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Lunes , 17.12.2018 / 06:55 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

Crítica a "Perseguidos" (antes "El capo")

Álvaro Cueva

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Asco, eso es lo que siento cuando miro Perseguidos, la telenovela estelar de Imagen Televisión.

¿Por qué? Porque es tan mala, tan mala, pero tan mala, que lo que menos importa es que sea una narconovela.

¿Qué fue lo que sucedió ahí? Yo creo que lo mismo que pasó en Tv Azteca con Rosario Tijeras.

Como los más altos ejecutivos de nuestras grandes televisoras suelen ser unos malinchistas de primera, en lugar de escuchar las propuestas de los talentos mexicanos, le abrieron las puertas de par en par al primer extranjero que les tocó el timbre.

Y en lugar de cuestionar, de pedir consejo o, mínimo, de exigir una historia de calidad que los posicionara como la televisora que México esperaba, compraron espejitos.

Perseguidos es un refrito de El Capo, aquella portentosa serie colombiana que años atrás vimos en los cables y las antenas directas al hogar.

Y los responsables de esta nueva versión, en el peor estilo de la mayoría de los productores de Televisa, en lugar de respetar o de mejorar el proyecto original, lo empeoraron.

El Capo era increíble, porque se desarrollaba en Colombia en un momento muy específico de la historia de ese país.

Uno la veía y la creía, porque las situaciones estaban perfectamente bien justificadas, porque los personajes tenían una solidez extraordinaria y porque las actuaciones eran poco menos que perfectas.

Claro, era una narcoserie, una de las primeras que pudimos observar en territorio nacional, pero como era sobre un asunto lejano y no llegó al horario más importante de la televisión abierta nacional, no trascendió desde la perspectiva ideológica. La gozamos.

Perseguidos, a pesar de que tiene un reparto de puros inmensos actores del mejor cine, del mejor teatro y de la mejor televisión de este país, es una mugre.

A ojo de buen cubero, como que sus responsables no son mexicanos, como que no conocen nada de nuestras leyes o, peor aún, como que se creen mucho y dijeron ahora sí voy a hacer lo que se me dé mi regalada gana.

Y no solo comenzaron por meter en todos los parlamentos que pudieron la expresión El Capo, se burlaron de nuestro ejército y se atrevieron a poner chistes privados sobre la fuga de Joaquín El Chapo Guzmán en momentos clave de algunos episodios.

Si no me cree, busque ese bonito video del protagonista escapándose por un túnel colocado bajo la bañera de su casa que coincide con lo que Carlos Loret de Mola mostró en alguno de sus reportajes sobre el estilo de vida de don Joaquín.

¿Cuál era la idea? ¿Hacerle publicidad a El Chapo? ¿Demostrar su superioridad sobre las autoridades? ¿Divertirse a costa de nuestro gobierno?

¿Eso es chistoso? ¿Eso es lo que se debe mostrar en una telenovela?

¿Por qué lo hacen? ¿Porque El Chapo les pagó? ¿Porque el crimen organizado se los pidió? ¡No hagan cosas buenas que parezcan malas!

¿Pero sabe qué es lo más penoso de todo esto? Que tal y como le dije hace un rato, el resultado es tan patético que ni siquiera alcanza a cuajar como narconovela.

Sus doctas aportaciones entorpecen la acción, confunden a las audiencias y convierten algo que era lógico en estúpido, algo que era impresionante en convencional.

Aún así, me queda claro que estos señores tuvieron broncas con el gobierno.

Si no, ¿por qué le tuvieron que cambiar el título? ¿Por qué no abrieron con esta producción durante su primer día de transmisiones?

Ahora, si usted no me cree en el desastre que es Perseguidos, abra dos pantallas en su computadora, ponga en una esta narconovela y en la otra, el capítulo correspondiente de la narcoserie original disponible en dvd.

Se va querer morir de la vergüenza. La vieja, a pesar de haberse hecho con una tecnología inferior, es mucho mejor que el refrito.

¿Y qué me dice del tema de la identidad? Cuando usted mira Perseguidos, ¿siente que esté mirando una producción de una nueva cadena de televisión abierta privada nacional?

Yo veo ahí a tanta gente de Tv Azteca y Televisa que llega un momento en que siento que estoy viendo lo mismo que podría estar viendo en los canales de siempre.

O sea, gracias por el cambio, porque no se siente. No es real.

Y no, a otro perro con ese hueso de que el que la hace la paga y los mil avisos legales que aparecen antes de cada episodio.

Perseguidos, ubicada ahora en el México de hoy bajo expresiones de orgullo como somos libres de contar historias inteligentes, es un narcocontenido.

Quiero pensar que engañaron a las cabezas de Imagen Televisión, que les vieron la cara por inexpertos.

De lo contrario, aquí hay una bronca tan compleja que, o generó la espantosa guerra de narconovelas que estamos padeciendo en la televisión abierta nacional, o coincidió con algo que tiene a muchas instancias muy, pero muy enfrentadas.

¿O usted qué opina? ¿A usted sí le encanta Perseguidos?

alvaro.cueva@milenio.com

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