• Regístrate
Estás leyendo: El libro que lo dice todo
Comparte esta noticia
Miércoles , 16.01.2019 / 15:36 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

El libro que lo dice todo

Álvaro Cueva

Publicidad
Publicidad

Me parece fantástico que justo hoy que las telenovelas mexicanas son la burla del mundo y que exactamente en este momento en que nuestras televisoras, desesperadas, están apostando por las narconovelas para ver si así medio logran llamar la atención de las audiencias que han perdido en los últimos años por su infinita soberbia, Tere Vale publique su libro Valentín Pimstein, una vida de telenovela.

¿Por qué? Porque es una cachetada con guante blanco para nuestra industria, una cátedra de televisión para las nuevas generaciones y, lo más maravilloso, una magnífica historia que coincide con el boom de biografías del medio artístico que está inundando a toda América Latina.

En caso de que usted no lo sepa, Valentín Pimstein es uno de los más grandes creadores de telenovelas, de todo el mundo, de todos los tiempos.

Trabajó durante décadas en lo que hoy es Televisa y varias generaciones de hombres y mujeres, de los cinco continentes, crecieron gozando de sus producciones y recibiendo sus enseñanzas emocionales.

Valentín Pimstein, una vida de telenovela es un librazo y se puede leer desde diferentes perspectivas.

Primero, como su nombre lo indica, como la biografía de este señor que junto a don Ernesto Alonso le dio sentido a la grandiosa e inolvidable telenovela mexicana.

Pero, además, se puede disfrutar como una deliciosa historia de las telenovelas en México, como una revisión de la evolución de la televisión nacional desde sus orígenes hasta las mismísimas redes sociales, como un paquete de espléndidas entrevistas y como muchos muy buenos chismes sobre los ricos y famosos del espectáculo de los últimos 60 o 70 años.

A mí me emociona profundamente, porque siempre he amado las telenovelas. No entiendo mi vida sin ellas.

El hecho de que una gran periodista como Tere Vale les dedique un libro ciento por ciento documentado y profesional, confirma que valió la pena todo lo que vi, todo lo que estudié.

Me hace sentir que no me equivoqué y, lo mejor, me devuelve la esperanza en este formato tan despreciado por los jóvenes y los intelectuales en la actualidad.

Por si todo lo que le acabo de decir no fuera suficiente, esta aportación me llena de dicha, porque yo, cuando era un niño muy pequeño, en Monterrey, leía a Tere Vale en la revista Tele-Guía.

Conocerla hoy y haber sido entrevistado por ella para este texto, me hace inmensamente feliz.

Es como cerrar un círculo, como abrir otro que coincide con muchas cosas que estoy viviendo. Es un regalo de Dios.

Por favor, léalo para que me crea cuando le digo que hubo una época en que las telenovelas eran las reinas del entretenimiento nacional, que hubo un momento en que México fue el campeón mundial en la producción de esta clase de emisiones.

Devórelo para que aprecie esta parte de nuestro patrimonio cultural, para que sufra como yo por todo lo que hemos perdido, para que no se deje engañar por productores mediocres y para que le pueda exigir, con argumentos, más y mejores contenidos a las casas productoras de 2016.

Valentín Pimstein, una vida de telenovela está perfectamente bien escrito y tiene grandes referencias bibliográficas y declaraciones lo mismo de las grandes estrellas de nuestra televisión que de productores y familiares de este señorón.

Se va a enterar de cosas que ni se imaginaba de cómo se maneja este peculiar industria latinoamericana y va a aprender un montón de asuntos que ya casi no se mencionan como el melodrama o como los aspectos didácticos de esta clase de conceptos.

Además, se hace una selección de las 40 telenovelas más importantes de este genio como Gutierritos, María Isabel, Yesenia, El amor tiene cara de mujer, Mundo de juguete, Rina, Los ricos también lloran, Colorina, Vivir un poco, Rosa salvaje, Carrusel, Simplemente María y María Mercedes.

Esto sin dejar de presentar fotografías y de reflexionar sobre cuestiones concretas como los refritos, la selección de repartos y el impacto político, sobre todo en el extranjero, de estas obras sentimentales.

¿Qué tenía Valentín Pimstein que no tienen los ejecutivos de ahora?

Una admirable disposición para trabajar para las clases menos favorecidas.

Ahora todos los productores se creen cineastas y sienten tanta vergüenza de lo que hacen que en lugar de llamarlo telenovela, lo llaman serie o teleserie. ¡No vaya a ser que se les vaya a secar el cerebro!

No, pero espérese. No le he dicho nada. Don Valentín también tenía una ausencia total de pudor para romper esquemas audiovisuales y una asombrosa capacidad de observación.

Imagínese: antes de que se inventaran los estudios de mercado, él ya estaba mirando a la gente, preguntándole su opinión, atendiendo sus necesidades.

Por favor, luche por leer Valentín Pimstein, una vida de telenovela, le va a gustar.

¡Felicidades, Tere!

alvaro.cueva@milenio.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.