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Jueves , 13.12.2018 / 08:22 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

‘Jack el destripador’,el ‘rockstar’ del horror

Álvaro Cueva

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Lo que más amo de mi país es que está hecho de gente que no se rinde, que siempre está dispuesta a luchar como todas las personas que están detrás de Jack.

¿Qué es esto? Una emocionantísima ópera rock que se escaba de estrenar en el Centro Cultural Teatro 2 de Ciudad de México y que tuve el privilegio de gozar la noche del miércoles pasado.

Quiero ponerlo en antecedentes para que entienda la magnitud de este lanzamiento.

México está lleno de hombres y mujeres disciplinados, creativos, trabajadores y esto aplica al universo del teatro musical.

¿Pero qué pasa? Que salvo honrosas excepciones, que casi nunca llegan a trascender, casi todos estos talentos están condenados a recrear formatos internacionales, obras que vienen de Broadway o de Londres.

En el teatro musical mexicano, como en la televisión, no creamos, reproducimos.

Cuando yo era adolescente, más que comedias musicales (así se les llamaba), lo que estaba de moda eran las óperas rock.

Eran obras cantadas de principio a fin con música muy afín a lo que escuchábamos en la radio.

Así fue como crecí entre puros espectáculos etiquetados como óperas rock como Evita, José el soñador y Cats.

Lo más gratificante de aquella época era que los mexicanos no nos quedábamos atrás y que orgullosamente creamos joyas como Kumán y ¡Qué plantón!

Después todo eso cambió, el concepto de ópera rock se dejó de usar y se construyó una industria teatral mucho más sólida, pero dependiente de lo que se estrenara en Estados Unidos o Gran Bretaña.

El miércoles que fui al Centro Cultural Teatro 2 volví a ser adolescente y, lo más hermoso, volví a ver una ópera rock mexicana.

Sí, esta obra no se la fueron a comprar a nadie.

Freddy Ortega y Alex Carrera la inventaron y no solo eso, la inventaron inspirándose en un tema internacional, en algo que se puede ver, entender y disfrutar en las más grandes capitales teatrales del mundo.

El nombre completo de esta joya es Jack el destripador, el rockstar del horror y como su nombre lo indica es una fantasía construida alrededor del misterio de Jack the Ripper, uno de los asesinos seriales más famosos de todos los tiempos.

Yo veía aquello y no daba crédito. Primero, de la historia. Es maravillosa. Ni remotamente vaya usted a pensar que se va a sentar a ver lo que todos sabemos.

¡Para nada! Esto crece, crece y crece en Europa, en Estados Unidos, involucra nuevos personajes, nuevas situaciones y tiene unas peripecias como para agarrar a besos a quienes las escribieron.

Segundo, los talentos que participan en esta carísima puesta en escena son sensacionales.

Desde figurones consagrados como José Antonio López Tercero hasta decenas de cantantes y bailarines de una nueva generación que pinta para llenar de orgullo a todo México.

¿Sabe usted lo que es estar parado en un escenario durante más de dos horas cantando sin parar cualquier cantidad de ritmos?

¡Y no le he dicho nada! Todos los actores que salen ahí, todos, bailan, trepan, corren, cargan y mueven cosas con una energía brutal desde el primer hasta el último minuto.

La demanda física de Jack es probablemente la más pesada de todas las puestas en escena que existen hoy en el teatro mexicano y lo mejor es que vale la pena.

Es de no creerse que canción tras canción uno se quiera parar a bailar de la energía que transmiten esos muchachos.

Le ofrezco una disculpa por no mencionarlos uno por uno, pero es que no me alcanza el espacio.

No hay una sola persona ahí que esté mal, que no deje el alma en el escenario. No hay una sola persona ahí que no esté creando.

Eso es lo que más admiro de Jack, que es un ejercicio de creación total.

Desde el señor que interpreta al personaje del narrador, que está inventando su propia manera de convertir aquello en una vivencia total para el público hasta la persona encargada del vestuario que diseñó un ropa llena de exquisitos detalles.

Ni hablar de la música, tan fantástica. De las coreografías, tan espectaculares. De la escenografía, tan inmensa. De la iluminación, tan complicada.

Jack es algo tremendo y lo que más le agradezco es que, además de todo lo que una aventura de ese tamaño representa, rompe esquemas.

Éste no es un musical lindo para audiencias convencionales. ¡No! Es un The Walking Dead, un Breaking Bad, un Game of Thrones.

Es una sacudida gigantesca llena de pecados, de revelaciones y de cuchilladas.

Jack es una tragedia del siglo XXI contada a partir de un personaje con un valor simbólico como para ponerse a temblar.

Y como buena tragedia, al final, el público termina purificado, liberado por la fuerza de la sangre.

Jack es una experiencia que ningún mexicano se debe perder, un espectáculo que dice verdades, que asusta de tan valiente.

Por lo que más quiera, luche por verla. Si usted es de esto, le va a encantar tanto como a mí. Se lo garantizo.

alvaro.cueva@milenio.com

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