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Miércoles , 18.07.2018 / 15:26 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

Crítica al inicio de la sexta temporada de 'Game of Thrones'

Álvaro Cueva

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Hablar de Game of Thrones es hablar de algo sagrado.

Cuidadito y alguien se atreva a hablar mal de este joya de HBO, porque inmediatamente aparecerán millones de fanáticos de todo el mundo para insultarlo, acusarlo de ser un idiota y, si es posible, despedazarlo.

Por eso le voy a pedir un favor: enfríe su cabeza. Por un momento haga un lado su devoción por esta serie y critiquemos lo que sucedió el domingo pasado.

¿Qué? El estreno mundial de la nueva temporada de ésta, una de las obras maestras más grandes de la televisión global.

¿Por qué, si afirmo que este título es una obra maestra, le pido que enfríe su cabeza?

Porque le tengo que decir algo que a lo mejor no le gusta, pero que es cierto: en ese primer capítulo de esa sexta temporada no pasó nada.

Quienes esperaban que sucediera algo espectacular con uno de los personajes más importantes de este concepto, que fue asesinado al final de la temporada cinco, se quedaron con las ganas.

Quienes estaban ansiosos por ver la venganza de la mujer a la que obligaron a caminar desnuda entre gritos e insultos en el capítulo anterior, no vieron nada.

Y así me la puedo pasar trama por trama de este complejísimo texto que cuenta la lucha por el trono de un montón de reinos de un universo fantástico perdido en el tiempo y el espacio.

¿Qué hubiera pasado si alguna otra serie hubiera regresado al aire y no le hubiera dicho nada?

¿Qué hubiera sucedido si alguna telenovela nacional le hubiera salido a usted con una puntada de esta naturaleza?

No finjamos, hubiera ardido Troya entre críticas de la prensa especializada y entre los ataques de las multitudes en las redes sociales.

¿Por qué a Game of Thrones se le perdona todo y casi al resto de la televisión, no?

Aquí es donde está la verdadera grandeza de este proyecto. Aquí es donde nos tenemos que detener a analizar, estudiar y celebrar.

Game of Thrones, como The Walking Dead, no es una serie de televisión que se pueda entender en términos convencionales. Es algo más.

¿Qué? Una conjunción de lenguajes que más que contar una historia, ofrece un sofisticado menú de personajes para crear lo más difícil que se puede crear en el espectáculo de hoy: una comunidad.

Game of Thrones es literatura, televisión, cine, novela gráfica, animación japonesa, deportes extremos, juego de roles y más, mucho más.

A usted le puede interesar un personaje, una familia, una casa real, un pueblo, a lo mejor varios personajes, de diferentes ciudades.

Y hoy están y mañana, no. Van a morir. Como en The Walking Dead, insisto.

¿Entonces, por qué amamos esta producción original de HBO? ¿Por qué siempre estamos ahí?

Porque nos sentimos parte de ella, porque entre sus personajes hay elementos con los que nos identificamos, porque podemos entender en todo ese horror de poder y sangre, el horror de poder y sangre en el que vivimos.

Game of Thrones le da sentido a nuestras vidas sin sentido.

Siempre es más gratificante sentir que somos ese niño, ese enano, esa ciega, esa viuda o ese manco, que todavía tienen esperanza, a ser lo que somos.

Hay algo en los personajes de esta propuesta parecido a la gallardía, a la dignidad, a la heroicidad. Hay algo que nos saca de nuestra miserable existencia y nos hace sentir mejores.

No sé para usted pero para mí fue muy emocionante vivir lo que viví el domingo pasado cuando HBO presentó este material en México exactamente a la misma hora en que estaba siendo presentado en Estados Unidos.

Fue como volver a mi infancia o a mi adolescencia cuando todo el país se paralizaba para ver el desenlace de una telenovela.

Por una hora, todo el mundo, no nada más México, estuvo unido para ver qué iba a pasar con esta serie, para comentarlo a través de las redes sociales. ¡Fue mágico! ¡Maravilloso!

Y como era de esperarse, a todo el planeta le encantó. Nadie le vio defectos. Nadie dijo nada negativo.

La razón es muy simple: no se trataba de que pasara algo, se trataba de volver a reunirse con un viejo amigo, con una vieja compañera, con Game of Thrones.

Quienes hemos visto esto desde el principio ya nos la sabemos y competimos para demostrar nuestra erudición, para hacer pública nuestra lealtad.

El ritmo de esta joya va de lo lento a lo vertiginoso. Los autores de esta obra primero plantean y luego resuelven. Por ahí del capítulo nueve nos vamos a poner a gritar.

Es parte del juego. Es parte del precio de pertenecer a esta comunidad.

¿Ahora entiende cuando le digo que hablar de Game of Thrones es hablar de algo sagrado?

Quién sabe qué vaya a pasar en las próximas semanas en esta propuesta tan grande, pero siempre será "bueno", siempre será un escándalo internacional.

Por lo que más quiera en la vida, luche con todas sus fuerzas por ser parte del fenómeno de Game of Thrones.

Búsquela, ámela, vívala. Es increíble. ¿A poco no?

@AlvaroCueva

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