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Martes , 17.07.2018 / 02:46 Hoy

Ojo por ojo

Donald Trump y nuestro 2018

Álvaro Cueva

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Me encantó la toma de posesión de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Fue el espectáculo perfecto.

Lo que ese señor dijo era lo que se tenía que decir. ¡Hasta lo de Dios!

Sí, yo sé que desde el punto de vista de la razón muchas de las frases que pronunció sonaban peligrosas, enfermas.

Pero hace muchos años que la política dejó de ser un asunto de la razón.

Y millones de personas prefieren esas afirmaciones tan delicadas a los discursos de la mayoría de los gobernantes que tenemos no solo en México, sino en todo el planeta.

Hasta la polémica fue maravillosa: que si no fue nadie, que si las protestas pacíficas se tornaron en manifestaciones violentas.

¡Bravo! Yo no sé quién produjo ese show, pero se merece un aplauso porque se salió con la suya.

Hoy el mundo entero está temblando, el mundo entero está volviendo a sentir un respeto, un miedo, que hace décadas no sentía hacia el gobierno de Estados Unidos.

A mí lo que me preocupa es ese juego de: “Donald Trump es malo”, “Va a acabar con nosotros”, “¡Pobrecitos los mexicanos!”

¿Por qué? Porque Donald Trump no es nuestro presidente, porque machacar tanto esas ideas le dice al pueblo: nuestro futuro no lo escribimos nosotros, lo escribe Estados Unidos.

Es una manifestación de debilidad, de dependencia, lavarle las manos a nuestras autoridades para echarle a otros la culpa de todo lo que nos pasa.

¿Por qué si México depende tanto de Washington a nadie se le ocurrió tocar ese tema, así, hasta que Donald Trump llegó al poder?

Me queda claro que el señor Trump es un personaje muy especial, pero también nosotros lo estamos convirtiendo en el malo de la película.

México y el mundo odian a Donald Trump porque muchos medios y muchos especialistas se han encargado de que así sea.

¿Pero qué pasaría si en lugar de analizarlo como reporteros de 1951 lo hiciéramos como comunicadores de 2017?

¿Qué sucedería si en lugar de esperar que dijera: “Amo a México y me encargaré de él”, aceptáramos que su chamba es decir: “primero Estados Unidos”?

Le voy a decir lo que me asusta de lo que vi el viernes pasado y que no sentí que se mencionara con rigor en ninguna de las mesas de análisis que se organizaron como para sembrar el pánico en el pueblo mexicano: 2018.

Lo que sucedió en la nación más poderosa del mundo nos acaba de autorizar que gane quien gane aquí las próximas elecciones se vale jugar a “él no es mi presidente”, a desobedecer y a violentar.

Ahora sí la guerra sucia está permitida, que se hable mal, que se filtren imágenes desagradables, que cada quien diga la barbaridad que se le ocurra, que se invite a la desobediencia civil.

Por favor, que nadie se rasgue las vestiduras la próxima vez que un presidente esté tomando posesión mientras decenas de manifestantes destrozan la Alameda Central de la Ciudad de México.

Prohibido culpar a otros partidos políticos. Prohibido acusar a enemigos de algún otro tipo.

Gracias a lo que sucedió y se dijo el viernes, esto ya se vale y hasta es predecible. Va a suceder.

Y eso sí se me hace un problema, porque nuestra cultura sigue siendo diferente y porque eso le va a dificultar muchísimo la posibilidad de gobernar a quien quede. ¿O usted qué opina?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com

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