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Sábado , 22.09.2018 / 11:00 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

Escalofriante

Álvaro Cueva

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Creo que lo que está haciendo el canal History es particularmente importante.

¿Qué? Combinar entretenimiento con historia para impedir que las cosas malas se repitan.

Le explico: muchas personas se quejan de que History ya no es lo que era antes y que ahora se la pasa ofreciendo títulos mucho más comerciales como Alienígenas ancestrales y El precio de la historia.

Yo, la verdad, prefiero ver mil veces cualquiera de estas producciones que atrofiar mi cerebro con Laura o Turnocturno, pero el punto no es ése.

El punto es que seduciendo a las multitudes comerciales con emisiones como Alienígenas ancestrales y El precio de la historia, History consigue llevar su legado inteligente a muchas más personas que si solo se dedicara a la transmisión de documentales.

Porque, objetivamente, entre producto de entretenimiento y producto de entretenimiento, estos señores siempre intercalan maravillas como Los últimos días de los nazis, un serial que se estrenó el sábado pasado a las 21:00 y usted no se puede perder.

Estamos hablando de una serie docudramática que reconstruye los interrogatorios que los aliados le hicieron a los nazis al final de la Segunda Guerra Mundial intercalado con la visión de grandes especialistas.

¿Y? ¿Qué tiene esto de interesante o de espectacular?

Es interesante porque es una clase de historia de lo más profesional y profunda. Es espectacular porque está hecha como la mejor de las películas de Hollywood.

Y lo que estos individuos dicen es escalofriante porque, tal y como sucedió, muchos de ellos gozaban lo que hacían, se les hacía normal, era su chamba.

Esto iba desde asesinatos brutales hasta torturar bebés pasando por los más enfermos experimentos científicos, las más perversas prácticas sexuales y más, mucho más.

¿Cuántas personas hoy, en México, no hacen cosas horribles porque es su chamba? ¿Cuántas no ven como normal algo que es monstruoso? ¿Cuántas no gozan con esta realidad?

¿Ahora entiende la importancia de lo que History está haciendo?

Nos está sensibilizando. Nos está invitando a que corregir mentiras históricas. Nos está educando para no volver a cometer los mismos errores.

Por favor, la próxima vez que quiera atacar a History por sus estrategias de programación, piénselo dos veces, luche por ver Los últimos días de los nazis y tráigalo a la actualidad.

Se va a quedar con la boca abierta. Se lo garantizo.

NO ESTÁ PADRE

La internet está llena de sorpresas como esos videos de personas comunes y corrientes que realizan alguna actividad extrema como tirarse con una cuerda desde lo alto de un edificio o esquiar en agua sentado de una silla.

Son cortos que reciben millones de visitas, de espectadores de todo el planeta, en cuestión de horas. Usted seguramente las conoce.

Estamos hablando de producciones virales que hacen que muchas personas los quieran imitar y que, por supuesto, representan un reto para la mente humana.

¿En verdad usted o yo nos podemos lanzar al vacío desde lo alto de un edificio sin matarnos? ¿Sí es posible esquiar en agua en una silla sin salir lesionado?

Para no hacerle el cuento largo, todo esto es el punto de partida de Mitos virales (lunes, 23:00), unos de los más recientes lanzamientos internacionales del canal NatGeo.

Se trata de un programa tipo MythBusters, pero que parte de la internet.

Aquí también tenemos a dos conductores, supuestamente muy carismáticos, que investigan todo lo que hay detrás de ciertas imágenes.

Solo que esta investigación incluye algo que muy especial: vivir en carne propia lo mismo que vivieron los protagonistas de los videos virales.

El resultado es una suerte de Es lo mismo, pero no es igual con el acento puesto en la ciencia.

¿Y está bueno? Me temo que no. ¿Por qué? Porque Tim Shaw y Buddy Munro, sus conductores, que en la presentación de cada capítulo son encantadores, no funcionan igual a la hora de la ejecución.

No dominan la materia, no proyectan seguridad, no son chistosos, no tejen vínculos con el público. Hay uno que es el que manda. Otro, el que obedece. Su relación no está padre.

Y luego los responsables de este concepto se tardan media hora en reproducir algo que en internet dura muy pocos minutos.

¿Quién quiere esperar 30 minutos para ver si un tipo se va a lanzar al vacío cuando muchos chavitos lo hacen en cosa de nada a través de las redes sociales?

Y así que dijera usted: Qué bárbaros, cuánta divulgación de la ciencia, pues no. Tampoco.

En resumen, para el público de internet, Mitos virales es insufrible, y para el de televisión tradicional, peor, es extrañísimo porque nace de otra fuente.

Por si esto no fuera suficiente, la puesta en pantalla, a pesar de todo lo que implica a nivel adrenalina, es pobre.

Aquello no se ve atractivo, no fluye con dinamismo. ¡Qué pena! De veras. ¿O usted qué opina?


alvaro.cueva@milenio.com

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