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Lunes , 12.11.2018 / 12:36 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

Crítica al final de "House of Cards"

Álvaro Cueva

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Vamos a decirnos la verdad: el mundo está en deuda con House of Cards.

¿Por qué? Porque, objetivamente, esta serie cambió la historia del espectáculo internacional. ¿En qué sentido? En dos.

Primero, nos hizo voltear a Netflix. A lo mejor usted ya no se acuerda pero antes de House of Cards esta compañía solo se dedicaba a la distribución de contenidos en línea.

A mí me tocó defenderla en diferentes programas de radio y de televisión porque la gente se burlaba de ella.

La razón era muy simple: únicamente tenía títulos de Televisa, telenovelas viejas y cosas peores. House of Cards convirtió a Netflix en una casa productora de contenidos originales, le dio otra dimensión, la comenzó a llenar de grandes exclusivas, la hizo competir contra los grandes.

Y segundo, a pesar de que la historia de la televisión está llena de producciones de corte político, House of Cards catapultó esta clase de contenidos a un nivel nunca antes visto, al nivel premium.

Conclusión: el mundo conoció personajes y situaciones de una fuerza descomunal. Se abrió el debate, comenzó la polémica, la pasión, la adicción, el fanatismo.

Hay un antes y un después de House of Cards y si no me cree, lo invito a analizar lo que hemos hecho nada más en América Latina desde entonces.

Decenas de nuestras series y telenovelas han querido copiar esta propuesta. ¡Decenas! El resultado, por supuesto, no siempre ha sido el mejor.

Y ya que estamos siendo tan honestos, hay algo que también tenemos que reconocer: de un tiempo a la fecha, House of Cards se había estado viniendo abajo.

De haber sido la serie más emocionante del planeta, se fue desplomando hasta transformarse en algo aburrido, lento, sin gracia.

Lo siento pero así es. Seguramente usted, como yo, conoce personas que en algún punto de las últimas temporadas dejaron de ver esta serie.

Esto no sucedía antes. Era imposible soltarla. ¿Qué fue lo que sucedió aquí? La novatada. No es que House of Cards sea mala, es que fue la primera producción original de Netflix.

Sus responsables jamás previeron el éxito que iban a tener, la cantidad de años que iban a durar en el mercado y, por supuesto, no estructuraron como se debía.

Es más, ni siquiera son dueños absolutos de los derechos de esta obra. A usted le consta, sus primera temporadas se fueron a los cables y a las antenas directas al hogar y hasta se venden en DVD, lo cual es imperdonable en el contexto de los contenidos originales.

Bueno, pues todo esto, que ya iba mal, se puso peor con el escándalo que obligó a Netflix a despedir a Kevin Spacey, el protagonista de este título.

House of Cards sin Kevin Spacey es como Yo amo a Lucy sin Lucy, como Friends sin amigos, como The Walking Dead sin zombis. Es una aberración.

Me queda claro que Netflix tuvo que producir una última temporada de este concepto para cumplir con un montón de compromisos legales y comerciales porque lo más lógico hubiera sido, como se hace en todas partes, dejar aquello sin final o rematar con una película especial de dos horas, no con una temporada de ocho capítulos.

Está de más que le diga que la temporada de despedida de este proyecto es una experiencia complicada.

Por un lado, es aburridísima, está llena de lugares comunes, de soluciones como de telenovela de bajo presupuesto y no pasa nada medianamente interesante hasta el final del capítulo cuatro o cinco.

Pero, por el otro, es el final de una era, una suerte de advertencia para Netflix y para cualquier otra compañía que aspire a la producción de contenidos originales.

Este negocio se ha vuelto tan grande, caro y complicado que las diferencias que las multitudes encontraban entre él y lo que veían antes en HBO, Fox e incluso entre él y la televisión abierta privada nacional, están desapareciendo.

Tan buenas o tan malas para producir o para alargar una telenovela o un reality show son Televisa, Tv Azteca e Imagen Televisión como Netflix, HBO o quien sea.

Esta es la verdadera nota de la última temporada de House of Cards. En el arco dramático de sus 73 capítulos se esconden el nacimiento, la expansión, el estancamiento y la decadencia de algo que muchos idealizaron y que no es ni mejor ni peor que lo que existía antes. ¿O usted qué opina?



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