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Lunes , 22.10.2018 / 03:34 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

El ‘Game of Thrones’ de Netflix

Álvaro Cueva

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Dígame, por favor, que usted, como yo, ya vio completa la primera temporada de La catedral del mar en Netflix.

¿No se le hizo una experiencia de lo más apasionante?

La catedral del mar es la versión para televisión de un famoso best seller que circuló hace algunos años y que narra una historia llena de acción, amor y suspenso.

En una primera lectura es la historia de cómo se construyó una de las iglesias más famosas de Barcelona, la basílica de Santa María del Mar, más o menos como vimos antes en Los pilares de la tierra.

Y en una segunda, es la historia de un hombre de la edad media catalana cuya vida, desde antes de que naciera, acaba amarrada a la construcción de Santa María del Mar.

Pero la verdad es otra. La catedral del mar es un Game of Thrones español, el principio de una saga producida por algunas de las mejores casas europeas y que yo estaba esperando con desesperación por alguno de los canales de televisión de paga que nos llegan desde allá.

Pero Netflix se les adelantó, adquirió los derechos, la incluyó en su catálogo de novedades y el resultado es sensacional.

No hay manera de ver aquello y de no caer rendido ante su construcción dramática, ante su estructura, ante sus personajes y ante su nivel de espectáculo.

Y como finalmente es un producto que tiene que ver con una de nuestras raíces históricas más importantes, el fenómeno de identificación es instantáneo.

Aquí no hay dragones, pero hay un esquema de valores que los mexicanos compartimos con España y Cataluña.

Aquí no hay caminantes, pero hay políticos, sacerdotes, empresarios, judíos, trabajadores, doncellas, asesinos y prostitutas que hacen que uno se sienta como en casa.

La catedral del mar es un melodrama épico que dice cosas fundamentales de la libertad, del amor y de la fe en el mejor estilo de Los miserables.

Nuestra ventaja respecto a los mercados europeos es que nosotros, en lugar de tener que esperar a ver un capítulo por semana, nos podemos echar todos los episodios en uno o dos maratones.

Si usted la comienza a ver, no va a poder parar. Se lo garantizo.

Yo la amo por muchas razones. Primero, porque es un canto a la familia.

Ver La catedral del mar es entender lo que un padre puede hacer por un hijo, lo que una mamá puede llegar a sacrificar por los suyos. Es algo que no existía en el mercado.

Segundo, porque es una historia de fe, de fe en Dios, de fe en la Virgen pero, sobre todo, de fe en el ser humano.

Estar ahí es volver a creer, a llenarse de ilusión, a luchar por un sueño, volver a tener ideales. Es llenarse de esperanza. Es hermoso.

Y tercero, porque su universo es de una riqueza brutal. Muchos de los conflictos que tenemos ahora de corrupción, de injusticia, de impunidad y hasta de discriminación y de cuestión de género, están presentes en La catedral del mar.

Esta serie es emocionantísima, sí, pero no es una serie tonta. Es un producto que critica, que cuestiona y que denuncia desde la posición de la mujer en nuestra sociedad hasta el odio que muchas personas pueden sentir por gente de otras religiones, de otras culturas.

Cuando yo era niño era muy común que nuestros papás nos llevaran al cine a ver, en ciertas épocas del año, películas de corte épico como Los diez mandamientos o Ben Hur.

La catedral del mar es eso pero en el siglo XXI y a través de una plataforma tan prodigiosa como la de Netflix.

Me interesa mucho decir esto porque como todo el mundo anda con lo de Game of Thrones, no faltará el que se imagine un derroche de dinero, de sexo, violencia y efectos especiales.

Pero no, La catedral del mar sin dejar de ser un gran show, costó menos, va por otro lado y yo diría que es para un público más abierto, más para adolescentes y adultos.

Me llena de orgullo que los españoles hayan sido capaces de convertir este gran libro en televisión y, lo más sensacional de todo, transformarlo en otra cosa.

¿En qué? En el principio de algo. Le explico: la historia de La catedral del mar es una. Punto. Aquí está. Gracias.

Pero el fenómeno de esta título a nivel internacional es tan grande que el mercado está pidiendo a gritos más temporadas.

Yo no sé si sus creadores las vayan a hacer, si le darán continuidad a los mismos personajes o si se quedarán solamente con la basílica como gran protagonista y a partir de ella tejerán otras historias igual de apasionantes.

Lo que sí sé es que esto es muy revelador, que confirma la grandeza de este proyecto y que podría servir de ejemplo para muchos otros conceptos nacionales e internacionales. Aprendamos.

Mire, yo sé que el mercado está atascado de estrenos de todo tipo en todas las ventanas pero le ruego que vea La catedral del mar en Netflix.

No solo va a reconocer a muchos de sus actores favoritos de mil y un series españolas, será feliz y eso no se consigue todos los días. ¿A poco no?

alvaro.cueva@milenio.com

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