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Viernes , 21.09.2018 / 17:13 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

No es lo mismo ser una televisora pobre que una pobre televisora

Álvaro Cueva

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De veras que sí es muy feo ser pobre y más en televisión, tal y como está quedando demostrado con Carioca, el programa especial sobre Río 2016 que algunas televisoras públicas están compartiendo por las noches.

Aunque “las buenas conciencias” digan lo que digan respecto a la calidad y los contenidos, es muy difícil competir desde la miseria.

¿Con qué publicidad? ¿Con cuánto reparto? ¿Con qué exclusivas? ¿Con qué producción?

Ojo, no estoy diciendo que ser pobre sea algo malo o que Carioca sea una porquería.

Estoy diciendo que cuando uno tiene enfrente un abanico de posibilidades que van desde Río suena, noche hasta El Once en Río pasando por Río suena, Fox en Río y todo lo demás, sí está muy complicado que elijamos ese título.

Además de que como solo está disponible en frecuencias abiertas digitales o en canales de televisión de paga con muy poco posicionamiento como Una Voz con Todos, IngenioTv y AprendeTv, quien lo ve es porque, de plano, es fan de sus conductores.

¿Por qué le estoy escribiendo de esto y no de alguno de los “bonitos” escándalos que se están dando en este momento en las grandes televisoras con o sin los Juegos Olímpicos?

Porque hay que ser parejos y si Río 2016 está generando tantas opciones, hay que tratar de mencionarlas todas, medirlas con la misma vara, comparar.

¿Qué es Carioca? Lo mismo que están haciendo todos, pero sin dinero.

Veo el estudio de este programa, todo pelón, con unos recuadros de acrílico colgando del techo para medio darle variedad a las tomas, y no sé si sentir pena o admiración.

Al inocente reportero que tienen en Río lo iluminan con un foco como de video de boda mal apuntado y yo no sé si está transmitiendo desde un celular o desde algo todavía más austero, pero en televisión profesional eso se ve mal. No es el nivel.

Carioca está mal estructurado. Sus jefes de información dicen, en dos horas, lo que cualquier otro canal podría decir en 15 minutos.

Y como no hay con qué llenar ni los tiempos ni la pantalla, las cámaras se pasean por la cabina, por el estudio y por donde pueden en un esquema que termina por ser poco creativo, repetitivo, aburrido.

La mayoría de sus contenidos, como los de Canal Once, o se los dieron gratis las televisoras públicas sudamericanas o están hechos con imágenes viejas, de archivo.

La bronca está en que, en contraste con la señal del IPN, aquí los conductores están como abandonados a su suerte, sin mostrar la más mínima ráfaga de alegría.

¡Cómo se nota que la gran televisión pública nacional no tiene un reparto propio!

Para estos señores hubiera sido muy fácil hacer fiesta integrando a su elenco como la gente de Canal Once, pero no tienen con quién. ¡Es muy triste!

Me queda claro que de esto a nada, qué bueno que al menos estas señales se animaron a participar, pero hubieran elegido otro esquema, otra duración, otro manejo de los materiales.

No sé usted, pero yo he visto en Carioca videos como de Plaza Sésamo de 1974: lentos, baratos, bucólicos. Es 2016, otra época, otro ritmo, otras audiencias.

¿Para quién trabajan estos comunicadores? ¿Quién es su público?

Obviamente no es el que se quiere enterar de los resultados de las competencias porque para cuando uno llega ahí, ya lo sabe todo.

Pero tampoco es para los que se quieren informar de la otra parte de este evento porque cualquiera de las cápsulas de Carioca, comparada con las de su competencia, sale perdiendo.

Su colaborador Enrique Gánem, “El explicador”, por ejemplo, es una gloria pero sus cápsulas están hechas en automático, con flojera, sin pasión.

Eduardo Gaytán, su experto en deportes, se nota que sabe de lo que habla pero en lugar de tomar las riendas del programa y de hacer crítica ruda, está condenado a “portarse bien”.

¿No se supone que de eso es de lo que se quejaba la gente cuando Televisa y Tv Azteca tenían los derechos de los Juegos Olímpicos? ¡Entonces!

¿Por qué nadie le reclama a las televisoras públicas su absoluto sometimiento editorial? ¿Porque no son las televisoras “de siempre”? ¡O todos coludos o todos rabones!

Lo más rescatable de Carioca es la presencia de Ilana Sod, la participación de Tamara Lopes y la sección de un mochilero maravilloso llamado Alexander que ya lo quisieran en NatGeo para un día domingo.

Ilana es un portento de comunicadora. Tamara, una brasileña radicada en México, es una revelación, y a Alexander ya lo quiero conocer porque su equilibrio entre fondo y forma, y su manera de manejar la cámara siempre desde un mismo plano, es excepcional.

Amigos de las televisoras públicas que están haciendo y pasando Carioca: por favor reflexionen, corrijan y aprendan.

No se trata de participar en esta clase de fiestas nada más por participar. Hay que brillar, demostrar de qué están hechos y competir en calidad, en dignidad. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com

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