estar reflexionando.

Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar.

Ni Joaquín, ni Adela, ni Víctor ni los alebrijes me preocupan.

Todos ellos son personas pudientes, emprendedoras y con vocación que inmediatamente se colocarán en otros lugares y con otras propuestas.

Me preocupan los otros periodistas, los otros programas, las otras empresas.

Esto viene muy complicado y yo no veo que en muchos lugares se estén tomando las medidas necesarias para afrontarlo.

¿Y qué es esto? ¿De qué le estoy hablando? Del replanteamiento de la industria de la comunicación y del entretenimiento.

Antes, por diferentes circunstancias históricas, económicas y tecnológicas, para hacer un programa de televisión se necesitaban decenas de personas y los conductores cobraban verdaderas fortunas.

¡Cuántas leyendas no ha escuchado usted de automóviles de lujo, residencias en zonas exclusivas y viajes alrededor del mundo!

Y, por increíble que parezca, todo eso era sostenible. El dinero jamás dejaba de fluir. Era un negociazo.

Hoy, por otras razones, una o dos personas pueden hacer el mejor de los programas de televisión solo que cobrando lo mismo que cobra un dentista, un contador público o un maestro universitario.

Aunque usted no lo crea, se batalla. El dinero fluye a cuentagotas, cuando fluye. Hay que trabajar mucho, en todas las plataformas habidas y por haber.

Pero espérese porque no le he dicho lo peor: esto que le estoy contando aplica para la televisión abierta, pero también para la de paga, YouTube, Netflix, HBO, Blim, FOX, Disney y BBC. ¡Es general!

No celebre lo que no conoce ni se deje llevar por los rencores de otros o, incluso, por sus odios personales.

Esto a lo mejor se está notando mucho hoy en México porque es Televisa, pero al rato le va a tocar a usted en su contexto, aunque no tenga nada que ver con el mundo de la comunicación.

¿Ya está preparado para lo que viene? ¿De veras lo está?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com

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