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Lunes , 24.09.2018 / 21:07 Hoy

Ojo por ojo

El 'Ubergate'

Álvaro Cueva

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Sí, soy muy desconfiado y en cada nota que leo veo un complot. ¡Pero qué le vamos a hacer! La burra no era arisca, la hicieron a palos.

Yo, por ejemplo, no me trago esa historia de: "maldito Uber, eres lo peor del universo".

Siento que atrás de esta nota hay muchas cosas extrañas e importantes.

¿Qué fue lo que pasó? La capital del país entró en la peor crisis ambiental de toda su historia.

¿Sabe usted lo que es esto? Un escándalo mundial, un asunto que en cualquier país civilizado estaría generando la caída de ene cantidad de políticos, una noticia que tendría alterada a toda la población.

Y no por el tema de la movilidad, ¡por la salud!

En este momento, en una semana o en un mes, no se va a ver nada.

Pero platicamos en algunos años cuando, probablemente, miles de mexicanos estén padeciendo en sus cuerpos los efectos del conflicto ambiental de hoy, de 2016, y no haya culpables y no existan las condiciones ni para atenderlos ni para curarlos.

El punto es que los habitantes de la megalópolis, en su infinito egoísmo, solo piensan en su transportación, sea cual sea su posición socioeconómica.

Y justo el día en que la gente explotó porque las autoridades impusieron un doble Hoy No Circula, Uber, esa peculiar compañía como de taxis, que no son taxis y que no se anuncia en televisión, activó un protocolo a través del cual aumentó sus tarifas.

Sobre aviso no hay engaño. Uber, a su modo, avisó. Sus usuarios pensaron que iba a ser un aumento como el de cualquier otro servicio en temporada alta y siguieron usándolo.

¡Pero cuál! Era un aumento como de diez veces lo que normalmente cuesta un viaje en esa empresa.

Aquí comienza la bronca: varios ubernautas, en lugar de hacer lo que se tiene que hacer en estos casos, se quejaron a través de las redes sociales.

Y los medios tradicionales, ansiosos por vender, tomaron esta noticia y la convirtieron en prioridad nacional.

¿Qué es lo que se tiene que hacer en esos casos? Acudir a la autoridad, a la Profeco, no a Twitter.

Volvemos a lo mismo: las redes sociales no son la ley.

Y como es más fácil y más divertido llamar la atención debatiendo sobre Uber que sobre la crisis ambiental en el Valle de México, que no es muy diferente a la que se vive en otros rincones del país, allá vamos a perder nuestro tiempo.

¿Qué tan importante es Uber en la realidad nacional? ¿Qué tanto afecta la vida de los millones de hombres y mujeres que habitan en la Ciudad de México?

¿Por qué la nota es Uber y no el ozono? ¿Por qué todos opinan sobre esto y no sobre las partículas suspendidas que están entrando en nuestros pulmones?

Lo más curioso es que el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, en lugar de haber intervenido en otras cosas, aquí sí intervino.

¿Qué se arregló con todo este Ubergate? ¿De qué manera mejoró la calidad del aire? ¿De qué forma mejoró la movilidad?

¿Entonces no era importante? No, pero se volvió importante por algo que quienes transformaron esto en el escándalo de escándalos no alcanzaron a ver: la decepción.

Uber era, para la transportación, lo que los partidos de oposición para los malos gobiernos: una opción, una esperanza.

En el momento en que los medios y la redes mataron a Uber, acabaron con esa sensación de opción. Aniquilaron, aquí también, nuestra esperanza.

Resultado: ya no vamos a poder creer en nada. Si antes era con los políticos, ahora también es con esto. ¡Bienvenido a la depresión! ¡Bienvenido a la negación del cambio!


¡atrévase a opinar! alvarocueva@milenio.com

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