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Jueves , 21.06.2018 / 15:15 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

Crítica a "Amor de barrio"

Álvaro Cueva

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No me he perdido ni un capítulo de Amor de barrio, la nueva telenovela vespertina de El Canal de las Estrellas, y por más que lo he intentado, no le he encontrado el chiste.

¿Qué tiene esta historia de interesante? ¿Qué tiene de emocionante? ¿Qué tiene de espectacular?

Nada. La respuesta a todas estas preguntas es: nada.

Obviamente tiene rating y es un cañonazo de ventas porque Televisa le quitó media hora a los últimos capítulos de Muchacha italiana viene a casarse para obligar a su auditorio a chutársela y porque no tiene competencia.

Ni modo que el público del Canal 2 del Distrito Federal se vaya a ir al 13 o al 28. ¿A ver qué? ¿Otra telenovela mexicana de estreno? ¿Cuál? No hay. ¡Y ni quién lo critique! ¡Ni quién se sorprenda!

Antes, el solo hecho de que el consorcio de Emilio Azcárraga hubiera rebanado los episodios de Muchacha italiana viene a casarse hubiera sido un escándalo.

Escándalo porque es una estrategia que no se veía desde la década pasada. Escándalo porque representa una falta de respeto.

¡Escándalo porque manda un mensaje de profunda inseguridad hacia el producto que se está estrenando!

Hoy nadie dice nada. Al contrario, hasta se celebra que Amor de barrio sea un refrito de Muchacha de barrio y Paloma.

Perdón pero la idea de juntar varias telenovelas viejas para hacer una nueva es un chiste que se cuenta solo. ¡Es aberrante!

¿Por qué? Porque lo que le está diciendo a los espectadores es:

“Nosotros en Televisa sabemos que ninguna de estas historias es buena, que ninguna da para los televidentes del siglo XXI. Las juntamos para desquitar lo que pagamos por ellas y, de paso, para ver si es chicle y pega.

Y como esta triste gente se traga cualquier cosa que le transmitamos, y como toda la prensa especializada está de nuestro lado, ¡atásquense que no les queda de otra!

Cualquier parecido con otras circunstancias políticas y sociales del México de hoy es mera coincidencia.

¿Sí se da cuenta del abuso que hay aquí? Y no es solo para nosotros como consumidores de contenidos, es para los anunciantes y para el talento.

¿Usted cree que figuras como Queta Lavat, Juan Carlos Barreto y Cecilia Toussaint no podrían brillar más haciendo alguna otra cosa?

¿Usted cree que actrices tan valiosas como Julieta Rosen, Claudette Maillé y Montserrat Marañón no podrían hacer algo mucho más digno trabajando en otro proyecto?

¿Pero en cuál si no hay? Por eso hay tantos actores que se están yendo a Miami o a Colombia. Quedarse aquí es trabajar viejo, trabajar mal, y a las pruebas me remito.

¿Sabe usted quién es la gran protagonista de este proyecto? Renata Notni. ¡En su casa la conocen!

Renata no es, ni remotamente, lo que la grandiosa Ofelia Medina era cuando llegó a Paloma o lo que genial Ana Martín era cuando estelarizó Muchacha de barrio.

Y no es que la chava sea mala, es que nadie hizo nada por ella. A eso me refiero cuando le digo trabajar mal.

Si una casa productora va a lanzar a una chica nueva para protagonizar un melodrama, le arma una campaña de relaciones públicas tamaño monstruo con meses de anticipación y la convierte en la criatura más deseada del universo.

Televisa no hizo nada. ¡Pobre Renata! La mandaron a la guerra sin fusil.

No siento que esté viendo El Canal de las Estrellas. Siento que estoy viendo Cadenatres con otra Paulina Dávila, con otro Amor sin reserva. ¿Sí se acuerda?

Estoy preocupado porque esto ya no solo va por el lado del abaratamiento de la pantalla. Es soberbia pura.

Si algo necesita el gran público de este país son buenas telenovelas.

Tan las necesita que por eso hemos convertido a la política y el deporte en eso, en lo que las grandes cadenas de televisión nos han dejado de dar.

¡Hasta cuándo vamos a entender la importancia cultural de las telenovelas en México! ¡Hasta cuándo!

En el remoto caso de que usted no haya visto nada de Amor de barrio, ¿de qué trata? ¿Qué tiene de bueno?

Se la voy a resumir así: muchos personajes, con muchas historias, que viven, trabajan o se relacionan con el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Y eso va, desde una señora que fue a dar a la cárcel por un crimen que no cometió hasta, aunque usted no lo crea, el desabasto de agua en la capital del país.

Como la estrategia es: cada loco con su tema, hay personajes que brillan más que otros.

Yo, por ejemplo, creo que Mane de la Parra y Marisol del Olmo están haciendo un trabajo excepcional, y me quedo con dos o tres guiños de efectividad como la dirección de escena y el tema musical.

Pero son tantos personajes y tantos estilos literarios en un horario que no es para ese perfil de audiencia que, a menos que se aprieten tuercas y se comiencen a generar notas más allá de los típicos comentarios elogiosos a los inevitables altos ratings iniciales, ahí no va a pasar gran cosa. ¿O usted qué opina?

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