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Sábado , 15.12.2018 / 17:45 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

'Ventaneando' y los deprimidos

Álvaro Cueva

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A lo mejor me equivoco pero, según yo, mañana Ventaneando cumple 20 años al aire y, perdón, pero no he visto que Azteca esté haciendo mucho ruido al respecto.

¿Dónde están los programas especiales, las semblanzas y los homenajes? ¿Dónde van a ser los eventos con el público, las estrellas y los anunciantes?

¿En qué punto se le va a entregar una medalla a Pati Chapoy?

Y si se va a hacer algo, ¿por qué no se ha anunciando desde hace semanas como luego se anuncian otras cosas en Azteca 13?

¿Va a pasar lo mismo que con el aniversario número 25 de A quien corresponda?

Fíjese, por favor, qué juego tan más extraño. En Televisa todo es vanidad. En Azteca, depresión.

Mientras que la gente de El Canal de las Estrellas se siente soñada, la del Trece se siente miserable. ¡No puede ser! ¡Cómo les urge un poquito de autoestima, de orgullo!

¿Por qué si lo que hace Azteca está tan mal, Televisa mata por copiarlo?

Mire los repartos de sus nuevas producciones, el estilo de sus más recientes propuestas. Analice de dónde vienen sus actores, productores, directores, escritores y comunicadores.

Hasta los promos que hoy tiene Televisa Deportes parecen sacados de los shows de Felipe Fernández del Paso (Aztecarioca). ¡Son Azteca 2!

¿Entonces? ¿Por qué los señores de la televisora del Ajusco no tienen vanidad? ¿Por qué no se atreven a reconocer sus aportaciones? ¿Por qué no sacan la casta?

Según yo, insisto, mañana es el aniversario número 20 de Ventaneando. Si Azteca deja ir esa oportunidad para recordarle a la opinión pública su grandeza, créame, el tema de la desmotivación se va a poner peor.

'VENTANEADO'

Probablemente usted ya no se acuerda o no le tocó, pero tengo la obligación profesional de decirle que Ventaneando es un programa muy importante.

¿Por qué? Porque en una época de monopolio y censura, le demostró al mundo entero que en México ya no existían los intocables.

Ventaneando, con toda la profundidad o con toda la frivolidad que usted quiera, guste y mande, contribuyó a la transición política del año 2000.

Fue algo tan, tan pero tan poderoso, que más de una instancia quiso callar a Pati Chapoy.

No sólo le hicieron cualquier cantidad de propuestas decorosas e indecorosas. No solo le desmantelaron su producción original. ¡Hasta la quisieron meter a la cárcel!

Qué tan grande no habrá sido el impacto de este concepto que combina periodismo de espectáculos con periodismo del corazón que hasta se tuvieron que hacer ajustes en las leyes para que sus conductores pudieran seguir criticando.

Todos los programas y secciones de chismes que tenemos en este momento en la televisión de México, América Latina y la comunidad hispana de Estados Unidos le deben su existencia a Ventaneando.

Antes, en televisión, no teníamos nada. Punto.

Y le guste a quien le guste o le moleste a quien le moleste, este proyecto sigue siendo el número uno en su tipo.

Sí, su formato se parece cada vez más al de los programas de catálogo que a los de espectáculos pero independientemente de eso, gracias a la señora Chapoy se sigue sintiendo un rigor, un estilo.

Cumplir 20 años al aire no es cualquier cosa. En estas circunstancias, menos. ¡Feliz aniversario, señores! ¡Vayan por más!

¡INCREÍBLE!

El título es espantoso pero le doy mi palabra de que La conquista, que pasa los domingos a las 20:30 por el canal Sony, es uno de los mejores programas que se han hecho últimamente en este país.

Es una coproducción entre Grupo Expansión y Gourmet Awards México que nadie se debe perder.

Qué pena que, por atentar contra la programación internacional de Sony y contra los intereses de otros grupos de medios, no esté recibiendo la promoción que merece.

Pero, por favor, búsquelo aunque sea en repetición.

La conquista es un reality show donde ocho de nuestros mejores chefs son sacados de su zona de confort para irse a guisar a las cocinas de otros restaurantes, de otras personalidades.

Se supone que por eso se llama La conquista, porque estos cocineros tienen que conquistar otras estufas pero, la verdad, esta joya va por otro lado.

¿Cuál? El de demostrar que en México existe una comunidad de chefs que más allá de sus obligadas rivalidades profesionales, se conocen, se quieren y están haciendo cosas importantes.

Ver La conquista es muy bueno porque además de que uno se divierte, aprende sobre comida, descubre recetas, encuentra restaurantes y termina por encariñarse con los chefs.

Y no crea que esto es necesariamente elegante. No, en un capítulo, por ejemplo, se llevan a la cocinera de un lugar muy lindo a preparar tortas. ¡Pero qué tortas!

El objetivo de este show es que todos gocemos y, la verdad, les sale muy bien porque la producción es espléndida y porque su conductor, Pedro Reyes, es un hallazgo.

Luche por ver La conquista. Es televisión de paga de verdad. ¡Bravo!


alvaro.cueva@milenio.com

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