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Domingo , 23.09.2018 / 04:16 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

El capítulo de anoche de ‘Luis Miguel, la serie’

Álvaro Cueva

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Qué cosa tan más maravillosa el capítulo de anoche de Luis Miguel, la serie de Netflix.

No solo nos coloca rumbo al gran final de temporada, hacia el capítulo que se va a distribuir el próximo domingo, nos invita a hacernos la pregunta: ¿qué va a pasar después?

¿De qué vamos a hacer los domingos por la noche? ¿De qué vamos a platicar?

¿De dónde se van a nutrir los programas de espectáculos para tener algo qué comentar? ¿De quién van a ser los memes?

¿Cuál va a ser la estrellas que van a descubrir las nuevas generaciones?

¿De quién van a ser las canciones que vamos a descargar?

Alguien tiene que aprovechar lo que se creó con este fenómeno artístico y de popularidad porque ahí se construyó algo hermoso, sabroso e importante.

Y como Netflix no es un canal de televisión común y corriente que al final de una telenovela nos vaya a programar otra, no lo va a capitalizar.

Ellos van a seguir lanzando sus producciones originales, continuarán aventando de un jalón todos los capítulos de todas las series que puedan y volverán a sus estrenos en viernes, no en domingo.

Y yo no veo que Televisa, que Tv Azteca o que Imagen Televisión, habiendo tenido tiempo más que suficiente para reaccionar, estén por sacar algún proyecto dramatizado para los domingos por la noche.

¿Ya se dio cuenta de lo que va a pasar aquí? Nos vamos a quedar sin diversión hasta que se programe la temporada dos de Luis Miguel. Se va a perder una oportunidad de negocios.

Amé el capítulo 12 de Luis Miguel, la serie porque confirmó la vocación telenovelera del pueblo y de los creadores de México.

Fue muy emotivo, melodrama puro, chisme caliente pero, al mismo tiempo, fue un cúmulo de aportaciones, de material para gozar, dar y regalar.

¿Por qué fue emotivo? Por esos momentos de lágrima viva con la mamá del protagonista, por esos instantes en que el galán se derritió de amor por su vecina, por ese desenlace donde, ante los hechos, a todos se nos rompió el corazón un poco.

¿Por qué fue melodrama puro? Por ese choque entre lo positivo y lo negativo, entre ese Luis Miguel guapo, talentoso, bueno, visionario y pacífico, y ese Luisito Rey feo, mediocre, malo, pragmático y violento.

Por eso llevo semanas diciéndole que Luis Miguel, la serie es la telenovela perfecta. ¡Solo les faltó Laura Zapata!

Él es Remi, el niño abandonado que busca a su mamá con desesperación.

Y Luisito Rey es el villano de Pinocho, Strómboli, el malvado e insaciable titiritero capaz de cualquier cosa con tal de obtener fama, dinero y poder. ¿A poco no?

La próxima vez que usted se sienta muy de vanguardia por ser fan de esta serie, medítelo con frialdad.

La única diferencia entre las viejas telenovelas de Thalía y lo que Netflix nos está ofreciendo los domingos son ciertos valores de producción porque todo, en esencia, sigue siendo igual.

Ahí es donde entra lo del chisme caliente.

No es lo mismo haber visto ayer, en la tele, cuando se respetaba el horario familiar, a la chica de María Mercedes suspirando por su príncipe azul que verle hoy, en nuestro dispositivos, los pezones a Camila Sodi y las nalgas a Diego Boneta.

Sí es muy estimulante que un programa de televisión le dé armas a las multitudes para que se pongan a debatir si la actriz está fea, bonita, joven, vieja, si tiene las cosas en su lugar o si le cuelgan.

¡Y ni hablar de lo que sucede en el caso de los actores! ¿Cuándo le había visto usted a los galanes de la televisión mexicana lo que le ha visto en tantas ocasiones al señor Boneta?

Parece que no, pero es todo un tema. Si no fuera así, Luis Miguel, la serie no está en boca, tanto de la gente más fina e intelectual, como de la más víbora y superficial.

Aquí es donde tenemos que reconocer la parte de las aportaciones.

México está en deuda con este proyecto de personalidades como Mark Burnett, Pablo Cruz, Miguel Alemán, Luis Miguel, Carla González Vargas, Daniel Krauze, Óscar Jaenada y Diego Boneta que involucra a marcas como Netflix, MGM, Telemundo y Gato Grande.

Porque aunque no es perfecta, se mete con temas y con personajes que hasta el día de hoy están prohibidos en la televisión nacional.

¿O qué, acaso usted ha visto a muchas figuras paternas negativas en nuestras telenovelas?

¡Claro que no! Eso, aunque suene a censura de la España franquista, no se lo dejan hacer ni a los escritores de las narconovelas.

A la hora de los trancazos aquí todo se resuelve con el viejo truco de él no es tu verdadero padre.

Pero lo más admirable en Luis Miguel no es eso sino la estructura de los guiones donde lo importante no es tener los acontecimientos en orden sino sentirlos, vivirlos.

¿Y qué me dice de las actuaciones, de la dirección de escena, de las locaciones y de todo lo demás?

Luis Miguel, la serie es grande y cuando no esté, la vamos a extrañar. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com

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