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Jueves , 18.10.2018 / 21:49 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

La más digna sucesora de "Game of Thrones"

Álvaro Cueva

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Advertencia: usted puede leer esta columna con la plena confianza de que no le voy a vender trama. No hay spoilers.

¿Por qué le hago esta advertencia? Porque en el caso de esta serie sí es muy importante que usted llegue sin saber nada, incluso sin hacerle caso a los anuncios, que se deje sorprender.

A ojo de buen cubero, estamos hablando de una de las producciones más importantes de los últimos años, de un concepto que se puede convertir en la nueva sensación mundial.

Por supuesto, me refiero a Westworld, que se estrenó ayer a las 22:00 por el canal HBO y que usted debe buscar ya en HBO Go o en las enemil repeticiones que va a tener en las diferentes frecuencias del paquete HBO-MAX.

¿Qué es? Una serie de fantasía y ciencia ficción producida por algunas de las celebridades más importantes de este negocio como J. J. Abrams (Star Wars: The Force Awakens).

Por si esto no fuera suficiente, está escrita por genios del entretenimiento como Michael Crichton (Jurassic Park), quien dejó un primer tratamiento de estos guiones antes de morir.

Y dirigida por gente como Jonathan Nolan que, desde diferentes trincheras, ha estado involucrada en fenómenos como Batman: The Dark Knight.

¿Tiene caso que le diga que entre los actores de esta joya hay celebridades como Anthony Hopkins (El silencio de los inocentes), Ed Harris (Pollock) y James Marsden (The X-Men)?

Le voy a decir la verdad: no. No tiene caso. Westworld no vale por la fama de todas y cada una de las personas que están involucradas en su realización, vale por sus contenidos.

Se lo voy a decir con todas sus letras: es la más digna sucesora de Game of Thrones.

Si usted estaba preocupado porque HBO solo tenía una gran serie capaz de trascender artísticamente y de conmocionar a los cinco continentes, despreocúpese.

Westworld es tan, tan, pero tan buena, tan entretenida y tan profunda que ahora el problema va a ser que va a competir contra Game of Thrones.

No existe nada igual en fondo y forma en todo el mercado de la televisión internacional.

¿Pero de qué trata? ¿Cuáles son esos famosos contenidos a los que me refería hace rato?

Son ideas que tienen que ver con usted y conmigo, con lo que pensamos, con lo que sentimos.

Si Game of Thrones es una enciclopedia de historia y literatura, Westworld es el mejor compendio de filosofía que jamás se haya hecho en el cine y la televisión.

Verla es viajar del idealismo al realismo pasando por el escepticismo, el dogmatismo, el subjetivismo, el relativismo y el existencialismo, por mencionarle solo unas cuantas de las muchísimas corrientes que le dan sentido a esta obra.

Pero lo más increíble es que esto, que puede ser la cosa más densa del universo, es una de las experiencias más gozosas de la industria del espectáculo.

Cuando usted la mira se emociona, se asusta, se excita. ¡Lo vive todo!

Y mientras está con la boca abierta por una escena de acción se comienza a preguntar:

¿Qué es la realidad? ¿Qué es la verdad? ¿Qué somos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué existe más allá de la muerte?

¿Qué haríamos si nos encontráramos con Dios? ¿Qué le diríamos? ¿Seríamos lindos con él? ¿Le mentiríamos? ¿Nos atreveríamos a rebelarnos?

Desde la más reciente versión de Battlestar Galactica que no veía una pieza que cuestionara con tantísimo rigor nuestro papel en el mundo.

¿A qué tenemos derecho? ¿A qué no? ¿Existen las casualidades?

Para Westworld el infierno está vacío, porque todos los demonios se vinieron para acá y, como en los libros motivacionales, cada quien escoge entre lo bello y lo horrendo, entre aceptar su realidad o cambiarla.

Obviamente de lo que escoja dependerá su futuro, en el remoto caso de que una raza que llegue hasta donde nosotros hemos llegado pueda tener un futuro.

Esto es lo más divino de Westworld: es tan crítica de tantas cosas que tienen que ver con lo que vivimos, con lo que padecemos, que a los amantes de las conspiraciones les va a fascinar.

Porque, además, está llena de misterios, de situaciones que ponen a las audiencias a pensar, a atar cabos, a ir de Leonardo Da Vinci (El hombre de Vitruvio) a Walt Disney (Mickey Mouse) y de Pedro Calderón de la Barca (La vida es sueño) a Philip K. Dick (Blade Runner).

Si en cine una película muy buena es un peliculón, en tele una serie como ésta tendría que ser un seriononón.

No sabe usted qué experiencia tan más sensacional, qué actuaciones tan más prodigiosas, qué música tan más maravillosa.

Me siento como cuando vi por primera vez Lost, Breaking Bad y House of Cards.

No le puedo garantizar que Westworld vaya a ser un hit, porque este negocio es impredecible. Acuérdese de Vinyl que pintaba para ser la obra maestra del año.

Pero siento que es el principio de algo muy grande. Luche por verlo. Le va a encantar. De veras que sí.

alvaro.cueva@milenio.com

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