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Martes , 13.11.2018 / 23:11 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

Queridos amigos de "La Candidata":

Álvaro Cueva

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¿Cómo están? Yo, muy orgulloso de ustedes. Su telenovela fue maravillosa y me interesa mucho que se sensibilicen sobre lo que hicieron porque es más importante de lo que parece.

Ustedes no vinieron y nos contaron una historia vieja o que ya se hubiera grabado en algún otro país. Se atrevieron a crear.

Pero no crearon el típico cuento de La Cenicienta de toda la vida. ¡No! Construyeron un retrato durísimo del México y del mundo de hoy.

El sueño de sus personajes no era una boda, era la congruencia.

Unos querían la justicia. Otros, el poder. Y sobre la búsqueda de la justicia y del poder lo vimos todo.

Desde la indiscutible lucha que hay entre hombres y mujeres hasta los nexos que se tejen entre las grandes corporaciones, el gobierno, los partidos políticos, los medios de comunicación y el mismísimo crimen organizado.

Obviamente hay gente que está desconcertada porque esto es una revolución ideológica incluso sobre las narconovelas, los grandes clásicos de la telenovela diferente y las propuestas más experimentales de todos los tiempos.

Imagínense, por favor, lo que está pasando en el cerebro de millones de personas que ya se habían acostumbrado a sintonizar puros desenlaces como el de Tres veces Ana.

Se deben estar volviendo locas tratando de asimilar que exista una mujer que no necesite un hombre a su lado. Se la deben estar pasando muy mal. ¿Cómo está eso de que una mujer sola se pueda hacer cargo de la nación entera? ¡Cómo!

Por eso la quieren matar. Por eso vimos lo que vimos el domingo pasado.

No me sorprende que existan audiencias que estén inconformes. No me sorprende que los números no sean tan fabulosos como los del final de Rubí.

Esto es un cambio muy radical, es clasificación C. ¡No es para todos!

Pero se tenía que hacer y se hizo bien, con muchos de los mejores escritores, actores, directores, músicos, editores, escenógrafos, musicalizadores, vestuaristas, iluminadores, maquillistas, continuistas y administradores de toda la industria de la televisión de habla hispana.

Y todos se lucieron. Todos fueron protagonistas. Todos nos sacaron de nuestra zona de confort. Todos nos dijeron algo.

E insisto, no estoy hablando solo de los personajes, estoy hablando de esa cámara que estuvo colocada donde nunca antes se había puesto una cámara en este país, de esa persona que se atrevió a confeccionar una banda presidencial que cumpliera con los requisitos que marca la ley.

Estoy hablando de todos. ¡De todos!

Giselle González debe ser la productora más feliz de México y sus jefes, más.

¿Por qué? Porque con lo que ustedes hicieron pusieron su granito de arena para limpiar la imagen de las telenovelas mexicanas y demostrar que sí se puede generar un cambio que cumpla con los más altos estándares internacionales.

¿A qué me refiero cuando le hablo de estándares internacionales?

No nada más a una pulcritud técnica que compita contra otros ejercicios de ficción de países como Rusia, Turquía y Brasil. Me refiero a las ideas.

Hay una tendencia global muy importante que pone en pantalla a puros personajes imperfectos, a hombres y mujeres que cometen errores, que son malos en términos melodramáticos y que, por lo mismo, deben pagar por sus errores.

Y la encontramos lo mismo en obras maestras como Game of Thrones y House of Cards que en fabulosas telenovelas de corte popular como Avenida Brasil y Verdades secretas.

La candidata acaba de inscribir a Televisa, a todo México, en esa tendencia. ¡Por fin estamos a la altura del mundo! ¡Por fin estamos haciendo algo por corregir nuestro atraso!

¿Ahora entienden por qué los amo tanto? Ustedes representan algo hermoso, son la esperanza de una nueva generación.

Y sí, me queda claro que esto fue solo el principio, que se puede mejorar y que pueden llegar a tener más y mejores números.

Pero ustedes ya lo comenzaron a hacer y eso es muy importante.

¿Por qué creen que la comunidad política, incluso la que pelea por los derechos humanos y la igualdad de género, guardó silencio ante lo que ustedes plantearon?

¿Por qué creen que tanta gente se la ha pasado atacándolos, boicoteándolos e, incluso, inventándoles lecturas electorales bajo argumentos que ni siquiera coinciden con lo que sacaron al aire?

Porque jamás habíamos tenido algo así, tan valiente, en una pantalla tan poderosa como la de Las Estrellas.

Cualquier cosa que cualquier político hubiera dicho hubiera podido ser utilizada en su contra. ¡De ese tamaño de joya es La candidata!

Y es que en este país es más fácil celebrar las series que le avientan pedradas a los políticos que las telenovelas que en verdad cuestionan al sistema.

¡Felicidades, señores! ¡Muchas felicidades! Me siento muy orgulloso de ustedes. No se detengan. Vayan por más. Los necesitamos.

Abrazo fuerte para todos,

Álvaro Cueva, crítico de televisión desde 1987.

alvaro.cueva@milenio.com

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