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Ojo por ojo

AMLO y el desconcierto

Álvaro Cueva

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Desconcierto, percibo un gran desconcierto en los medios y en las redes sociales.

Desconcierto tanto en información como en el nivel del consumo de contenidos.

Sí, es algo que tiene que ver con las elecciones, pero también con el giro que han tomado las noticias a escala global y con la depuración de miles de cuentas falsas en plataformas como Twitter.

Se lo voy a explicar así: durante años existió una combinación de agendas que nos invitaba a opinar y hasta a pelearnos sobre cualquier cosa.

Desde las declaraciones de Enrique Peña Nieto hasta la posición del mundo frente a Lady Chiles.

Teníamos muy claro quién era el bueno y quién, el malo. Lo único que teníamos que hacer era tomar una postura y compartirla.

Lo demás venía solo: la pasión, la polémica, los comentarios informados, las posiciones radicales, la multiplicación de respuestas. Era divertido.

En los últimos días, aunque usted siga teniendo posturas bastante claras y respetables sobre ciertos temas y personajes, todo eso se ha perdido.

Ponga las noticias en el canal que quiera o abra su portal favorito: ya no hay notas. Cada medio anda en lo suyo.

Ojo: no estoy diciendo que aquí no esté ocurriendo nada, que se esté manipulando la información o que hayan desaparecido los críticos.

Es que antes era obvio cuáles eran los grandes temas e incluso qué personas estaban siendo protegidas o atacadas.

Hoy, no. Hasta Donald Trump, que era el villano favorito de la nación, se ha convertido en el amigo del pueblo.

Y si algún periodista se atreve a sacar algo fuerte sobre temas como el crimen organizado, las cárceles o lo que sea, no trasciende. A nadie le interesa.

¿Qué fue lo que paso? ¿Ganó Andrés Manuel López Obrador y se acabaron los debates? ¿Acaso los únicos que movían las discusiones en radio, televisión e internet eran sus aliados?

Más allá de lo delicada de esta interpretación, tengo la impresión de que aquí va a pasar algo horrible porque las audiencias están dejando de discutir como discutían antes del 1 de julio y porque yo no veo a la gente de los medios tomando medidas para impedir una desgracia periodística y comercial.

Urge encontrar nuevos mecanismos para informar a las comunidades, para respetar su derecho a la información sin dejar de estimularlas, para llevarlas a la reflexión.

Si ya no vamos a tener ni buenos ni malos, como antes, ya no vamos a tener conflictos. Sin conflictos no hay notas. ¿De qué vamos a hablar?

Por más perfecto que vaya a estar el sexenio de El Peje o por más emocionante que haya estado la serie de Luis Miguel, hay un punto en que eso se acaba. ¿Qué sigue?

No puede seguir un mundo idílico donde todo sea felicidad. Eso no es periodístico. No atrapa. No interesa. No funciona.

¿Cómo se van a sostener tantos periódicos, noticiarios y portales de internet si las cosas siguen así?

Y no, no nos confundamos. No se trata ni de caer en el sensacionalismo ni de atentar contra la más elemental ética noticiosa.

Se trata de combatir el desconcierto, de no rendirse, de no dejar de hacer periodismo, un periodismo exitoso, actual.

Entre las nuevas tecnologías, el cambio de sexenio y mil otros asuntos, dicen que vienen muchos cambios pero yo no veo a nadie haciendo algo. ¿Usted sí?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com



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