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El pozo de los deseos reprimidos

El final de temporada de ‘Game Of Thrones’

Álvaro Cueva

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A mí sí me gustó el final de la séptima temporada de Game of Thrones. A mí sí me funcionó perfectamente bien el HBO Go durante la transmisión de ese capítulo.

Y a mí me sigue enloqueciendo esta serie y yo sí voy a estar dispuesto a esperar el tiempo que sea necesario para volver a sintonizarla de manera legal.

¿Por qué le estoy diciendo esto? Porque está ocurriendo un fenómeno muy sintomático en la opinión pública y en las redes social.

Como ahora Game of Thrones ha dejado de ser una producción elitista, muchas de las personas que se sentían superiores por poder presumir que la miraban ya no están felices.

¿Cómo, si ellas era las únicas que podrían decir que la entendían?

¿Cómo, si ellas eran las únicas lo suficientemente arriba como para pagar por un paquete como el HBO Max en los cables y las antenas directas al hogar?

Por tanto, le están encontrando 20 mil defectos, están gozando contándole a los demás lo que acaba de suceder y están haciendo memes, hasta de las cosas más serias, nada más por fregar.

La democratización ha hecho de este título un cañonazo histórico, pero al mismo tiempo lo ha puesto en una posición incómoda. ¿Cuál es la nota de lo que sucedió el domingo pasado?

Primero, la unión de millones de personas, en los cinco continentes, alrededor de la transmisión de un capítulo de una serie dramatizada.

Ojo con lo que le estoy diciendo, porque esto no fue la final de un Mundial de futbol, la inauguración de unos Juegos Olímpicos o una ceremonia como la del Oscar.

Fue el desenlace de una historia televisiva, planteada en varios capítulos, con actores interpretando personajes salidos de la mente de un escritor.

No sé a usted, pero a mí esto se me hace hermoso, me confirma que la televisión sigue y me recuerda muchas cosas preciosas.

Desde lo que sucedía en nuestro país hace 20 o 30 años cada vez que terminaba una telenovela estelar, hasta las convivencias con familiares, amigo y compañeros de la escuela y del trabajo tratando de adivinar lo que iba a suceder en la pantalla.

Game of Thrones no es otra cosa más que la actualización y globalización de algo que sucedía antes, en la primera gran ventana de esta industria, en los pequeños mercados locales.

Antes, cuando no había internet ni redes sociales, las multitudes se congregaban ante los monitores mexicanos para enterarse de lo que iba a suceder con Catalina Creel (María Rubio) en el desenlace de Cuna de lobos (1987).

Antes, las masas se arremolinaban frente a sus enormes aparatos de radio de la legendaria Cuba para escuchar lo que iba a pasar con María Elena del Junco (Marta Casañas) en el último episodio de El derecho de nacer (1948).

Hoy no se trata ni de Catalina Creel ni de María Elena del Junco, se trata de Daenerys Targaryen (Emilia Clarke).

Pero en esencia es lo mismo: la lucha del bien contra el mal, la búsqueda de la justicia, la resolución de enigmas y la ilusión de un final feliz en un mundo oscuro.

Millones de dólares más, millones de dólares menos, por eso amo Game of Thrones, por recordarnos que somos cavernícolas ansiosos de que nos cuenten historias alrededor del fuego, por darle continuidad a la magia del espectáculo dramatizado.

Pero aquí hay otra nota que no le puedo dejar de mencionar en torno a lo que sucedió la noche del domingo pasado en HBO: nos dieron gusto.

A diferencia de lo que últimamente está sucediendo en muchas plataformas, este final de temporada cumplió con todas las expectativas de todas las audiencias.

Las que querían ver la reunión de ciertos personajes, la vieron. Los que querían chisme sobre los orígenes de ciertos roles, lo tuvieron.

Los que querían sangre, la recibieron.

Los que no se podían ir sin su dosis de fantasía extrema, la obtuvieron.

¿Y qué me dice de la parte de las nuevas alianzas y de las traiciones? ¡Guau! ¡Qué cosa tan más enorme, tan más completa, tan más profunda!

Aquello fue tan, tan, pero tan perfecto que yo no sé cómo le van a hacer los responsables de esta obra maestra para sostener semejante nivel durante los próximos capítulo.

Y, lo más complicado de todo, para cerrar todas las muchísimas historias que se abrieron desde la temporada uno de esta producción original.

¿Ahora entiende cuando le digo que esto a mí sí me gustó? La pregunta es: ¿le gustó a usted?

Lo bueno es que vamos a tener de aquí a 2019 para discutir esta joya escena por escena y, en el caso de quienes apenas le están entrando a este concepto, para ponernos al día.

Y no, ni se queje de que falta mucho tiempo, porque así nos tienen también los señores de Marvel, de DC y de Star Wars. ¡Y a que nadie se queja de ellos!

¡Gracias, HBO, por ese final de temporada tan enloquecedoramente increíble! ¡Gracias por creer en la televisión y por amarla! ¡Gracias por Game of Thrones! ¡Vamos por más! ¡Así se hace! ¡Bravo! ¡Bravísimo!

alvaro.cueva@milenio.com

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