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Martes , 17.07.2018 / 10:33 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

Adiós a ‘Las malcriadas’

Álvaro Cueva

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Mañana a las 21:30 horas, por Azteca Uno, se va a transmitir el final de la telenovela Las malcriadas y yo le quiero suplicar que lo mire.

¿Por qué? Porque estamos ante uno de esos proyectos calladitos, calladitos, pero que con el paso de los años se terminan convirtiendo en emisiones de culto como en su momento sucedió con títulos como Toda una vida, La matraca y Viva el domingo.

¿En qué me baso para decirle esto? En que en Las malcriadas se esconden muchas de las claves de las telenovelas mexicanas del futuro.

¿Entonces por qué sus niveles de audiencia no son como los de los grandes clásicos de Tv Azteca? ¿Por qué no tenemos aquí un fenómeno social?

Porque Las malcriadas es una obra que se adelantó a su época, porque veníamos de la decepción monumental del “refrito” de Nada personal y porque, en la cúspide de la mala suerte, se estrenó un día antes del terremoto del 19 de septiembre.

Casi nadie la vio, casi nadie la quiso ver, casi nadie se involucró, casi nadie la entendió.

Pero no solo es buena, es buenísima.

¿Qué tiene Las malcriadas de maravilloso? ¿Cuáles son esas razones por las que me atrevo a decirle que se adelantó a su época?

Las malcriadas pertenece a un esquema narrativo que, a partir de los melodramas más populacheros de todos los tiempos, dice cosas importantes sin caer en la tentación de los narco contenidos.

Se lo voy a describir así: ¿de casualidad a usted le tocó comprar o leer la revista Alarma? ¿Se acuerda de su versión cinematográfica titulada Casos de alarma protagonizada por estrellas como Alma Delfina?

Alarma era una revista ciento por ciento sensacionalista pero entre escándalo y escándalo abordaba cuestiones fundamentales de salud, sexualidad y prevención del delito.

Las malcriadas es como Casos de alarma pero en televisión.

Aquí tuvimos todo el morbo de las “sirvientas” asesinas, de la prostitución, del alcoholismo, del tráfico de bebés, del incesto, de la trata de personas, de las cofradías sexuales, de la corrupción.

Y, lo más fascinante de todo, lo tuvimos partiendo siempre de un referente social, con el objetivo de hacer el bien. No por nada, atrás de esta producción de Joshua Mintz (La reina del sur) y Ana Celia Urquidi (Infames) está el respaldo de importantes fundaciones y servicios de apoyo a mujeres maltratadas.

¿Así van a ser las telenovelas del futuro? No exactamente así, como Cuna de lobos no fue idéntica a El ángel caído, su más claro antecedente.

Pero de la misma manera como Cuna de lobos no se puede explicar sin El ángel caído, mucho de lo que se haga en la televisora del Ajusco en los próximos años no se va a poder entender sin esto.

Tv Azteca tendría que ser muy tonta para no profundizar en este esquema después de haberlo inventado porque cualquier casa productora del mundo, comenzando por Televisa, hubiera sido la más feliz de haber sacado al mercado algo así.

Las malcriadas me recuerda mucho los temas y la estética de los legendarios videohomes que la gente más pobre de este país mataba por rentar o por poseer a finales de los años 80, a principios de los años 90.

Verla es como volver al origen, a ese origen, a ese estilo suculento mezcla de morbo, erotismo, humor, exageraciones y truculencias.

Por si esto no fuera suficiente, hay un montón de cuestiones aquí que vale la pena destacar.

La mayoría de las telenovelas mexicanas de hoy, por cuestiones presupuestales, tienen muy pocos personajes.

Las malcriadas tuvo “14 mil” y cada uno con una historia más espectacular que el otro.

Todavía no terminábamos de ver las aventuras de una chica cuando ya estábamos conociendo a otra, y a otra, y a otra. ¡Qué locura! ¡Qué dulce locura!

¿Y qué me dice del vestuario? ¿Usted no amó esos uniformes rosas en perfecto contraste con el atascadero de sangre y delitos que teníamos al aire?

Mención aparte para los actores. A Rebecca Jones le tenemos que colgar una medalla. Su interpretación estuvo a la altura de lo que la gran María Rubio hizo cuando le dio vida a Catalina Creel.

Dolores Heredia es una diosa. Sara Maldonado, una reina. Ivonne Montero, una maestra. Cynthia Rodríguez, la revelación de revelaciones. Juana Arias, una actriz de primera línea. Y Alejandra Ambrosi, lo máximo de lo máximo desde todas las perspectivas.

Y no le he mencionado ni a la décima parte de las actrices, ya no se diga de los actores, que pasaron por ahí. ¡Qué bárbaros! ¡Qué buen trabajo! ¡Sucio! ¡Hermoso! ¡Ardiente! ¡Chistoso! ¡Profundo!

¿Ya le quedó claro por qué amo este melodrama? Por favor véalo y aprécielo porque tal vez mañana alguien le robe tres o cuatro ideas y construya la obra maestra que México espera con ansiedad.

Y si no le tocó verlo desde el principio, no se apure. Las malcriadas está en Amazon Prime Video para que usted la goce a plenitud. Vale la pena. ¿O usted qué opina?

alvaro.cueva@milenio.com

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