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Domingo , 17.06.2018 / 17:52 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

El futuro de la televisión

Álvaro Cueva

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En los últimos días he convivido con mucha gente de la industria de la televisión mexicana.

Desde ejecutivos y actores hasta periodistas y personas que se quedaron sin trabajo. Todos están preocupados porque asumen que, en general, a la televisión le está yendo muy mal.

Pero fíjese por qué lo dicen: no es porque la gente no esté mirando las pantallas, no es porque la publicidad no se esté vendiendo. Es porque esto no trasciende.

¿Qué significa lo que le acabo de decir? Que ya no conmociona a las multitudes, que ya no paraliza ciudades, que ya no se comenta a gran escala.

En resumen, que no da nota en contraste con las redes sociales.

En internet, hasta el video más baboso, barato y truculento se convierte en trendig topic.

Para que un noticiario, una telenovela o un programa de revista se convierta en noticia y, sobre todo, para que se convierta en noticia en positivo, se necesita poco menos que un milagro.

Y comienzan las dudas: ¿será que la televisión tiene sus días contados? ¿Será que el futuro está en la internet?

Cada vez que escucho esto, entre que me quiero reír, entre que me quiero enojar, y entre que quiero salir corriendo.

Creo que es muy estúpido comparar a la televisión con la internet y que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Las redes sociales son una maravilla pero son eso, redes sociales. La televisión es otra cosa y, por cierto, está pasando por uno de sus momentos de máximo esplendor a nivel mundial.

¿Entonces por qué hay tantas dudas en la industria de la televisión mexicana?

Porque la industria de la televisión mexicana, desde hace años y salvo honrosas excepciones, se la ha pasado haciendo de todo menos televisión.

¿Cómo queremos que este negocio dé nota si ahora nos dedicamos a las finanzas, a la política y a cosas peores?

¿Por qué los millennials no ven las telenovelas del Canal de las Estrellas, de Azteca 13 o de Cadenatres?

No es porque sean millennials. Es porque tendrían que estar verdaderamente lobotomizados para aplastarse a ver historias viejas, malas y grabadas con las patas.

¡Ah, pero la soberbia de la gente que maneja la mayoría de nuestros canales es tan grande que cómo van a reconocer esto!

Resultado: vamos a hacerles programas a los millennials como Big Brother, Gud Nite y Zona ruda porque lo que ellos necesitan son nuevas estrategias, nuevos formatos.

Alguien que piense que un reality show como Big Brother, que un late night show como Gud Nite o que un programa de videos chuscos como Zona ruda representa algo nuevo, tiene serios problemas y se debe dedicar a otra cosa.

Los millennials podrán tener todas las peculiaridades que usted quiera, guste y mande, yo los adoro, pero son, ante todo, hombres y mujeres que merecen respeto.

¿Por qué cree usted que ellos aman series como The Walking Dead, telenovelas coreanas como Mi amor de las estrellas y animaciones japonesas como Death Note?

No es porque un docto ejecutivo haya concluido, tras 14 carísimos cursos de capacitación, que había que diseñar algo especial para ellos.

Es porque un productor gringo dijo: voy a hacer una buena serie, porque un empresario coreano propuso: vamos a hacer una buena telenovela y porque un equipo de escritores japoneses comentó: vamos a crear una buena animación.

La televisión mexicana, si bien sigue siendo una mina de oro, está estancada en términos de percepción porque casi nadie está haciendo lo que tiene que hacer.

Los productores de noticias, en lugar de estar peleando la nota, se están cuidando para no afectar los intereses de sus empresas y de sus patrocinadores.

Los escritores de telenovelas, en vez de estar contando las mejores historias que se pudieran contar en este instante, están buscando la manera de abaratar costos.

Y los responsables de las áreas de entretenimiento, en lugar de estar divirtiendo a las multitudes, están resolviendo cualquier cantidad de broncas, soportando malos tratos e impulsando hashtags.

La televisión mexicana no necesita una revolución que venga y cambie las telenovelas por series, los talk shows por programas de investigación periodística y las áreas de deportes por shoppings malls audiovisuales. Necesita volver a ser televisión.

El día que esto ocurra, todos, millennials y no millennials, volveremos a presumir con orgullo lo que estemos mirando en nuestros monitores.

Y volveremos a hablar de esto como en el pasado, volveremos a hablar de esto tal y como hablamos hoy de otros productos de otros países.

Amigos de la industria de la televisión mexicana: no se quiebren la cabeza, no pierdan el tiempo, no tiren su dinero.

No hay que volver a lo viejo, hay que volver al origen de este negocio que es la diversión, la información y la educación pero de verdad, con calidad, entrega y profesionalismo. ¿O usted qué opina?


alvaro.cueva@milenio.com

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