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Miércoles , 17.10.2018 / 18:53 Hoy

Ojo por ojo

El placer de matar

Álvaro Cueva

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Yo, como millones de personas en todo el mundo y seguramente como usted, vi el domingo pasado el inicio de la séptima temporada de The Walking Dead.

¿Y? ¿Qué tiene esto de importante? ¿Qué tiene que ver con Peña Nieto, con la propuesta del México armado, con nuestra realidad política y social?

Más de lo que se imagina porque ya no estamos hablando de una serie de terror. Estamos hablando de la confirmación de una tendencia espantosa, del placer de matar.

¿Cómo es posible que tantas personas hayamos gozado con esas escenas?

Porque, no finjamos, gozamos viendo cómo asesinaban a aquellos personajes a batazos y cómo les machacaban el cráneo hasta convertirlos en puré.

Fuimos felices mirando aquel ojo saliendo de su órbita, aquellos cuerpos sin cabeza convulsionándose en un charco de sangre, aquel brazo a punto de ser amputado.

¿Qué tiene esto de divertido? ¿Por qué no nos escandaliza? ¿Por qué lo celebramos?

Y digo que forma parte de una tendencia porque también lo tenemos en otros títulos como Game of Thrones.

No me asusta la muerte en la televisión, en el cine o en los videojuegos.

Me asusta que cada vez se siente más una competencia por ver quién se apega más a la realidad, por ver quién mata más y peor.

Y me asusta no por mojigato. Me asusta porque estas imágenes afectan nuestra capacidad de asombro, porque convierten a la violencia en algo cotidiano, porque nos educan para considerar al asesinato como una opción, como un juego.

Si a esto le sumamos la epidemia de odio que tenemos en el ambiente, al final vamos a tener generaciones de hombres y mujeres, cada vez más jóvenes, matándose en las calles a la menor provocación.

Fíjese hasta dónde hemos llegado: veníamos de un espectáculo que veneraba a los villanos.

Desde Breaking Bad hasta El señor de los cielos pasando por La reina del sur, Dexter, Señora Acero, House of Cards, Hannibal y montones de producciones similares.

Veníamos de ahí y muchos nos escandalizábamos porque se nos hacía delicado convertir en héroes a los delincuentes.

Esta nueva tendencia está peor porque ya no parte de una diferenciación entre lo bueno y lo malo, parte de un mundo sin valores donde todos podemos y debemos matar.

Los adultos que hoy forman parte de debates tan acalorados como la validez de que señores como Donald Trump pudieran llegar a la presidencia de los Estados Unidos fueron los jóvenes que crecieron idolatrando a los mafiosos de The Sopranos y a los criminales de Sons of Anarchy.

¿Qué va a pasar cuando los adolescentes que hoy disfrutan de los asesinatos en conceptos como The Walking Dead y Game of Thrones elijan a sus gobernantes, cuando decidan el futuro de la humanidad?

Y no nos vayamos tan lejos. ¿Qué va a pasar cuando los chicos que han crecido divirtiéndose con obras como La reina del sur y El señor de los cielos alcancen la mayoría de edad aquí, en México?

¿Qué va a pasar cuando combinen esta peculiar manera de entender la vida con lo nuevo, con el placer de matar?

¿Ahora entiende? Esto sí es importante y sí tiene que ver con Peña Nieto, con la propuesta del México armado y con nuestra realidad política y social. ¿O usted qué opina?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com

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