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Martes , 11.12.2018 / 15:42 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

El problema de las telenovelas extranjeras

Álvaro Cueva

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Le quiero pedir un favor a Tv Azteca, a Imagen Televisión y a todas las televisoras mexicanas que tengan o que pretendan tener telenovelas extranjeras:

Analicen seriamente la parte ideológica de lo que le están ofreciendo a sus audiencias y no sean tacaños, inviertan en doblaje, edición y musicalización.

Azteca Uno acaba de estrenar un melodrama turco titulado Fuerza de mujer.

E Imagen Televisión tiene una telenovela de la India de nombre Saras & Kumud, más toda una avalancha de producciones turcas y brasileñas.

No nos hagamos tontos, ninguna telenovela importada, por más buena que esté, es noticia en este país.

¿Por qué? Porque somos la meca mundial de las telenovelas.

Es como si les quisiéramos enseñar a hacer café a los colombianos. ¡No se puede!

¿Entonces por qué, de un tiempo a la fecha, a muchos canales les ha dado por importar esta clase de productos?

Porque son baratos y resuelven un millón de broncas de programación.

El problema está en que pensar así no es pensar en televisión, es pensar en finanzas.

Resultado: aunque hay un nicho que no se pierde esta clase de emisiones, a las grandes multitudes no les interesan.

¡Y qué cree! La televisión abierta es un negocio de grandes multitudes.

¿Por qué no importamos telenovelas de países de habla hispana como Argentina?

Porque la televisión mexicana prefiere, en esos casos, comprar los libretos y adaptarlos en lugar de pasar la lata.

Conclusión: los talentos de otros rincones de nuestra región pierden cualquier posibilidad de difusión aquí y nosotros, la capacidad de contar nuestras propias historias. ¡Es todo un tema!

¿Por qué no se compran telenovelas asiáticas? Entre otras razones, porque son cortas y eso no resuelve las grandes broncas de los programadores de este país. Luego profundizamos.

Regresemos al punto de origen de esta columna. ¿Qué sucede con las telenovelas extranjeras que se están programando o que se van a programar en México? ¿Son malas?

¡Para nada! Yo le puedo firmar, por ejemplo, que Fuerza de mujer es una belleza y que La sultana Kosem es una joya de la televisión mundial pero son peligrosas y no trascienden.

¿Por qué son peligrosas? Porque no corresponden a nuestro modelo cultural y eso está marcando a las audiencias.

¿Puede haber algo más peligroso que poner en otras naciones la responsabilidad de la educación sentimental de los mexicanos?

Esto se tendría que estar discutiendo en la Secretaría de Gobernación.

Los turcos, los indios, los brasileños y todos los demás son pueblos que se merecen todo nuestro respeto pero, perdón, su concepción de la familia, de las clases sociales y de muchos otros temas va más por otro lado.

Voy a decir algo que espero que no se malinterprete pero yo no quiero que las mujeres de mi familia aprendan a ser como las mujeres turcas.

Lo siento, no. Ya bastantes problemas tenemos aquí con todo lo que estamos peleando para que vengan estos señores a inculcarnos su muy particular interpretación de la feminidad.

E insisto, los turcos son grandes y les admiro muchas cosas pero, a menos que se trate de un ejercicio de difusión cultural, como los que se hacen en nuestros medios públicos, no me interesan sus enseñanzas mediáticas.

Ayer en Saras & Kumud, le repito, de La India, el galán se arrodilla frente a su novia hospitalizada en una clínica donde todos andan enjoyados y descalzos, le pide a un dios rarísimo que le resucite a la chava que, por cierto, acaba de morir… ¡Y el dios se la resucita!

¿A usted no se le hace delicado? ¡Y todavía hay gente que se queja de La rosa de Guadalupe donde nunca ha pasado algo así!

A ver, ¿por qué no se quejan de la intervención de un dios extranjero en esto que por definición es un género didáctico? ¡Por qué!

¿Y lo del doblaje, la edición y la musicalización? ¿Por qué se lo estoy pidiendo a nuestras televisoras?

Porque si no hay más remedio que importar, hagámoslo bien, invirtamos en un doblaje mexicano de calidad como el que tenían Los Simpson con Humberto Vélez, editemos a la mexicana y musicalicemos con nuestros estándares.

El doblaje de las telenovelas turcas y brasileñas tiende a ser mediocre, automático, pésimo. ¡Ni ganas dan de verlas porque nomás de oírlas dan flojera!

Y sí, sí hay que reeditarlas porque los hábitos y costumbres de los televidentes en esos países son diferentes a los nuestros.

Algunas de las producciones que estamos importando son lentísimas porque jamás fueron diseñadas para competir. ¡Cómo quieren que funcionen aquí bajo ese esquema!

Y hay unos acordes, sobre todo en las turcas, que matan cualquier emoción.

¿Quién quiere oír un laúd árabe todo bucólico cuando tendría que entrar un órgano cargadísimo de emoción? ¡Quién!

Qué triste situación la de la televisión mexicana, ahora tan dependiente de las telenovelas que se hacen en otras culturas. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com

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