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Domingo , 17.06.2018 / 18:56 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

El 'nuevo' 'Hoy'

Álvaro Cueva

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Quiero darle las gracias públicamente a Televisa por esa preciosa campaña que su fundación está transmitiendo en diferentes canales para enseñarle a la gente a decir que no.

Usted la ha visto. Es de una belleza técnica y editorial como para meterla a los mejores concursos del mundo y ganar.

Es algo que todos debemos ver y que todos debemos promover, porque solo así dejaremos de vivir en la mediocridad, en la ignorancia y en la corrupción.

Gracias, Televisa, por enseñarnos a decir que no y, precisamente porque tú nos has dado las herramientas para llegar a esto, te digo que no.

No quiero ver tu nuevo Hoy. No quiero seguir perdiendo el tiempo con tan monstruoso ejercicio de doble moral. No quiero que me sigas ofendiendo con esa producción.

No, no, no y mil veces no. No le voy a seguir el juego al ego de sus responsables. No lo voy a dejar entrar a mi casa. No lo quiero. No lo voy a sintonizar.

Sí entendiste, ¿verdad? No es no, y si los anuncios de tu fundación son de verdad, entonces corrige, recapacita.

¿Qué está pasando aquí? Mucho más de lo que parece.

Hoy era un bocanada de frescura donde todos se divertían bailando, celebrando cumpleaños e invitando a la gente a participar con sus ocurrencias, incluso desde las calles.

Algo pasó en el camino que todas las personas de todas las áreas de este proyecto se lo comenzaron a tomar en serio.

Resultado: Hoy se convirtió en la hoguera de las vanidades, en un infierno donde uno ya no sabe qué ego es más grande, si el de sus productores, sus conductores, sus colaboradores, sus reporteros o sus jefes de información.

Y no lo digo porque alguien me lo haya contado.

Lo digo porque lo he sintonizado desde que nació, porque se nota al aire y porque en esta nueva versión los conductores ni siquiera se saben el nombre completo de sus compañeros. ¡No los voltean a ver!

Observe con detenimiento cualquiera de las transmisiones de este año. No hay armonía.

Cada conductor está en lo suyo, sí, cumpliendo, pero no en equipo y la magia de Hoy era la magia de un equipo que al entrar a nuestros hogares se convertía en una prolongación de nuestra familia.

Ninguna familia mexicana puede ver al nuevo reparto de este show e identificarse con él a menos que se esté desintegrando. ¿Y ese no es el objetivo, o sí?

Si en el Hoy de Carla Estrada la soberbia era un problema, en el de Reynaldo López es una enfermedad.

Se nota desde la escenografía y la estructura.

Esta gente se cree tanto que en lugar de hacer un entrañable programa de catálogo para la televisión abierta nacional está haciendo un programa de revista para los cables y las antenas directas al hogar.

No estoy diciendo que los conductores sean malos, que no haya secciones rescatables o que Televisa haya actuado de mala fe.

Estoy diciendo que aquí hay una confusión de lenguajes espantosa, que lo único que genera es mucha incomodidad.

¿Entre quienes? Primero entre los conductores, pero después, y aquí está lo peor, entre el público y la pantalla.

Si uno quiere ver un programa como los que salen en los cables y en las antenas directas al hogar, pone el cable o la antena directa al hogar, no El Canal de las Estrellas.

¿Qué tiene de malo hacer televisión abierta digna, honesta y de calidad como la que hacían Chabelo, Raúl Velasco y Guillermo Ochoa?

En este momento todo está volviendo al origen. ¿Por qué Hoy, en lugar de regresar a sus orígenes, cada día se traiciona más?

Hoy no era esta cosa hipócrita donde, por un lado, se pretende hablar de temas importantes como los valores, la medicina y la nutrición y, por el otro, se venden como buenas telenovelas unas muy malas y se le hacen juicios de valor asquerosamente sensacionalistas a algunas celebridades.

O eres muy serio y te comprometes con los valores, la medicina y la nutrición, o eres muy corriente y engañas a la gente chismeando, sacándole a las estrellas sus trapitos al sol y fingiendo que las telenovelas que ni siquiera te emocionan son maravillosas.

A esto me refiero cuando le hablo de doble moral.

¿De qué sirve esa escenografía tan cara, esa luz tan dramática y ese manejo tan exhaustivo de las redes sociales si al final a todos, de este lado de la pantalla, nos queda una sensación como de mansaje de político corrupto?

Hoy no era ni muy serio ni muy corriente. Hoy era Hoy, un programa de catálogo para la televisión abierta nacional. Punto.

¿Por qué algo que es tan básico es tan difícil de comprender? ¿Por qué esta gente que hace algo tan humilde se siente tan fina?

¿Ahora entiende cuando le doy las gracias a Televisa por enseñarme a decir que no?

Esto no puede ser, no es lo que nos merecemos, no es lo que necesitamos.

Por favor, Televisa, recapacita. Devuélvenos Hoy, pero no el del año pasado, el verdadero, el que todos llevamos en el corazón. Estaría de lujo. ¿A poco no?

@AlvaroCueva

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