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Jueves , 13.12.2018 / 08:13 Hoy

Ojo por ojo

Del "brexit" al "mexit"

Álvaro Cueva

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Qué cínicos nos hemos vuelto. Hace algunos días, Gran Bretaña decidió separarse de la Unión Europea.

¿Y qué fue lo que hicimos millones de personas en México y prácticamente en todo el mundo?

Despotricar hasta acabarnos la garganta. Que si qué error tan más grande, que si era lo peor que le pudo haber pasado Reino Unido, que si los adultos mayores estaban castigando a los menores.

No, y espérese, se pone peor. También hicimos afirmaciones tan terribles como: “¡Maldita democracia!” “Ya ven, votar no sirve para nada”. “Las mayorías también se equivocan”.

Bueno, ya, en la cúspide de la arrogancia, todavía no se terminaba de dar la noticia y nuestras autoridades ya estaban haciendo declaraciones del monstruoso efecto que esto iba a tener sobre la economía nacional.

Respire hondo y dígame: ¿a usted no se le hace medianamente extraño este fenómeno local y global de “opinemos todos” y “pongámonos en contra”?

¿Quiénes somos nosotros, mexicanos comunes y corrientes, para opinar sobre las decisiones de uno de los países más poderosos del mundo?

¿Qué sabemos de política internacional y finanzas? ¿Hasta que punto dominamos lo que representa, para bien y para mal, un bloque que se formó en otro momento histórico como la Comunidad Económica Europea?

¿Cómo tomaría usted que un inglés, un italiano o un griego opinara sobre lo que está pasando en México?

¿Por qué opinamos de lo que no sabemos? ¿Por qué lo proyectamos hacia otras áreas?

¿Qué tiene que ver lo que sucedió en ciudades como Londres con el pasado, el presente y el futuro de la democracia en América Latina?

¿Por qué necesariamente lo que sucedió ahí es malo y por qué tiene que repercutir de manera negativa en nuestros bolsillos?

Me queda claro que el planeta entero está en shock y que, por lo mismo, pueden ocurrir muchas cosas con las monedas y las bolsas de valores.

¿Pero, y si los británicos tenían razón? ¿Y si al cabo de algunos años se convierten en un lugar mucho más justo y próspero?

¿Y si la Unión Europea se hunde? ¿Y si los adultos mayores le heredaron un futuro mucho más rico a los jóvenes de hoy?

El mundo está cambiando y los conceptos, también. Muchas personas que transitamos de la guerra fría a la globalización fuimos educadas bajo el precepto de que teníamos que construir bloques económicos para apoyarnos, para defendernos, para crecer.

Pues mucho bloque económico, mucho bloque económico, pero a varias décadas de distancia no todo ha sido miel sobre hojuelas.

¿Usted no cree que valdría la pena analizar esta situación?

¿Usted no piensa que sería mejor, en el caso concreto de México, que en lugar de colgarnos de ahí para pronosticar un futuro atroz, buscáramos la manera de hacer más y mejores negocios con lo que ahora llamamos, despectivamente, “la isla”?

En lugar de estar cacareando de un lugar a otro como gallinas espantadas, deberías enfriar la cabeza, estudiar sin prejuicios lo que sucedió ahí y aprender.

Porque hoy fue esa ruptura, ¿pero qué pasaría con nosotros si mañana se rompieran otras alianzas como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte?

¿Seríamos capaces de sobrevivir solos? ¿Por qué no?

No hay peor ciego que el que no quiere ver y estamos haciendo una transición de lo grupal a lo individual no nada más en nuestros hábitos y consumos, también en política, también en finanzas.

Y si no nos preparamos para eso, ahí sí nos llevará la tristeza. ¿O usted qué opina?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com

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