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Domingo , 09.12.2018 / 18:53 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

El nefastísimo final de ‘La piloto’

Álvaro Cueva

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Perdón por escribirle hoy de algo que, en teoría, a nadie le importa porque ya acabó.

Pero lo que sucedió ahí fue tan delicado que quedarse callado sería caer en un ejercicio de complicidad y yo no estoy dispuesto a que con el paso de los años se me juzgue por no haber puesto en su lugar uno de los proyectos más nocivos de toda la historia reciente de la televisión mexicana.

Por supuesto, me refiero a La piloto y a su nefastísimo final, que se transmitió el domingo pasado, a las 22 horas, en Las Estrellas.

Como usted sabe, La piloto era una mutación latina, entre serie y telenovela, que le rendía homenaje a un personaje de la vida real, a una mujer que… ¡Ayudaba al narco!

¿Cómo? Transportando droga de un lugar a otro hasta convertir su sueño en realidad, el de pilotear aviones de manera profesional.

No hay manera de perdonarle a Televisa su apoyo al narco a través de la transmisión de este programa en el horario más importante de su canal más poderoso.

Y aunque Tv Azteca lo haya hecho antes con Rosario Tijeras e Imagen Televisión con Perseguidos (El capo), estamos hablando de la señal más legendaria de este país, de la que más influye en nuestra forma de ser, de sentir y de pensar.

Es como si alguien pusiera un burdel en la catedral, es un acto de incongruencia que a lo mejor hoy no se nota pero que con el paso del tiempo pasará factura.

¿Qué le hubiera costado a los programadores de Las Estrellas haber puesto La piloto en Blim y haber colocado en ese horario un proyecto mucho más adecuado para el perfil de esa señal como En tierras salvajes?

En el sistema de distribución de contenidos en línea de Televisa, La piloto hubiera sido tan efectiva como Narcos en Netflix o como La hermandad en ClaroVideo. ¡Hasta la hubiéramos celebrado!

Cada ventana sirve para una cosa diferente y la bronca ahí no fue tanto de producto, fue de programación y a las pruebas me remito:

Yo, como suscriptor de Blim, recibí, el 9 de febrero de este año, un correo electrónico que decía, literalmente:

Este lunes 13 de febrero ya no tendrás que esperar, disfruta antes que nadie y las veces que quieras la serie La Piloto por Blim. Una historia llena de drama, acción y sensualidad que te atrapará.

¿Y qué fue lo que sucedió? Pues que evidentemente alguien se volvió loco porque La piloto jamás se estrenó en Blim, como que la congelaron y la pusieron meses después en Las Estrellas. ¡Falta de respeto total!

Discúlpeme que le dé todos estos detalles pero un país con tantos problemas de seguridad como el nuestro, un país donde se mata a las mujeres, no se puede divertir en televisión abierta privada nacional con algo como La piloto.

No es chistoso inculcarle a nuestros niños el sueño del narco como una salida a la pobreza. No es bonito hacer de una delincuente una suerte de Wonder Woman latinoamericana.

La televisión abierta, por sus características, tiene un componente didáctico poderosísimo y no lo digo yo. Está en un montón de libros.

Me preocupa que la temporada uno de La piloto haya tenido un final feliz.

El mensaje fue: amigos, hagan lo que quieran, maten, torturen, ayuden al narco. Al final, si se arrepienten, hasta la ciudadanía gringa les van a dar.

Y no solo eso, encontrarán pareja y se verán espléndidos. ¡Vale la pena! ¡Vamos! ¡Todos al narco!

¿Se da cuenta de lo que le estoy diciendo? Las narconovelas de mujeres como La reina del sur, La viuda negra o la versión original de Sin tetas no hay paraíso normalmente acaban en castigo. En soledad, cárcel o muerte.

La piloto acabó en premio porque la protagonista ni siquiera dio indicios de la más mínima afectación psicológica o moral.

¡Jamás sintió algo parecido a la culpa! Era una mujer mala y no solo eso, cínica.

¿Qué fue lo que esta muchacha dijo cuando le preguntaron que qué había pasado después de, entre otras cosas, provocarle la muerte a la mujer que alguna vez fue su mejor amiga? Oficialmente no pasó nada.

¿Nada? Vimos una masacre en pantalla. Chafa, pero masacre. Golpes y balazos por un lado con unos personajes. Más golpes y hasta desmembramientos por el otro con ella. ¿Y no pasó nada?

Televisa tuvo la oportunidad histórica de crear una especie de Ana del aire justiciera, de Lola la trailera de los aviones, y en lugar de eso, quién sabe cómo supervisó esos libretos pero acabó cayendo en lo negativo, en lo impropio.

¿Qué se hace en esto casos? Cualquier cosa menos callar.

¿Para qué? Para impedir que la historia se repita, para que cuando llegue la temporada dos de éste y de otros conceptos sus responsables se apliquen, para que los mecanismos de distribución regresen a la normalidad.

Usted está en su derecho de consumir lo que quiera, de amar o de odiar esto y más, pero la televisión abierta tendría que alimentarnos con otra clase de historias. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com

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