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Lunes , 20.08.2018 / 16:09 Hoy

Ojo por ojo

Cuando los animales se convierten en la noticia

Álvaro Cueva

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La vida me ha enseñado que cada vez que un animal se convierte en la noticia de ocho columnas en este país, es porque algo muy grave está pasando.

Acuérdese de Tohuí y de todos los horrores que se callaron en 1981 mientras la gente le cantaba a ése, el osito panda de Chapultepec.

¿Y qué me dice de Keiko? México estaba verdaderamente mal en los años 90. ¿Y cuál era la nota? La orca de Reino Aventura.

A ella no le hicieron canción, le hicieron… ¡telenovela!

¿Qué será lo que está pasando hoy como para que la opinión pública esté en shock por la muerte de Bantú?

¿Qué será como para que del gorila hayamos pasado al fallecimiento de un bisonte y de ahí a la conclusión de que el zoológico de Chapultepec es poco menos que una sucursal del infierno a la que hay que desmantelar inmediatamente?

¿Usted sabía de la existencia de Bantú antes de que muriera? ¿Lo iba a visitar? ¿Cooperaba para su manutención?

¿Qué hacían los mexicanos por ese gorila antes de que saliera en las noticias?

¿Y el bisonte? ¿Usted lo iba a ver? ¿Se sabía su nombre? ¿Estaba escandalizado por las supuestas pésimas condiciones de seguridad en las que vivía?

¿Y qué era lo que estaba haciendo para que se corrigieran? ¿Dónde están sus manifestaciones de protesta?

Está bien que ahora, con las redes sociales, todos estemos jugando a ser los activistas del siglo XXI y que de una causa brinquemos a otra por algo que oscila entre la genuina creencia de que con un like se está cambiando al mundo hasta por la más descarada pose, pero todo tiene un límite.

Hasta hace unas cuantas semanas, el zoológico de Chapultepec era uno de los paseos más hermosos y representativos de la Ciudad de México.

Ir ahí era gozar de una experiencia espectacular para chicos y grandes, una oportunidad espléndida para convivir con los animales, la envidia de muchas ciudades e incluso de muchos países.

Ahora, por estos dos casos, resulta que no y, peor tantito, que ahí siempre pasaban cosas raras, que los animales eran infelices, que se estaban violando sus derechos.

¿Alguien se ha tomado la molestia de cerrar la boca hasta investigar a fondo qué es lo que está pasando?

¿Alguien ha consultado a verdaderos expertos en lo que es y deben ser los zoológicos a escala mundial?

¿Qué queremos? ¿Que cierren ese espacio? ¿Para qué? ¿Qué ganaríamos? ¿Ganaríamos más de lo que perderíamos?

Es muy fácil caer en la provocación que una historia como la de Bantú puede llegar a provocar pero, por favor, enfríe la cabeza, analice el contexto y pregúntese por qué.

¿Por qué México tendría que tener, como máxima prioridad editorial, la resolución de estos casos?

¿El manejo de esta noticia hubiera sido diferente en alguna otra ciudad del país, en algún otro lugar del mundo? ¿Por qué?

¿A poco no están pasando otras cosas periodísticamente más importantes en nuestra nación?

¿A poco no nos tendríamos que estar preocupando por otras situaciones a escala micro y a escala macro?

No, y ni hablemos de lo que está sucediendo a escala internacional porque, entonces sí, descubriremos que vivimos en una realidad aparte.

Tengo miedo. La vida me ha enseñado que cada vez que un animal se convierte en la noticia de ocho columnas en este país, es porque algo muy grave está pasando.

Ahora no es uno, son dos. Y el tono no es festivo, es rudo, de destrucción. Y la gente, clavadísima llorando al gorila, odiando por el bisonte.

¿Qué será lo que está pasando? ¿Qué será lo que va a pasar?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com

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