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Miércoles , 14.11.2018 / 09:44 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

Cambios en MILENIO Televisión

Álvaro Cueva

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Cambios en Televisa, cambios en Tv Azteca. Y justo cuando todo el mundo estaba harto de tantos cambios, que MILENIO Televisión nos sale con lo mismo. ¡Con cambios!

¿Cuál es la nota? La profunda inteligencia que hubo antes, durante y después de esta transición.

Nada qué ver con el desastre de Noticieros Televisa o con lo poco o mucho que hemos visto en otros lugares.

Los señores de MILENIO Televisión, en lugar de anunciar una "refundación", de presumir escenografías monumentales o de jurar y perjurar que estaban "listos" para un "cambio" histórico, fortalecieron lo que ya tenían.

¿Qué? Su marca, su gente.

¿Y? ¿Qué tiene esto de maravilloso? Que quien está bien no tiene que cambiar.

Que quien le ha sido fiel a su público y a su recurso humano desde su fundación no tiene que prometer nada ni tiene que traerse a nadie de ningún otro lugar.

En este país estamos acostumbrados no a los personajes, a las estrellas, y en el caso del periodismo televisivo, a unos divos que se sienten indispensables, que quieren brillar más que sus empresas.

En MILENIO Televisión la estrella siempre ha sido, es y será la marca.

Ese canal no depende de un conductor o de una conductora, depende de una serie de valores asociados con un nombre, con un logotipo.

Por eso el público se siente seguro cuando sintoniza esa pantalla, por eso las fuentes reaccionan como reaccionan ante esos micrófonos y por eso los anunciantes son los más felices cuando invierten en ese lugar.

MILENIO Televisión estaba bien. Desde el lunes pasado está mejor.

¿Qué es lo primero que destaca cuando analizamos los cambios en la programación de esta frecuencia?

Que ellos jamás anunciaron un cambio, anunciaron una nueva barra de noticiarios.

¿Y qué tiene esa nueva barra de noticiarios? Su legendaria filosofía periodística y una atinadísima selección de rostros.

En lugar de traicionarse o de jugar a inventar el hilo negro, MILENIO Televisión nos recordó su origen con frases como "hacemos lo que nos gusta" y "en esta pantalla sí pasan cosas".

En lugar de piratearse a alguien de su competencia o de traer talentos extranjeros, MILENIO Televisión creyó en su gente, la reacomodó, la proyectó.

Los conductores de los nuevos espacios de esa señal son los mismos periodistas que han estado ahí desde hace años solo que en más y mejores posiciones.

Tenemos desde el caso de Liliana Sosa, que inició su carrera en MILENIO, reporteando, convertida ahora en titular de su propio espacio diario hasta una participación mucho más interesante del director general editorial del canal.

Sí, de Carlos Marín, pero yendo más allá de lo que estábamos acostumbrados a verle, con una presencia más importante que termina por darle más sentido, más unidad periodística a toda la señal.

¿Y qué me dice de Carlos Puig? Su nuevo noticiario no se parece a ningún otro. Tiene una combinación de géneros periodísticos alucinante.

Azucena Uresti está haciendo un trabajo espléndido, valiente, audaz. Alejandro Domínguez es una revelación absoluta, una presencia que se agradece.

Héctor Zamarrón está llevando a las 23:00 contenidos que no eran los que normalmente se daban a esa hora.

Y en medio de todo esto, programas de deportes, tecnología, espectáculos y negocios siempre de corte periodístico.

Observe, por favor, la combinación de talentos, compare y analice los mensajes.

Estos señores tienen hombres y mujeres, jóvenes y maduros, están dando oportunidades y están consolidando.

Están mandando una señal muy fuerte de solidez y de trabajo en equipo porque a pesar de que cada conductor tiene su propio estilo, al final, lo que queda, es una sensación de unión, de grupo, de marca.

Me siento profundamente orgulloso de lo que vi el lunes pasado porque no fue una "revolución", fue la confirmación de una vocación periodística.

Adoré ver a Carlos Marín cuestionando rudo al Presidente, que lo sacara de sus casillas, que lo obligara a dar nota.

Aplaudí a Azucena Uresti cuando entrevistó, con esa fuerza, a un señor que, de niño, fue violado por un sacerdote.

Amé mirar a Carlos Puig, en mangas de camisa, mezclándose con la gente, en plena calle, para entrevistarla, para atenderla.

Ovacioné a Susana Moscatel cubriendo algo tan popular como el homenaje a Juan Gabriel en Bellas Artes después de haberse codeado con las más grandes estrellas de Hollywood.

Y ni le platico del orgasmo que tuve sintonizando Tragaluz, de lo que sentí al escuchar a Nicolás Alvarado ni de muchas otras cosas que gocé el lunes observando lo nuevo de MILENIO Televisión.

¿Ahora entiende cuando le digo que en esta transición hubo inteligencia?

alvaro.cueva@milenio.com

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