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Jueves , 18.10.2018 / 14:12 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

El festín de José Ramón

Álvaro Cueva

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Para saber quién es quién, hay que ver más allá de la tele, conocer a los protagonistas de esta industria y observarlos fuera de la pantalla.

¿Qué hacen? ¿En verdad son congruentes, realmente predican con el ejemplo o son las típicas figuras públicas que lo único que quieren es sacarle hasta el último peso a sus televidentes a través de unas presentaciones personales improvisadas, decadentes y vergonzosas?

Por eso siento una admiración muy especial por José Ramón Castillo, el más famoso chef chocolatero de la televisión nacional e internacional quien actualmente triunfa en el canal Foxlife con su programa 3 minutos chocolate.

José Ramón es exactamente igual dentro y fuera de los monitores, un hombre trabajador, culto, creativo, valiente y comprometido no solo con sus productos, comprometido con toda la industria del cacao y, en general, con México y sus alimento tradicionales.

Y este compromiso va, del más humilde de los campesinos al más encumbrado de los empresarios pasando por distribuidores, cocineros y tenderos hasta rematar, obviamente, con nosotros, los consumidores.

El martes pasado tuve el privilegio de volver a ir a una de las cotizadísimas catas de chocolates que el maestro Castillo organiza en sus tiendas Qué Bo!

¡Tuve que reservar mi lugar desde junio! Pero valió la pena, porque sigue siendo una de las experiencias gastronómico-mediáticas más maravillosas que existen.

José Ramón sensibiliza a sus comensales hasta enseñarlos a diferenciar, con los ojos cerrados, entre diferentes tipos de chocolate y, poco a poco, les va ofreciendo bombones de tantos tipos y de tantos sabores, tan nuestros, que no hay manera de no experimentar un placer infinito a cada mordida.

Bombón de mango con chile, de limón con chía, de pan de muerto, de chicle Motita de plátano...

El señor consigue, a través de sus ingredientes, transportar a su público a épocas y lugares que ya ni siquiera existen. Sus catas no son como las que se ofrecen en otros lados, son actos de amor.

Cada bombón tiene su historia, su razón de ser y luego viene un mezcal finísimo y luego un vino exquisito.

Y al final uno ya no sabe si está en El festín de Babette, en Como agua para chocolate o en el mismísimo paraíso, pero definitivamente ya no está donde estaba antes.

Se ha transformado, se ha convertido en alguien mejor gracias al talento de un genio de la cocina y de la televisión.

¿A eso me refería cuando le decía que ésta era una experiencia gastronómico-mediática? ¿Al hecho de que el maestro Castillo sale en la televisión?

No, lo decía porque la cata incluye la proyección de varios cortometrajes que seducen a la gente con la belleza de la Ciudad de México y el trabajo de José Ramón.

El chef Castillo no vale porque salga en la tele, vale porque es chef, vale por una larga lista de cosas que nunca se comentan en las secciones de espectáculos, pero que son particularmente valiosas.

José Ramón pelea por los campesinos mexicanos, por los hombres y las mujeres que cultivan nuestro cacao, nuestra vainilla y hasta nuestros agaves.

Él va y defiende a los indígenas que tardan horas en recolectar unos cuantos gusanos de maguey y unos cuantos insectos comestibles, y que son maltratados por tipos que no aprecian lo que hacen y que les quieren pagar como si fueran limosneros.

José Ramón Castillo lucha contra las plagas que atentan contra nuestro campo, discute con los políticos, consigue cosas.

¿Cuántos otros personajes de la televisión son capaces de hacer la mitad de eso? ¡Cuántos!

Y espérese, porque esto apenas comienza. José Ramón lleva años compartiendo sus conocimientos con las nuevas generaciones de chocolateros. Es un gran maestro.

Ha desarrollado productos increíbles, dulces y salados, líquidos y sólidos, solo con los mejores ingredientes, solo con ingredientes mexicanos, y ha conseguido lo que nadie:

Presencia en los mejores festivales gastronómicos del mundo, reconocimientos de todo tipo, menciones en las guías culinarias más sofisticadas del planeta y una cadena de tiendas como no hay otra en América Latina.

Su labor es fundamental y tiene implicaciones culturales, económicas y sociales.

Este gran comunicador no está jugando, está promoviendo a México, está cambiando a la gente y yo le tengo que dar las gracias públicamente.

¿Por qué? Porque me contagia, porque me inspira, porque me devuelve la esperanza en la gente que hace televisión.

Ojalá hubiera más presentadores como él en este negocio. Nuestra televisión sería completamente diferente. Estaría llena de compromiso, estaría llena de amor.

Para saber quién es quién, hay que ver más allá de la tele, conocer a los protagonistas de esta industria y observarlos fuera de la pantalla.

José Ramón Castillo es un ejemplo para todos, un orgullo para México, un hombre al que vale la pena seguir. ¿A poco no?

http://twitter.com/AlvaroCueva

www.facebook.com/AlvaroCuevaTV

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