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Miércoles , 18.07.2018 / 11:15 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

Antes muertos que mexicanitos

Álvaro Cueva

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Hace mucho que no escribo del final de una telenovela, ni antes ni después de su transmisión.

¿Por qué? Porque hace años que dejaron de ser noticia y, perdón, pero yo no puedo fingir, como otros, que me excito con los besos de A que no me dejas o que La vecina cambió mi vida.

Prefiero darme un balazo antes que faltarle al respeto a usted y a la industria de la televisión mexicana.

Las cosas aquí están muy mal y no estoy hablando nada más de una televisora.

El problema es de todas y, por supuesto, también es nuestro, porque no nos quejamos y cuando nos encontramos con alguna propuesta medianamente original, en lugar de apoyarla, o la castigamos con "el látigo de nuestro desprecio" o la destrozamos tal y como pasó con Antes muerta que Lichita.

Se me cae la cara de vergüenza por la reacción de la mayoría de mis compañeros periodistas de espectáculos y por la de muchas personas en las redes sociales.

Antes muerta que Lichita es un producto lleno de virtudes y en lugar de reconocerlas, en lugar de estimularlas, se burlaron e insistieron en que esto era una "copia" de La fea más bella.

Pues yo no sé qué versión de La fea más bella vieron o cuántos capítulos completos de Antes muerta que Lichita se echaron, pero es como comparar a Star Wars con Encuentros cercanos del tercer tipo.

Nomás porque en las dos salen naves espaciales, pero nada qué ver.

Antes muerta que Lichita es una de las telenovelas más inteligentes, positivas y revolucionarias de todos los tiempos.

¿No se supone que la gente está cansada de historias de Cenicienta? ¿No se supone que lo que el público quiere son argumentos críticos y realistas?

Bueno, pues Antes muerta que Lichita es todo esto y más. Aquí tenemos a una protagonista que no solo no es una Cenicienta, pasa de verse como un monstruo a convertirse en un auténtico monstruo.

Tenemos una historia que pone en la mesa la doble moral de las familias y de las empresas mexicanas, que cuestiona la mojigatería y el fanatismo religioso, que reflexiona sobre la imposibilidad que tienen miles de expresidiarios de reincorporarse al mundo laboral.

¿Y quién ha reconocido esto? ¿Quién ha felicitado a Rosy Ocampo y a su magnífico equipo de producción por tener los pantalones para meterse con esto, y con mucho más, sin dejar de ofrecer un melodrama para todo público? ¡Quién!

Por si todo lo que le acabo de decir no fuera suficiente, nadie, en toda la historia de la televisión mexicana, ha producido más y mejores contenidos transmedia que Antes muerta que Lichita.

A usted le podrán gustar o no, porque ahora resulta que todo el mundo es experto en comunicación por internet, pero es un acontecimiento lo que esta telenovela generó.

Desde tutoriales para acercar a los adultos mayores a las redes sociales hasta videojuegos pasando por webnovelas, detrás de cámaras, blogs y producciones paralelas en una diversidad de tonos riquísima.

Se me hace una falta de respeto que nadie, ni siquiera en la misma Televisa, haya producido reportajes especiales que hayan dado cuando menos una nota, una, sobre esto.

Se me hace un error gravísimo que no conozcamos ni los nombres ni las caras de todos los que participaron en estos ejercicios, porque en cualquier otro lugar del mundo, incluyendo América Latina, serían héroes y aquí, no son nadie. No existen.

¿Con qué cara queremos que más ejecutivos apuesten por un cambio?

Nuestros productores tendrían que ser verdaderamente estúpidos para querer hacer algo más que refritos cuando la prensa y la opinión pública le niega el más mínimo reconocimiento a quien se le juega con historias originales.

¿Ahora entiende la gravedad de lo que está pasando aquí? ¡López-Dóriga tendría que tener a Maite Perroni en su noticiario esta noche!

Yo no sé si los enemigos de Rosy Ocampo presionan a los líderes de opinión para que la boicoteen o si mis colegas de la prensa "especializada" monitorean la televisión más allá de sus intereses o de los de sus respectivas empresas.

Pero si en este país existiera la justicia, usted y yo tendríamos que estar ovacionando a todas las personas que participaron en este proyecto.

¿Por qué le estoy escribiendo esto? Porque, como seguramente usted sabe, este fin de semana se va terminar, porque en contraste con decenas de telenovelas mediocres, aquí sí hay nota y porque me encantaría que usted sintonizara este desenlace.

No tengo ni la más remota idea de lo que vaya a suceder ahí (odio los finales dominicales), pero sea lo que sea, será mil veces preferible a las cochinadas que normalmente suceden en este tipo de transmisiones.

Por favor, deje de jugar al "no me gusta nada", eso no lo hace más fino, y atrévase a apoyar a los paisanos que están luchando por romper esquemas.

Seamos congruentes, seamos "Antes muertos que mexicanitos". ¿O usted qué opina?


alvaro.cueva@milenio.com

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