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Jueves , 20.09.2018 / 02:00 Hoy

Ojo por ojo

AMLO en MILENIO

Álvaro Cueva

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Me encantó ver a Andrés Manuel López Obrador en MILENIO Televisión.

¿Por qué? Porque por más que lo quisieron sacar de sus casillas, el señor jamás perdió ni el estilo ni la congruencia ni ese personaje tan fascinante que ha estado construyendo en los últimos años.

No fue ni una entrevista ni un debate ni una mesa de análisis. Fue una especie de talk show grupal en el mejor estilo de Tercer grado y el resultado fue el mismo:

Entre más se atacaba-cuestionaba a López Obrador, mejor le iba porque una cosa es lo que vive el círculo rojo y otra, la que percibimos las personas comunes y corrientes.

A nosotros, por ejemplo, que somos maestros o que tenemos maestros en la familia, no nos parece que nos falten al respeto.

No somos los enemigos, no somos delincuentes. Don Andrés Manuel habló de eso. ¿Estuvo mal? ¡Claro que no!

Si queremos una educación de calidad lo primero que tenemos que hacer es proteger a los maestros, no convertirlos en los enemigos públicos número uno ni quitarles sus derechos.

Que si se van a detener las obras de la administración anterior, que si se va a meter al gobernante en turno a la cárcel, que si el aborto, que si los matrimonios igualitarios.

¡Puros lugares comunes! Lo que se pregunta en todas las campañas y que a la hora de los trancazos no recibe un seguimiento así de pasional, así de riguroso, así de “comprometido”.

Por eso fue muy interesante lo que sucedió esa noche en MILENIO Televisión porque El Peje, en lugar de caer, devolvió todos los cuestionamientos con la misma gracia.

Resultado: todo el mundo acabó exaltado. Los que aman a López Obrador, porque lo vieron triunfante. Los que lo odian, porque recibieron mil y un pretextos para odiarlo todavía más.

No se dan cuenta de que estos ejercicios no son ni para obtener verdades absolutas de lo que podría pasar si el candidato gana, ni linchamientos públicos ni mecanismos que cambiarán la decisión de voto de las audiencias.

Son espectáculos de reforzamiento y demostración de poder.

De reforzamiento porque mientras en estos días casi no se habló de nadie más, el señor López Obrador, gracias a esa charla, estuvo en todas las conversaciones.

De poder porque esta clase de personalidades, en este momento, no aceptan pararse en cualquier medio de comunicación y menos en ejercicios tan ríspidos de hora y media.

Si El Peje fue a MILENIO Televisión fue porque MILENIO Televisión es importante, porque es fuerte, porque tiene el poder.

La bronca, a partir de esa noche, es que el resto de los canales convenzan a don Andrés Manuel de pararse en sus estudios para hacer la quinta parte, con la mitad de los periodistas, de lo que hizo en MILENIO.

Y, por supuesto, que MILENIO Televisión tenga al resto de los candidatos frente a los mismos periodistas en un ejercicio igual de largo y rudo y donde se respete el mismo tono.

¿Sí se da cuenta? Aquí hay retos tanto para la competencia de MILENIO como para el mismísimo MILENIO. Todavía se puede ganar o perder.

Yo, por lo pronto, felicito desde aquí a mis compañeros de MILENIO Televisión.

Lograron lo que nadie más había logrado y la gente les podrá aplaudir, los podrá insultar pero jamás los podrá ignorar. ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravísimo!

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com

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