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Miércoles , 19.09.2018 / 14:21 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

El problema de los talentos ‘chapulines’

Álvaro Cueva

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Estoy harto de esta historia de que Magda Rodríguez es la genio del siglo XXI, de que si alguien de Tv Azteca le contesta el teléfono se va a quedar sin trabajo y de que ahora los talentos van y vienen con absoluta libertad de una televisora a otra.

Todo esto es mentira. Magda es una buena productora. Punto.

Su gran gracia es que en los últimos años ha tejido una espectacular red de relaciones públicas con la gente más chismosa de México y que, por lo mismo, cada vez que hace algo se lo celebran como si fuera Guillermo del Toro.

Pero, con la pena, no lo es. El nuevo Hoy tiene de nuevo lo que yo tengo de ciudadano sueco y yo ya dudo de cualquier cosa buena o mala que se diga sobre lo que está ocurriendo en esa emisión porque, además, me queda claro que ahí tenemos una bronca de odio.

La señora Rodríguez, no conforme con haberse ido mal de Tv Azteca, en lugar de mostrarse agradecida con lo bien que le fue mientras estuvo ahí, está jugando un papel extraño.

Cuando no dice cosas de una innecesaria agresividad en sus redes sociales, busca la manera de fregarse a la televisora del Ajusco llevándose gente al consorcio de Emilio Azcárraga.

¡Qué diferencia con Genoveva Martínez (Como dice el dicho), que cuando cambió de camiseta (Lo que callamos las mujeres) se llevó a las personas que Tv Azteca había o rechazado o despreciado o desperdiciado!

Creo que Magda está a nada de pasar de buena productora a personaje siniestro y si algo me ha enseñado la vida es que los personajes siniestros terminan muy mal.

¿Por qué le estoy escribiendo esto? Primero, porque Magda Rodríguez no solo es productora de televisión. Es una figura pública.

Lo que pase con ella, como con Carla Estrada, con Juan Osorio o con José Alberto Castro, es noticia.

Y segundo, porque llevo varios días escuchando historias de personas de Tv Azteca que están aterradas porque la señora Rodríguez les llamó, les escribió, las quiere invitar a comer o peor tantito, porque les están inventando que se están viendo en lo oscurito.

Yo creo que el que nada debe nada teme, pero la industria de la televisión mexicana sí necesita redefinir urgentemente sus estrategias en materia de contratación, invitación, administración y promoción de talentos.

¿Por qué? Porque estamos entrando en un ejercicio de doble moral donde, por un lado se dice que actores, cantantes, periodistas y conductores son libres para ir a donde quieran.

Y, por el otro, cada vez hay más actores, cantantes, periodistas y conductores castigados por atreverse a dar una entrevista en la tienda de enfrente, ya no se diga por aceptar un trabajo.

En este negocio hay dos tipos de talentos: los exclusivos y los transversales.

Los exclusivos no necesariamente son los que cobran una exclusividad, son los que a fuerza de haber hecho una carrera con una sola marca, se han convertido en rostros emblemáticos de una compañía.

Los transversales son hombres o mujeres que, por su especialidad como los chefs, los atletas, los analistas políticos o cierto tipo de luminarias, pueden ir o venir de una televisora a otra sin que pase nada malo.

¿Qué sucede cuando un exclusivo de una televisora aparece en otra o en otras?

Cualquiera diría: ¡Uy, qué bueno! ¡Es libre! ¡Merece triunfar!

La verdad es que no. Cuando un exclusivo de una televisora aparece en otra atenta contra la identidad de esa otra corporación, contra sus valores, contra lo que la hace diferente.

¿A usted no le ha pasado que enciende la tele, sintoniza cualquier cosa y llega un punto en que no sabe si está viendo una producción de Televisa, de Tv Azteca o de Imagen Televisión?

Esto es pésimo porque crea una sensación igual de decepcionante que la que muchos mexicanos sentimos hacia nuestros políticos chapulines.

Una sensación de: todos son iguales. Igual de malos, igual de corrientes, igual de corruptos. ¿Eso es lo que quieren las televisoras?

Supongo que no pero en este asunto de la competencia, con tal de amolar al de enfrente, se están cometiendo demasiados errores.

Ya no estamos a finales de los años 90 cuando México vivió fenómenos como el de La guerra de las televisoras.

Hoy el contexto es otro. Ya no se puede ganar perjudicando, robando rostros, manipulando a la opinión pública. Hay que crear.

¿Crear qué? Talentos exclusivos y transversales (porque ambos son válidos y necesarios), apoyar a las escuelas como el CEA, el CEFAT y Casazul, crear condiciones óptimas para que actores, cantantes, periodistas y conductores puedan hacer una carrera larga y próspera.

Y, lo más importante, crear lazos con las personas que llevan años trabajando en las televisoras y que, por andar trayendo figuras de fuera, jamás han recibido una oportunidad para hacer algo más, para crecer.

Urge volver a pensar en la gente. Urge no ser como los políticos chapulines. ¿O usted qué opina?

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