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Martes , 20.11.2018 / 13:53 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

Cuando la prioridad es no triunfar

Álvaro Cueva

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Voy a hablar como suscriptor de Blim que paga religiosamente su mensualidad:

A mí nadie me invitó al concierto de despedida de Vicente Fernández en el Estadio Azteca ni nadie me avisó que lo podía ver en vivo a través de ese sistema de distribución de contenidos en línea (OTT).

Por tanto, no me consta que se hubieran estado regalando entradas, que se hubiera podido ver aquello en directo, ni nada de lo que se comentó en algunos espacios mediáticos.

Deje usted el tema de la prensa y de las relaciones públicas, creo que esto es un imperdonable error de comunicación hacia los suscriptores de esta marca.

Mientras que compañías como Netflix le avisan a sus clientes hasta por correo electrónico qué van a tener, de cuántos capítulos y a partir de qué día, con Blim hay que hacer magia para enterarse de las cosas.

Y ni hablemos de lo que sucede entre Netflix y la prensa porque entonces sí los señores de Blim van a necesitar varios años de terapia para superarlo.

Aquí hay un problema grande y grave que choca con las supuestas indicaciones que Emilio Azcárraga hizo al abrir esa compañía.

¿Me creería si le dijera que una selección con lo mejor de Vicente Fernández, un azteca en el Azteca está disponible en Blim como una exclusiva verdaderamente original y maravillosa para sus suscriptores?

Si usted no se mete a esa OTT a darle seguimiento a lo que ya está viendo o si no entra a buscar algo nuevo, ni se entera.

Era para que Televisa tuviera las calles de varias ciudades tapizadas con anuncios espectaculares, para que no paráramos de escuchar comentarios al respecto en sus producciones especializadas de radio, televisión e internet, para que sus revistas lo trajeran en portada.

La razón es muy simple: a menos que a algún vivo se le ocurra programar esto gratis en las próximas semanas en El Canal de las Estrellas, la despedida del gran Vicente Fernández sí representa una ventaja competitiva para Blim, un pretexto de lujo para que más gente se suscriba.

Porque, no nos hagamos tontos, la campaña publicitaria de este sistema de distribución de contenidos en línea es horrible:

Negra, con unos dibujitos como de campaña de salud de gobierno miserable, con unos textos dizque cómicos que nadie entiende y la frase, copiada de la película "Sexo, pudor y lágrimas": "Lo mío, lo mío es..."

Sí me molesta mucho esto y se lo tenía que comentar porque la traducción a OTT del evento de don Vicente es muy buena.

Le faltó algo parecido a una introducción y una despedida, pero las imágenes son bellísimas. El sonido, espectacular. Y uno sí siente cosas muy especiales cuando lo mira.

Qué mala onda lo que está pasando con Blim. Tiene todo para triunfar, pero tal parece que sus prioridades son otras. ¿O usted qué opina?

¡ABSURDO!

La vida me ha enseñado muchas cosas, entre ellas que lo que no está descompuesto no se debe mandar arreglar.

¿Por qué le estoy diciendo esto? Porque en este momento hay mucha gente arruinando lo poco que queda de bueno de la industria de la televisión mexicana cambiándolo, mejorándolo, actualizándolo.

En lugar de meterse con lo que está bien, las cabezas de este negocio se deberían meter con lo que está mal.

Lo que está bien hay que respetarlo, apoyarlo, darle continuidad exactamente como está sucediendo con La ciencia de lo absurdo en el canal NatGeo.

Como usted sabe, La ciencia de lo absurdo es uno de los mejores programas de los cables y las antenas directas al hogar que tenemos en México.

Es una combinación muy espectacular de show de videos bobos con proyecto de divulgación científica bajo la espléndida conducción de Alfonso Herrera.

¿Cuál es la idea? Que usted vea babosadas hipermorbosas, como el momento en que una chava se rompe el cuello tratando de atrapar el ramo que acaba de ser aventado por una novia en plena boda, solo que con una diferencia:

Toda la popularidad de esos videos, en lugar de utilizarse nada más para hacer reír a las audiencias, es usada para explicarle al público cosas muy profundas de física y matemáticas.

Resultado: la gente, cuando mira La ciencia de lo absurdo se carcajea como con el mejor programa de comedia que usted se pueda imaginar pero, además, aprende.

¿Cuál es la nota? Que la tercera temporada de esta joya se acaba de estrenar los lunes a las 22:00 con muchas repeticiones.

Y que los ejecutivos de NatGeo, en lugar de arruinarlo peleándose con el conductor, poniendo videos más escandalosos y modificando sus esquemas de producción, siguen haciendo lo mismo que han estado haciendo desde la temporada uno.

Por tanto, hay certeza y estabilidad, dos elementos fundamentales en la televisión de hoy y que, tristemente, están cada vez más escasos.

Si usted se quiere divertir y, de paso, se quiere superar, luche por ver La ciencia de los absurdo por NatGeo. Le va a encantar. De veras que sí.


@AlvaroCueva

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