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Viernes , 19.10.2018 / 10:48 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

Querido Juan Gabriel:

Álvaro Cueva

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Tengo muchas cosas qué contarte. Tengo muchas cosas qué explicarte.

Y siento que te lo tengo que decir así porque a pesar de que llevo 29 años dedicándome al periodismo de espectáculos, como mi especialidad siempre fue otra, jamás tuve el honor de entrevistarte.

Me hubiera gustado tanto estar contigo, verte a los ojos y darte un abrazo, porque tú, en mi generación, eres alguien importante, fundamental.

Yo crecí escuchando tus canciones, mirándote en la tele y discutiendo con muchas personas que en lugar de reconocer tu talento, se burlaban de ti.

¿Sabes por qué? Por joto, por amanerado. ¡Pobres! No se daban cuenta de la verdad, de que fuiste honesto, auténtico.

Hoy cada quien puede ser lo que quiera, cuando quiera, donde quiera y no pasa nada.

En la época en que tú saltaste a la fama se censuraba al amanerado, se le cerraban las puertas, se le golpeaba y hasta se le mataba.

Y tú nunca te reprimiste. Fuiste tan valiente, tan admirable que hoy, en pleno siglo XXI, no existe otro Alberto Aguilera.

Los compañeros de la fuente del corazón se podrán reír de ti, pero millones de hombres y mujeres de todo el país jamás te dejaremos de respetar.

Juan Gabriel: tú, "gay", te convertiste en ídolo en un país de machos, pusiste a cantar y a bailar a los homofóbicos, lograste que los que hoy se oponen a los matrimonios igualitarios se deschongaran en fiestas y conciertos.

Tú eres el éxito de la diversidad, la más clara demostración de que por encima de cualquier tontería lo único que vale la pena es el talento, la vida y el amor.

¿Quién nos queda después de ti? ¿Qué otro compositor mexicano hará la mitad de las cosas que tú hiciste en los próximos 50 años? ¿En qué industria? ¿Para qué público?

Estoy profundamente alterado con la noticia de tu muerte porque este pobre país se está quedando más solo que nunca.

Antes, nos quedaban las estrellas. Hoy, ¿quién es estrella? ¿Quién es artista? ¿Quién compone como tú? ¿Quién impulsa a otros como tú? ¿Quién se mete al alma del pueblo como tú?

Tu partida es una verdadera tragedia nacional, una desgracia cultural.

¿De dónde van a sacar las nuevas generaciones canciones como las tuyas? ¿Quién les va a ofrecer frases para que después las reproduzcan en su vida cotidiana?

¿Quién los va a enseñar a amar, a desahogarse, a llorar por una pérdida, a reconocer sus sentimientos? ¡Quién!

¿Quién va a poner a cantar al pobre y al rico, a los hombres y a las mujeres, a los niños y a los ancianos, a los homosexuales y a los heterosexuales?

Me parece macabro que hayas muerto el día en que estaba anunciada la transmisión del final de tu serie en Tv Azteca.

Es como una broma del destino, como si hubieras sabido algo, como si el espectáculo y la vida se hubieran unido para mandarle un mensaje mucho muy poderoso a las multitudes.

Y ese mensaje es la alegría de vivir, la voluntad para superar los obstáculos, el triunfo del talento, el trabajo y la honestidad.

Me encantó Hasta que te conocí pero hoy me fascina todavía más porque veo en ella una historia de éxito 100 por ciento real, la tuya.

Y porque tu biografía le puede servir de ejemplo a un país que desprecia cualquier cosa que suene sentimental, a una nación urgida de inspiración, pero que paradójicamente mira con muy malos ojos cualquier cosa que suene motivacional.

¿Te das cuenta del gran legado que le estás dejando al pueblo de México nada más con esta serie?

Qué bueno que la hiciste. Además fue en el momento justo. Si la hubieras dejado para otro año, tal vez nunca se hubiera hecho y menos así, a tu lado, con tu presencia, con ese tino emocional, con ese nivel de calidad en fondo y forma.

De seguro mis amigos que se dedican a la crítica de música harán enormes análisis de tu obra y de tus presentaciones.

Yo nada más quiero agregar un punto: fuiste el compositor de la mexicanidad.

En tus letras se combinaron la vida y la muerte, el placer y el dolor, justo como se mezclan en nuestras mejores y peores festividades. ¡Hasta para eso tuviste ojo clínico!

Muchas gracias, Alberto. Gracias por permitirte ser lo que siempre quisiste, por luchar por tus sueños, por dedicarte a lo que amabas, por tu música, por tus conciertos y por tus actuaciones.

Muchas gracias por reinventar el espectáculo mexicano y catapultarlo hacia otras dimensiones, por entender los códigos de las verdaderas figuras públicas y por cambiar la vida de tantísimas personas en todo el mundo.

Hoy eres leyenda, símbolo y ejemplo. Valió la pena lo mucho que sufriste. Valió la pena lo mucho que nos regalaste.

Nunca tuve el honor de entrevistarte, pero me pongo de pie ante ti, como todos los latinos y todos los mexicanos, y te aplaudo con fuerza, te ovaciono con amor.

Hasta siempre, grandísimo señor de la música y el espectáculo. Hasta siempre, mi muy querido Juan Gabriel.

alvaro.cueva@milenio.com

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