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Lunes , 24.09.2018 / 08:59 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

El temblor y el Movimiento Azteca

Álvaro Cueva

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Atrás de mi casa se cayó un edificio. Fue como si se hubiera partido a la mitad. Un pedazo quedó en pie. El otro, se vino abajo.

Los vecinos corrimos a ayudar bajo la supervisión de las autoridades. El fenómeno de solidaridad fue impresionante y el orden de la operación, todavía más.

Había que derrumbar lo que quedaba del edificio por cuestiones de seguridad, pero había que hacerlo con cuidado porque había tanques de gas estacionario en la azotea.

Llegaron los expertos de muchas instituciones, incluso de la Comisión Federal de Electricidad.

Mientras, la gente administraba los donativos, juntaba los medicamentos y repartía agua y comida.

Yo, por más que me hacía el fuerte, no podía evitar sentir una profunda pena por las familias que vivían ahí.

¿De qué les iba a servir un paquete de papel de baño, una torta o una botella de agua?

Perdón, ¿pero cuánto tiempo les podía durar una despensa o una caja de pastillas para el dolor de cabeza? ¡Se quedaron sin casa! ¡Sin su departamento! ¡Sin nada!

¿Por qué le estoy escribiendo esto? Porque ayer, mientras hacía mi trabajo monitoreando los medios, no pude evitar que me diera un ataque de llanto mirando la cobertura especial de TV Azteca.

Estos señores, en un admirable gesto de responsabilidad social, estaban realizando un Movimiento Azteca dedicado precisamente a reponerle su hogar a cientos de familias afectadas por los sismos del 7 y del 19 de septiembre.

Yo ya sabía que ese día se iba a hacer el Movimiento Azteca, ya sabía que iba a ser para ayudar a Chiapas y a Oaxaca, pero cuando lo sentí tan cerca no pude menos que rendirme, agradecer y cooperar.

¡Qué manera de darle al clavo! ¡Qué manera de demostrar una capacidad de respuesta! ¡Qué manera de hacer algo por las víctimas!

Como usted sabe, Movimiento Azteca es una campaña de responsabilidad social donde las audiencias de las señales de la televisora del Ajusco hacen aportaciones para diferentes causas.

Ojalá que algo de lo que donamos ayer sirva para reponerle sus departamentos a mis vecinos.

Ojalá que ese modesto grano de arena en la inmensidad de la tragedia sirva para ofrecerle aunque sea un poco de consuelo a tantas personas afectadas en tantos rincones de la nación.

Cuando uno vive esas cosas es cuando entiende la importancia de estas campañas.

Cuando uno participa entiende que hay muchas formas de ayudar más allá de levantar piedras, cargar cajas o aplaudirle a los soldados.

Le ofrezco una disculpa por si sueno demasiado arrebatado pero a pesar de que sé que este texto no aparecerá en la edición impresa de MILENIO, precisamente por la magnitud de la emergencia, lo tenía que escribir.

Creo que es mi responsabilidad como mexicano, como vecino de la Narvarte y como crítico de televisión.

Lo que vivimos ayer, a nivel mediático, a través de Movimiento Azteca, fue histórico.

Por un lado, tuvimos toda esta cooperación de miles y miles de familias de toda la nación.

Pero, por el otro, tuvimos la presencia directa, a cuadro, de personalidades como Ricardo Salinas, Pati Chapoy, Jorge Garralda y Esteban Moctezuma.

¿Puede haber algo más significativo que la presencia del dueño de una televisora, en este caso de TV Azteca, convocando a las multitudes a olvidar rencores, a unirse y a ayudar?

Pero, además, el señor fue muy honesto, siempre dijo que el objetivo era ayudar a Chiapas y a Oaxaca pero que, ante la magnitud de lo que sucedió el 19 de septiembre en otros lugares, se decidió abrir todavía más la campaña.

Qué paradójico que lo que iba a ser la celebración del Movimiento Azteca número 100 acabó siendo la edición más importante en toda la historia de esa aportación.

Es como si el destino hubiera querido coronar el centenario de esta campaña con una causa verdaderamente fuerte, estremecedora, inolvidable.

Al cierre de esta columna yo no le puedo decir cuánto dinero se juntó, cuántos hogares se consiguieron reponer ni cómo estuvo el mensaje de despedida.

Pero sí le puedo decir que 100 Movimientos Azteca no los tiene ninguna televisora de ningún otro lugar del mundo.

Que la realización de uno solo de cualquiera de esos "movimientos" es una cosa complejísima de levantar, ya no se diga de operar y transparentar.

Y la gente de TV Azteca no sólo ha levantado, operado y transparentado uno, lo ha hecho 100 veces y eso merece algo más que una medalla, eso merece respeto, eso es algo que todos, amemos o no la televisión, tenemos que celebrar.

Porque, ¿qué hubiera sido de esas 100 causas si nadie hubiera nada por ellas en todos este tiempo? ¿Qué hubiera sido de las víctimas de los terremotos si ayer no se hubiera organizado lo que se organizó?

Felicidades a TV Azteca por esa iniciativa, por esa conmemoración y por habernos sacado lágrimas a muchas personas durante las transmisiones de su Movimiento Azteca de ayer. ¡Así se hace! ¿O usted qué opina?


alvaro.cueva@milenio.com

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