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Lunes , 15.10.2018 / 13:30 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

¿Qué está pasando con las telenovelas en México?

Álvaro Cueva

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¿A usted le gustan las telenovelas? ¿Cuáles?

Hablar de esta clase de emisiones se ha convertido en un conflicto, porque nadie habla de lo mismo, porque nadie conoce las reglas del juego, porque nadie sabe lo que está pasando.

Para los mayores de 40 años las telenovelas, sobre todo las nacionales, son algo sagrado, importante, un tipo de televisión que merece respeto porque significó algo muy importante en su vida.

Para las nuevas generaciones las telenovelas mexicanas son basura, mierda de la mierda, algo que ni miran ni quieren ver porque no les da nada. Nada.

Pero las telenovelas siguen siendo la máxima expresión de nuestra televisión, un negocio perfecto y, lo más importante, un poderoso mecanismo de influencia.

No nos confundamos, aunque usted y yo no tengamos la misma disposición de antes como para sentarnos a sintonizar un melodrama seriado durante meses. Aunque a usted y a mí no nos gusten los refritos.

Aunque no soportemos esta clase de historias. Aunque prefiramos las series, los reality shows o aunque miremos contenidos en otro tipo de plataformas, nuestras telenovelas fueron y siguen siendo grandes éxitos.

Y cuando digo éxitos me refiero a éxitos comerciales, sociales y hasta políticos.

No se deje engañar por los charlatanes que "dan" los ratings con lujo de irresponsabilidad en la radio o en los periódicos sensacionalistas.

Las telenovelas mexicanas no están muriendo, al contrario, están más vivas que nunca.

¿Entonces, por qué los números que se filtran en diferentes medios van a la baja?

Porque esos números corresponden a mediciones que aplicaban en otro momento de la historia de la comunicación.

Antes, cuando las industrias trabajaban para ellas mismas, herramientas como los ratings bien medidos y bien estudiados ayudaban a establecer niveles de éxito o de fracaso.

Ahora que las industrias forman parte de un macrosistema bursátil, los parámetros para establecer que algo funciona o no, son otros.

Una telenovela criticadísima, como Lo imperdonable, puede ser el cañonazo del siglo XXI por su relación costo-beneficio.

Y un melodrama que jamás da nota, como Tanto amor, puede ser el trancazo más grande de la industria por la manera como logra que las audiencias compren los productos de las marcas que se anuncian en él.

Esto es más complejo de lo que parece.

¿Usted jamás se ha preguntado por qué nuestras televisoras compran los derechos para hacer títulos extranjeros como Gran Hotel o para transmitir maravillas como ¿Qué culpa tiene Fatmagül? en lugar de crear cosas nuevas?

Porque nuestra industria es líder y solo los líderes se pueden dar ese lujo.

Así como Hollywood compra películas por todo el mundo para hacerlas a su manera o para distribuirlas a su antojo, México hace lo mismo con las telenovelas.

Lo hace porque tiene el dinero, las ventanas, los anunciantes y las audiencias.

Lo hizo en el pasado cuando importó las historias de clásicos como Los ricos también lloran, Carrusel y Mirada de mujer.

Y lo hace ahora para grabar Caminos de Guanajuato, Mi corazón es tuyo y Amores verdaderos.

Lo que quiero es que usted deje de pensar que nuestras telenovelas van a la baja. ¡No!

En muchos sentidos que no tienen nada que ver con la percepción de la prensa, de las escuelas de comunicación o de las redes sociales, van a la alza.

Si una marca quiere vender en México, se tiene que anunciar en las telenovelas. No hay de otra.

Ahí está el gran público, el que consume, el que busca, el que responde.

¿A qué me refiero cuando le hablo del éxito social de esta clase de producciones?

A que en ellas es donde los segmentos de mercado más numerosos de nuestra nación aprenden patrones de conducta, maneras de hablar, de vestir, de sentir y hasta de pensar.

¿Por qué cree usted que los partidos políticos matan por meter spots durante la transmisión de las telenovelas en tiempos de campaña?

¿Por qué cree usted que un actor o una actriz que sale en esta clase de conceptos puede alcanzar estratégicas posiciones en el mundo de la política?

¡Abra los ojos! Aquí está el poder.

Y lo más triste es que con todo lo que se está diciendo sin fundamentos en tantas partes, hasta la misma gente que se dedica a hacer telenovelas está dejando de sentir orgullo por su trabajo.

¿Me creería si le dijera que muchos actores, escritores y directores ya no quieren participar en los melodramas de Televisa y de Azteca?

¿Cuándo un actor de series ha llegado a donde han llegado los actores de nuestras telenovelas?

¿Cuándo una producción del cable o de los sistemas de distribución de contenidos en línea ha vendido, en anuncios, lo que venden las telenovelas tradicionales?

Me preocupa el esquema de confusión en el que estamos viviendo. Hoy más que nunca deberíamos estar mirando y estudiando nuestros melodramas. ¿O usted qué opina?


@AlvaroCueva

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