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Lunes , 23.07.2018 / 12:55 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

El error de Margarita Zavala

Álvaro Cueva

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La nota no es que Margarita Zavala haya renunciado como candidata a la Presidencia de la República. La nota es que lo hizo en Televisa.

Para eso hay instituciones, momentos, lugares, no programas de televisión.

No nos confundamos. Tan delicado es ir a renunciar a Las Estrellas como utilizar un noticiario para denunciar un robo, un secuestro o una violación o para acusar a alguien de lavado de dinero, de trata de personas o de corrupción.

Eso no se hace, es un atentado contra nuestras instituciones, le manda un mensaje delicadísimo al pueblo de México, un mensaje de confusión, de sumisión. ¡Es terrible!

No me quiero ni imaginar la cara de los señores del INE cuando se enteraron de esto, por los medios y las redes sociales, ni mucho menos cuando los compañeros de la prensa los empezaron a cuestionar.

¿Qué les iban a decir si nadie había ido oficialmente a presentar la renuncia?

¡Es una falta de respeto para el Instituto Nacional Electoral, para la democracia, para todos! No me lo trago. No me lo creo.

¿Por qué? Porque si alguien sabe de leyes y de procedimientos es Margarita Zavala. Ahí pasó algo. Ahí se acordó algo. Ahí se perdió algo más que una candidatura.

Esto no es la recta final de un reality show donde los participantes llegan a un programa de televisión, de corte promocional, y sorprenden a la opinión pública con la noticia de que ya se van.

Estas decisiones se meditan, se preparan, se negocian.

¿A qué me refiero con lo de se negocian? A que esta clase de anuncios no se dan de a gratis, se dan a cambio de algo. ¿De qué?

¿A usted no se le hace sospechoso que Margarita Zavala, la única mujer de la contienda, la primera gran candidata independiente de toda la historia de México, una señora culta, fina y preparada, haya podido faltar al segundo debate presidencial y no a su comparecencia en Tercer grado?

¿Por qué renunciar en esa emisión y no en el debate?

Si la justificación es su congruencia, despedirse ahí hubiera sido 200 mil veces más congruente y efectivo, hubiera desarmado a sus contendientes y hasta se hubiera podido haber aventado el discurso de su vida.

¿Ahora entiende cuando le digo que esto no me lo trago?

Antes nos quedaba claro que todos los candidatos tenían que pasar por Televisa en una clase de besamanos mediático, pero esto se sale de toda proporción y le da a Tercer grado un poder gigantesco, un poder que rivaliza contra el del mismísimo INE.

Por si esto no fuera lo suficientemente escandaloso, tenemos el tema de los grupos empresariales.

¿Sabe usted el problemón que es que la señora Zavala haya ido a renunciar al consorcio de Emilio Azcárraga?

Lo que se hace en estos casos es elegir un lugar neutro y convocar a todas las televisoras, radiodifusoras, periódicos y portales de internet con sede en México y hacer un anuncio abierto, un gran anuncio lleno de frases célebres, de momentos de gloria, de pretextos para irse con la frente en alto.

Ni Carlos Puig, ni Javier Alatorre, ni Ciro Gómez Leyva ni ningún conductor de ningún noticiario estelar de este país con dos micras de dignidad le va a decir a su público:

“Margarita Zavala renunció en Televisa. Váyanle cambiando para que no se pierdan los detalles”. ¡Es demencial!

E igual, ¿cómo espera Margarita que la traten fuera de Televisa después de esto?

¿Con cariño? ¿Con respeto? Pues nomás que todos vuelvan a nacer porque las pérdidas económicas, de audiencia y de influencia van a ser monumentales, y van a ser así de monumentales por su culpa.

¡Ni siquiera se presentó en La trituradora en MILENIO! ¿Se imagina lo que no le hubieran preguntado ahí?

Yo firmé para que Margarita Zavala estuviera en la boleta. No es ningún secreto. Lo hice público e incluso invité a otras personas a que lo hicieran.

Jamás estuve de acuerdo en que los otros candidatos, por venir de los poderosos partidos políticos, recibieran mucho más apoyo y presencia mediática que la señora.

E igual, jamás estuve de acuerdo con muchas cuestiones que contribuyeron a ubicar a Margarita en una posición peligrosamente baja en las encuestas.

Pero nada de eso justifica una renuncia a estas alturas de las campañas ni mucho menos una renuncia tan llena de errores que inevitablemente la van a perjudicar cuando le quiera dar continuidad a su carrera política.

Margarita Zavala es un gran elemento, una persona con muchas cualidades, experiencia y dominio de la materia.

Ella no merecía irse en un programa de televisión. Ahí está la nota y, por supuesto, en el éxito de Televisa.

Si con las comparecencias de Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade y Ricardo Anaya triunfaron como nadie, con la renuncia de Margarita Zavala Tercer grado adquirió la etiqueta de “momento histórico”, de algo que pasará a la posteridad y no precisamente en positivo para la democracia mexicana. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com

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